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UN CASO DE ACOSO ORGANIZADO Y APARENTE CORRUPCION

Esta viene a ser la historia o descripción de un caso real (indagable y comprobable) de aparente hostigamiento o mobbing y uso ilícito de determinada tecnología, ante el cual algunos elementos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado desean imponer un delirio-paranoia sin interesarse lo más mínimo en su análisis, investigación y comprobación (lo cual sería posible sin duda alguna, de la misma forma que se analizan, investigan y comprueban otros delitos mas enrevesados, maquiavélicos o inverosímiles), limitándose a mostrarse malintencionadamente incrédulos ante las circunstancias y situación e incluso ordenando sumarísimamente una privación de libertad sin asistencia legal en forma de supuesta valoración, etc. Así, además de considerar los sucesos en sí mismos, se hace necesario plantear: ¿por qué unos supuestos profesionales con nómina funcionarial desean imponer sin más un inexistente delirio (al más puro estilo fascistoide del pasado) en vez de interesarse en consultar, aclarar, analizar, indagar y comprobar las reales y fácilmente analizables, indagables y comprobables circunstancias, lo cual es tanto su deber y cometido laboral como el derecho establecido de los ciudadanos?. ¿Es el procedimiento que querrían poder usar para intentar falsear y encubrir las situaciones comprometedoras que desearan?.

Al igual que en la mayoría de los campos de investigación, sólo cuando se conocen las formas de actividad e interactuación de los diferentes sistemas en proceso y las consecuencias de dicha actividad sobre los mismos haciendo públicas las experiencias en ese sentido, es posible preparar un mecanismo de actuación adecuado en pro de la defensa de los derechos individuales y colectivos.

Así, considero conveniente exponer la presente situación (además de haber realizado denuncia de la misma) por lo que de experiencia pudiera tener y sirva a su vez para seguir reivindicando la implantación en las instituciones de todos los medios necesarios para combatir todo tipo de hechos contrarios a los derechos y libertades fundamentales de las personas.

Se hace hincapié en la posibilidad de que quizás no todos los hechos que se citan tengan relación con el supuesto proceso de puteo, acoso, mobbing u hostigamiento practicado y se trate de meras casualidades aunque, debido al inusual transcurso y encadenamiento de los mismos, se considera que un elevado porcentaje de ellos pueden haberse llevado a cabo en relación al proceso que se describe. Solo se citan algunos de los sucesos por lo que no están todos los que son, pero posiblemente sí son todos los que están. En cualquier caso suficientes para dar buena idea de la situación.

A su vez se hace notar que en la práctica los sucesos evidentes constituyen una pequeña muestra conocida, visible, palpable, la punta del iceberg de un conjunto más extenso de acciones encubiertas relacionadas con la intencionalidad consciente de causa de perjuicio al objetivo.

Se entiende que puede tratarse de un posible proceso de hostigamiento orquestado o trama organizada de acoso a raiz de un mobbing y/o bossing laboral, según características que se indican en tratados sobre la materia y conceptos adoptados por el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales para definir estas situaciones, amén de otras acciones en contra de las normas o preceptos jurídicos que constituyen la Ley: Constitución, Derecho Penal, Derecho Laboral, ... En cualquier caso, cada uno podrá sacar conclusiones en función de los hechos y circunstancias que concurren.

En este caso, por la sucesión y encadenamiento de los mismos, se da por supuesta la existencia de una organización con cierta programación tanto en los actos en sí como en la sucesión temporal de los mismos, posiblemente con la pretendida intencionalidad de generar un "conflicto crónico" en el proceso convergente contra el objetivo. Estos procesos no suelen ser normales ni casuales, sino que persiguen fines planeados y organizados, en la mayoría de los casos encaminados a la causa de perjuicio, incluso con la posible intencionalidad de originar afecciones psicológicas o psíquicas (ansiedad, trastornos emocionales, comportamientos patológicos, manías persecutorias, trastornos paranoides, ...) o incluso, en casos extremos, obtener del individuo objetivo comportamientos violentos y/o suicidas.

HECHOS EN EL PRESENTE CASO

Se exponen a continuación parte de los hechos e indicios (en color azul), que en este caso concreto dan lugar a la consideración de la posibilidad de existencia de un proceso acosador más o menos grave, amén de otros posibles delitos como los ya citados, practicados con continuidad durante varios años con la supuesta intencionalidad de causa de perjuicio.

Entorno Laboral

Empresa 1 (1998/1999)

Me llamaron de esta empresa para invitarme a prestar mis servicios en ella. Prácticamente desde el inicio de la entrada en la misma, determinadas actitudes por parte de algunos de los directivos denotaban que no existiría una buena relación. Quizás, por diferentes motivos, como ocurre en otros muchos casos similares, por parte de algunos de los componentes de aquel grupo, yo era considerado un elemento nuevo no deseado. Ciertas actitudes de desconsideración o menosprecio, cierta instigación en mi contra y pretensión de crear un conveniente clima hostil para obtener la colaboración de otras personas en esas acciones mediante la práctica de comentarios jocosos en grupos, alusiones referentes a actitudes y aptitudes personales y profesionales así como trabas encaminadas a dificultar el trabajo en desarrollo, ... dejaban entrever la posición de aquellos respecto a mi incorporación y cometidos en la empresa.

Quedaba claro que las intenciones de tales directivos y en consecuencia sus actos asociados, no serían propicios para con mi estancia y labor en aquel lugar.

Se me encargó la ejecución de dos obras simultáneas correspondientes a reformas de adaptación de instalaciones y obra civil para un Organismo del Gobierno Autonómico correspondiente. Quizás por la posibilidad de pérdida económica respecto a la oferta o por ser yo el adjudicatario de la ejecución por parte de la empresa, aprecié que se deseaba por parte de cierto núcleo de personas que tales obras no llegaran a buen fin.

Inicialmente me causó al menos intriga la no existencia de copias de las ofertas presentadas por fabricantes o subcontratas, o borradores de elaboración de las ofertas realizadas con el fin de conocer el posible estado del presupuesto para la ejecución. Al ir solicitando presupuestos para las distintas unidades de obra, iba comprobando cierto desfase entre la oferta y los costes reales. En la elaboración del mismo, al parecer, habían participado varios directivos, algunos de los cuales fueron posteriormente parte activa del hostigamiento velado practicado. A fin de corregir ciertos aspectos del Proyecto de ejecución, fue necesario hacer un reformado al mismo. En éste, aumentaron considerablemente las actuaciones en partidas con cierto desfase inicial, para las cuales no se pudieron dar precios nuevos y se hubieron de mantener los ya aceptados con anterioridad por la propiedad.

Es posible que amparados en su posición de mando en la empresa, ciertos elementos intentaran manipular la situación a conveniencia para no involucrar y/o perjudicar su posición en la misma, comprometiendo al mismo tiempo la actuación de otras personas. También es probable, como suele ocurrir en muchos casos, que para salvar la cordialidad que pueda existir en las relaciones con clientes o entre socios o directivos en el seno de la empresa, se suelan buscar responsabilidades individuales concretas para evitar que se involucre a la entidad en su conjunto: se procura descargar faltas sobre el redentor de turno.

Mientras alguno de los directivos deseaba poner de manifiesto ante la propiedad los posibles desaciertos en el Proyecto para salvar por esa parte la responsabilidad de la empresa, otros posiblemente preferían que la responsabilidad recayera sobre el elemento asignado a la ejecución de las obras, quizás para mantener una buena relación con la Dirección de Obra y, en cualquier caso, con la Propiedad de cara a futuras posibles colaboraciones.

Durante la obra, el personal de las subcontratas adjudicadas a la misma (habituales de la empresa) fue trasladado en varias ocasiones, a petición de directivos de la empresa, a otras obras prioritarias sobre las obras que nos ocupan. Así, aunque notable en su labor, era insuficiente para cumplir los plazos previstos. A su vez, algunos de los pedidos que se hacían para estas obras, se destinaban a otras con el consiguiente retraso que ocasionaba el realizar nuevos pedidos. También podría ser significativo, o al menos curioso, que aunque fue solicitado en varias ocasiones, ni siquiera se me facilitó un teléfono móvil para hacer frente a las obras (situadas a 60 y 120 km) en mi labor de Delegado de las mismas para contactos con proveedores, subcontratas, etc: quizás no hubiera gran interés en su buen desarrollo. Y a su vez era patente la satisfacción y diversión de ciertos directivos ante circunstancias que de alguna forma incidían negativamente en el trabajo en desarrollo, así como su nula intención participativa y/o colaboradora.

Como curiosidad, algunos directivos parecieron contrariados ante la ampliación de plazo que, tras varios meses de ejecución, concedió el Organismo Oficial para el acabado de las obras. Quizás se deseara que no se acabaran en debida forma y/o plazo para ocultar algún tipo de desorden anterior en el que pudieran estar implicados. También se impuso durante el transcurso de las obras, al parecer por necesidades de la empresa, la formalización de pagos con plazos superiores al habitual, hecho que vino a ser un añadido más a la dificultad de encontrar subcontratas que se adaptaran al presupuesto. En vez de interesarse o promover los medios necesarios para el avance de la obra, solía ser motivo de comentario sarcástico el retraso en el desarrollo de la misma como si la culpa fuera exclusivamente del delegado asignado.

Quizás aquel grupo o clan de directivos íntimos no quisiera ver comprometida la actuación de alguno de sus miembros de cara a la jefatura de la empresa y a la relación con el cliente. Así, en casos de este tipo, ante ciertos eventos o circunstancias comprometedoras, es más que posible que se procure que el responsable aparente sea un elemento ajeno a ellos, lo cual puede conllevar como resultado la práctica del bossing/mobbing o acoso laboral para forzar las circunstancias del individuo frente al puesto y responsabilidades asignadas o bien intentar obtener de él ser un sumiso adjudicatario de las condiciones y características que aquellos puedan desear para el individuo en la misma: quizás ser un instrumento de uso a conveniencia en sus intenciones, deseos o tramas un cabeza de turco para las ocasiones.

Al parecer, tampoco agradó a ciertos directivos mi afinidad con determinada ideología (democrática): comprobé algún comentario y actitud de reprobación o rechazo al respecto.

A su vez, durante una temporada, mi posición de trabajo en la oficina fue designado a tiempo parcial a otra persona, por lo que me veía obligado a realizar mis tareas en otros puestos. Desconozco si se hizo con intencionalidad, pero también suele ser una acción característica de acoso laboral.

En cualquier caso, recibí la impresión de que la situación podía responder a las pautas típicas que acontecen cuando tras lo que pudiera considerarse una circunstancia compremetedora de algún o algunos directivos, pretenden desentenderse de la misma introduciendo a un tercero y haciéndole parecer como responsable de la situación. Así, se podría pretender hacer ver a otras personas (directivos, socios, clientes,...) que el posible deficiente resultado de la tarea en cuestión no sería debido a las circunstancias iniciales, sino exclusivamente a la labor del aparente responsable, lo cual, en un grupo organizado de trabajo, debería resultar difícil siempre que se dispusieran los medios necesarios y hubiera la involucración directiva debida. A su vez se apreciaban ciertas actitudes de rechazo que posiblemente perseguían generar desconfianza para fomentar el aislamiento de forma que se tienda a no buscar la colaboración o participación necesaria del entorno. Algunos de los directivos involucrados ya demostraban lo que había en aquel entorno con referencias hacia personal de la empresa como "ser un calimero", "ser un ayúdale a caminar", ... o en el sentido de "embrearle y emplumarle", etc. También se hablaba de Leymann: ya estaban versados en materias de mobbing o acoso laboral.

Otras acciones y actitudes concurrían, por lo que ante las circunstancias dadas, las posibles finalidades buscadas por aquellos directivos y la inevitable desconfianza que se había generado, opté por dejar la empresa (se trataba de un contrato temporal). Posiblemente era el objetivo deseado, pero en tales casos se puede concluir que no es posible desarrollar un trabajo con la necesaria confianza en tales condiciones, máxime cuando uno de los cometidos es aportar firmada como propia la responsabilidad de la empresa en el trabajo desarrollado ante los diversos organismos concurrentes.

Empresa 2 (1999/2000)

Tras dejar la anterior, fui contratado en esta otra por medio de un anuncio en prensa: el cometido sería Presupuestación y Calidad. Al parecer, directivos y otro personal de esta empresa tenían ciertas relaciones con los de la empresa anterior, incluso participaron conjuntamente en obras para determinados clientes comunes.

Desde el inicio quedó patente la antipatía hacia mi persona por parte de determinado personal, en especial del hasta entonces responsable de alguna de las tareas que se me encomendaron. Quizás motivo de celos profesionales, es posible que esa persona considerara como una intromisión la adjudicación de esa tarea a otro individuo. Así, procuraba crear condiciones de mal rollo laboral que posiblemente, en cierto modo, no dejaban de ser actitudes consentidas o toleradas por la dirección de la empresa debido a su situación de antigüedad o veteranía en la misma, como es habitual en muchos casos.

Se daban ciertas actitudes de aparente acoso laboral por esa parte, tales como el instigar comentarios jocosos en grupos, acometer disimulados gestos de menosprecio, intencionalidad de hacer el vacío o generar ambientes hostiles, críticas veladas al trabajo, instigación de otras personas en mi contra y en contra de mi labor, etc. A partir de cierto momento ciertos directivos me negaron el saludo: la situación parecía obvia.

Como simple ejemplo, entre otros muchos, del comportamiento o actitud, baste resaltar gesticulaciones de desconsideración (cortes de mangas, por ejemplo) que algún elemento del cuerpo directivo practicaba a mis espaldas o expresiones de similar intencionalidad (vete a tu tierra), claras muestras de su posicionamiento respecto a mi persona o cometido. Por su parte, la dirección, que debía poner los medios para evitar este tipo de situaciones, aún siendo consciente de lo que ocurría, no tomaba cartas en el asunto: quizás se pudiera considerar cierto grado de permisibilidad (máxime cuando a uno de ellos lo consideraba como un hijo, otro era pariente, ...: se trataba de un clan, una empresa familiar). Acercándome un dia a un despacho, en su interior un individuo le decía a otro "¡Ese!" haciendo referencia a mi persona y mostrando cierto desprecio; el interlocutor me miró con insidia a mi paso. Tales actitudes revelaban la instigación que se llevaba a cabo en ese entorno.

Estos comportamientos y expresiones genéricas de menosprecio por parte de determinadas personas, denotaban la calidad humana de los individuos componentes de aquel grupo, la actitud que demostraban y la intencionalidad hostigadora. Tales actitudes no suelen ser circunstanciales sino la muestra palpable del propósito principal: detrás de esos comportamientos siempre suele haber otras acciones con similar intencionalidad de puteo y sabotaje al objetivo. También había otras actitudes más propias de patio de colegio que de centro de trabajo. En una ocasión, alguien cercano a dirección me preguntó de pronto, sin venir a cuento en conversación alguna, si me vengaba y qué opinaba de la venganza; pensé que posiblemente habría relación entre esta pregunta y los sucesos que estaban ocurriendo en la empresa. En otra ocasión otro empleado me comentó también sin venir a cuento una historia de una persona que decía ver pelos en la sopa que no existían (parece que en relación a lo que allí acontecía); evidentemente yo no veía inexistentes pelos en la sopa, veía actitudes de personas allegadas al gerente como las alusiones y gesticulaciones que se comentan de con la evidente intencionalidad que conllevan.

A su vez, con mi entrada en esta empresa se prescindió de otro compañero que llevaba varios años en la misma. Incluso se me solicitó que fuera yo quien le comunicara el hecho, situación no muy correcta. Al parecer existían ciertas diferencias entre aquel y cierto personal y directivos de la empresa. No había firmado los certificados de inspección correspondientes a algunas instalaciones. En este sentido, varias instalaciones quedaban pendientes de firma de certificado cuando aquel dejó la empresa. Planteé la negativa a la firma de algunas de ellas por detalles que me pareció se debían modificar, actitud que posiblemente no gustó.

Por otra parte, en alguna ocasión encontré cambios en documentación que yo elaboraba. Como ejemplo, una palabra a escribir con "c" aparecía escrita con "cc", la cual se repetía en varios lugares del texto. Por lo que pude observar en documentos existentes, había alguien en la empresa que tenía tal costumbre en esa escritura (el cambio de c por cc en algunas palabras). ¿Podía ser el motivo que pareciera que esa documentación había sido elaborada por esa otra persona, por ejemplo? Nadie me indicó nada acerca del acceso a tales documentos y resulta evidente que no se puede estar revisando contínuamente la documentación que se elabora para comprobar si ésta ha sido o no alterada.

A su vez en ocasiones fallaban los periféricos cuando se necesitaba su uso por la urgencia de entrega de trabajos (planos,...), cuando hasta esos momentos críticos era correcto el funcionamiento de los mismos. Aunque podía no ser el caso, también suelen ser habituales sabotajes similares en este tipo de situaciones.

Resultó curioso un caso en una ocasión en el que, al parecer, varias personas estaban accediendo desde otro ordenador, por la red local, al ordenador con el que yo trabajaba. Se me ocurrió desconectarme de red varias veces. Acudieron a revisar el rack. Oí desde aquel lugar comentarios de extrañeza referentes a un funcionamiento anormal y a la posible existencia de algún virus. Nadie me comentó nada. Al dia siguiente una persona me preguntó si sabía desconectarme de la red local; cuando le contesté que sí, me instó a que le mostrara cómo se hacía lo cual hice en aquel momento. De inmediato acudió a hablar con los ocupantes del despacho desde donde se había practicado la conexión. Al cabo de un tiempo intenté hablar con esas personas para comentar con ellos el hecho. Uno de ellos era el practicante de los cortes de manga por la espalda y otras actitudes desconsiderativas; el otro, un directivo amigo del anterior relacionado familiarmente con la dirección. Me negaron los sucesos dándoles otra explicación lo cual, entendí, denotaba determinada intencionalidad que incitaba a la desconfianza.

Otro caso llamó mi atención: se iban a ejecutar unas instalaciones proyectadas por un compañero correspondientes a un garaje. La normativa de protección contra incendios aplicada en el proyecto ya no estaba en vigor en esos momentos por lo que se acordó recoger la actualización y adaptación de la instalación en la Dirección de Obra. Se vió la necesidad de colocar un material concreto diferente al que se indicaba en el proyecto original. Convinimos con la persona de la empresa encargada de ejecutar las instalaciones en la necesidad de ese cambio para la adecuación a la normativa vigente. Desatendiendo a las indicaciones dadas al respecto, el material fue colocado según figuraba en proyecto original. Al parecer se comentó posteriormente el hecho como un malentendido entre el compañero autor del proyecto y yo. En cualquier caso no tuve conocimiento del desarrollo y estado de la ejecución de las instalaciones hasta que al final de las mismas me fue solicitada la firma del certificado de inspección correspondiente, a lo cual me negué. Posiblemente este tipo de posturas no condescendientes también fueran motivo principal o añadido de la situación hostigadora concurrente. A su vez, otras actitudes y rumores intencionados se habían propagado desde aquel núcleo de personas con la intención de crear rechazo social en aquel colectivo hacia mi persona y actividad.

Por otra parte, al parecer, cierto acoso laboral había ocurrido anteriormente con otras personas que también habían prestado sus servicios en esta empresa. Tampoco en ésta era una práctica nueva ni casual. La dirección aún sabiendo lo que ocurría no tomaba cartas en el asunto, eludiendo su responsabilidad al respecto.

Se concluye indicando que en la mayoría de los casos, tras la parte visible de estos procesos de mobbing siempre se esconde una trama mayor de la que se percibe basada fundamentalmente en el ánimo de desprestigio, sabotaje y perjuicio. La parte visible puede ser un corte de mangas o un "vete a tu tierra" o la negación del saludo, pero se sabe que los autores no se quedan ahí: esa parte visible generalmente es la punta del iceberg de la situación real.

En vista de las situaciones originadas y circunstancias creadas, había decidido mi marcha de la empresa coincidiendo con el final del contrato temporal que tenía en ella, lo cual comuniqué: no se podía ejecutar la tarea encomendada cuando no se podía tener la necesaria confianza en el personal de la empresa y, en particular, en los directivos de la misma, máxime cuando una de las tareas implica la responsabilidad de aportar la firma propia ante Organismos Oficiales para la aprobación de los trabajos realizados, lo cual podría derivar en responsabilidad administrativa y/o penal.

Cuando comuniqué mi decisión a dirección, no hubo extrañeza; posiblemente era una reacción deseada y esperada, pero, obviamente, si no se puede desarrollar un trabajo en las debidas condiciones, se ha de dejar el mismo.

Empresa 3 (2001)

Tras mi paso por la anterior, me invitaron a solicitar la entrada en esta empresa. Mi cometido sería elaborar una base de presupuestación, presupuestar y ejecutar instalaciones de protección contra incendios además de otras eléctricas que realizaba la empresa. Al parecer, directivos de ésta también conocían y tenían determinadas relaciones con directivos de las anteriores: había participación conjunta en obras y en trabajos para clientes comunes.

Para realizar y facilitar la labor de presupuestación, al no haber en la empresa programa informático que realizara tal función, elaboré con interés -fuera del horario laboral- una hoja de cálculo que hacía las funciones de base de tiempos y base de precios de material, con el fin de realizar el cálculo automatizado e inmediato de los costes de las distintas unidades de obra. Solicité del jefe su revisión, pero no llegó a ser revisada o, al menos, no hizo comentarios al respecto. En cambio, me pidió su elaboración en forma manual, por escrito. Me pareció más cómodo y prudente continuar con la tarea tal como la estaba realizando por la facilidad a la hora de realizar modificaciones o adaptaciones posteriores y la posibilidad de impresión de resultados. Me extrañó el absurdo de aquella solicitud y la no revisión o falta de interés por parte del jefe, aunque intenté no darle mayor importancia: en cualquier caso, éste sí revisaba las ofertas de interés antes de su entrega al cliente.

También puede ser curioso que el/los jefe/s no muestre/n interés sobre el trabajo a desarrollar: qué medios se hacen necesarios, como se puede plantear el mejor desarrollo del mismo, aplicación de la experiencia de la empresa a los trabajos a acometer, cómo va la ejecución, etc. En ninguna de estas tres empresas hubo interés aparente en aspectos tales. En algunas ocasiones aprecié por parte de alguno de los directivos ciertas actitudes desconsiderativas, aunque también se puede pensar que hubiera podido tratarse de apreciaciones erróneas motivadas por las circunstancias.

Por otro lado, ciertos comentarios por parte de uno de los directivos, socio de la empresa, me indicaron que podía estar ante una continuación de los hechos acaecidos en entornos anteriores. Alusiones como "chupa moro chupa", "moramen", "mejor fuera que dentro",... fueron practicadas por este individuo. Se trataba de comentarios no incluidos en conversación directa alguna: las dejaba caer, aisladas, a su paso en la proximidad al puesto de trabajo, lo cual señalaba la intencionalidad de tales indirectas. Por ejemplo, una de ellas se practicó con este sujeto frente al puesto, a cierta distancia, llevándose la mano a los genitales y pasándose la lengua lentamente por los labios, me pareció que con obvia prepotencia y ánimo provocador. Algunas de esas gesticulaciones se habían dado también en la empresa anterior. Es lógico suponer que tras esas actitudes habría otras acciones veladas así como determinados propósitos.

Tales acciones suelen llevar implícita la voluntad de humillar, minar, socavar la voluntad del individuo, con el añadido de la dificultad demostrativa de la intencionalidad. En la misma epoca, asimismo se daban situaciones similares en referencia a las alusiones o comentarios aislados; por ejemplo al restaurante donde comíamos iba un tio que sentándose solo en la barra decía en voz alta comentarios aislados, comentarios que por coincidencia con otros ya oídos, entendía que podían ser referidas a mi persona: por ejemplo la alusión "moro" se repitió en varias ocasiones. Igualmente en la empresa anterior, asimismo en el restaurante a la hora de comer, en alguna ocasión ciertas personas (al parecer empleados de una empresa relacionada con uno de los involucrados, en trabajos conjuntos con una de las empresas referenciadas) también practicaban algunas alusiones veladas (suele ser práctica habitual), lo cual da idea de la extensión que se pretendía para el "conflicto" en cuestión.

Por supuesto, se reconoce que no todos los casos lleven asociado el mismo propósito: dadas las circunstancias, es normal que muchas veces se consideren relacionados sucesos que nada tengan que ver con el aparente proceso acosador. Incluso ese suele ser también uno de los fines: generar cierta psicosis o paranoia de forma que el objetivo considere relacionadas muchas situaciones casuales y se incremente así el proceso acosador.

A su vez, también era notoria la práctica de ciertas gesticulaciones realizadas con supuesta intencionalidad, posiblemente con el mismo propósito que con el pretendido con las expresiones aisladas. Como curiosidad, por ejemplo, de alguna de las actitudes, comentar que en un determinado momento de una reunión con el jefe de una subcontrata habitual de la empresa, mientras yo realizaba algunos comentarios éste practicaba una ostensible, enérgica e intencionada agitación manual continuada de los genitales, típica situación de prepotencia y desafío. Tal gesticulación se repitió con intencionalidad manifiesta en ocasiones diversas con autores diferentes, incluso en otros entornos, lo cual podía denotar cierta instigación y consignas establecidas al respecto. Se puede entender como acción modal sustitutiva de alocución verbal.

Quizás, además, con la intencionalidad asociada en este tipo de situaciones de desear generar en el individuo una predisposición a considerar como alusiones o indirectas referidas a él otros comentarios aislados o gesticulaciones que se produjeran en el entorno, intentando con ello que se genere una determinada psicosis.

Aunque quizás no incida directamente en la situación de acoso (¿o si?), se comenta un ejemplo de situaciones curiosas que suelen ocurrir en empresas: se hubo de instalar un grupo de presión contra incendios en un local de una nave con cota inferior al suelo exterior, con depósito de fibra para reseva de agua; la acometida hubo de traerse desde el exterior de la parcela, a unos 20 m, para lo cual se abrió la correspondiente zanja; al destaparse la canalización general de fibrocemento se produjeron dos fisuras longitudinales de un metro aproximadamente y cuya anchura sería de 1 o 2 mm. Obviamente, el agua a presión que salía por las fisuras discurrió por la zanja abierta hasta el local donde se ubicaban el grupo y el depósito de agua; el hueco por donde entraba fue taponado en lo posible. Se me avisó de la incidencia. Cuando acudí observé que el depósito se había elevado un poco por un lateral estando desencajado de su ubicación original (inicialmente unos 30 o 40 cm de depósito estaban encajados en la solera, separado de ésta por una plancha de poliestireno, por haberse hormigonado posteriormente a su colocación); por sí solo pesaba unos 300 Kg y tenía atornillada la tubería de aspiración del grupo que a su vez estaba fijada a éste, cuyo peso era muy superior al de aquel, con lo que el agua no sólo habría de levantar el depósito sino también el grupo de presión contraincendios en sí mismo (compuesto por pesados motores, válvulas, tuberías y perfiles metálicos), que también aparecía izado varios centímetros en ese lateral. Se me dijo que el agua había provocado tal daño ... pero ni una pequeña riada podría haberlo hecho y mucho menos el 'arroyuelo' que discurriría por la zanja procedente de las fisuras de la tubería. Obviamente ni el posible empuje del agua ni un posible efecto flotador fueron causantes del estropicio. A todas luces aparentaba ser un sabotaje y así lo comuniqué. ¿Se pretendía quizás aumentar las horas de trabajo de la subcontrata habitual de la empresa?; ¿pretendería ser la gracia que sirve para reirse el resto del año?. Aunque no fuera el caso, muchas veces es común que se contraten los tajos por horas a las subcontratas habituales: el beneficio es seguro para éstas y el riesgo sólo incide en la empresa contratante; es de sobra conocido que hacer, deshacer y rehacer puede ser un muy buen negocio para las subcontratas a costa del beneficio de la empresa princiindex. Puede no ser el caso, pero estas situaciones suelen entrar dentro de lo que algunos consideran picaresca para levantarse unos beneficios extras.

Entorno Residencial

Al margen de los sucesos ocurridos en esas empresas, otros sucedían paralelamente a los mismos y en aparente relación con ellos.

En estos entornos, la sucesión de determinadas pautas de hostigamiento era coincidente con el tiempo de prestación de servicios en las empresas de referencia y en aparente relación con éstas. Posiblemente, la instigación en aquellas llegaba a estos entornos mediante personas de los mismos relacionadas con aquellas, probablemente instigados para la causa común por personas de los entornos anteriores.

Quizás el hostigamiento se convirtió en consigna para un determinado grupo de individuos relacionados entre sí y con ciertos intereses comunes o comandados por un interés particular. Es posible que se pudiera pretender que las acciones que se llevaban a cabo fueran actos de castigo hacia el objetivo con los que se deseara un vapuleo psicológico o moral: quien no está con ellos está contra ellos, convirtiéndose en objetivo de acciones de acoso en su contra (sabotaje, vilipendios desprestigiadores, hostigamiento psicológico, ...).

Es de uso o costumbre habitual en casos de este tipo la práctica de rumores intencionados contra el objetivo intentando dirigir y manipular convenientemente su imagen mediante la crítica apropiada, intentando hacer participar al entorno en el proceso contra la víctima: las acciones hostigadoras siempre se suelen acompañar de los convenientes rumores vilipendiadores.

Habitualmente, acciones deliberadas en este sentido suelen perseguir el descrédito y perjuicio intencionado hacia el objetivo: la creación de un entorno hostil crónico, continuado, en contra de la persona con la finalidad, entre otras, de generar un conveniente aislamiento social e intentar forzar la exclusión de ésta del colectivo.

Ciertas gesticulaciones, quizás en la mayor parte de los casos con ánimo o intencionalidad de vejación y menosprecio, también eran practicadas por determinadas personas de este entorno. Como ya se ha comentado, uno de tales consistía en un enérgico manoseo o agitación genital, al parecer con propósito inducido. Entre los varios casos, un ejemplo curioso y quizás relevante: en una ocasión en que me aproximaba con el vehículo a una marquesina de parada de autobús en la zona de residencia, al verme salió de ésta un individuo que, colocándose en un lateral de la misma de frente a la dirección en la que me aproximaba, comenzó a practicar con obvia intencionalidad y arrogancia la consabida gesticulación. Consideré la posibilidad de que se tratara de un repentino ataque de ladillas aunque más bien entendí que aquella gesticulación tenía dierta intencionalidad.

A modo de ejemplo, se puede indicar que en los medios de comunicación se hizo público un juicio por vejaciones en el que los acusados entraban a la sala en actitud arrogante, sonriendo y manoseándose las pelotas a su paso frente al demandante. También otro caso en el que un vecino grababa operaciones de trapicheo en el barrio: al verse sorprendidos, también gesticulaban en la misma forma en actitud desafiante hacia la cámara.

Había otros sucesos más graves con la misma supuesta intención hostigadora. Por ejemplo, desde una de las viviendas inmediatas en un domicilio se realizaba diariamente durante unos instantes un golpeo o serie de golpes cadenciales continuados sobre paramentos, en horario comprendido entre las 6,30 y las 8,30 de la mañana. A pesar de ser notificados y ser solicitado el cese de su actitud a los supuestos responsables, continuaron con la misma durante un prolongado periodo, negando que fueran los causantes de los mismos. La característica más significativa de este golpeo era que tras iniciarse la secuencia de golpes, cesaban los mismos repentinamente en el momento en que yo realizaba algún movimiento en la cama, por lo que me incliné a pensar en el posible uso de algún tipo de medios de captación de movimiento y la total premeditación de los hechos. Entre tales medios podrían considerarse los radares específicos que detectan movimientos a través de paredes, detectores de microondas mas o menos sofisticados que cubren volúmenes no confinados pudiendo atravesar paredes, equipos del tipo backscatter basados en la tecnología de los rayos-x, equipos tipo georadares o similares. Incluso se comercializa un perro guardián electrónico, que es un detector de movimiento a través de paramentos que emite una grabación de ladridos desde el interior de la vivienda al detectar movimiento en el exterior de la misma. En este sentido, se confirmaría la posible grave intencionalidad y objetivo pretendido con el conjunto de acciones en curso, como podría ser el posible intento de afectación del equilibrio psíquico y/o psicológico. Resultaba curioso comprobar prácticamente a diario cómo tras haber despertado a consecuencia del golpeo, cesaba éste justo al primer movimiento que yo hacía en la cama. Ante tal ''curiosa casualidad'' quise comprobar la hipótesis: así, realizaba algún movimiento en el mismo momento en que los golpes me despertaban o al cabo de unos instantes y siempre concidía el cese del golpeo al primer movimiento que hacía. De esta forma, día tras día fuí descartando la casualidad y certificando la intencionalidad de esos sucesos puesto que siempre coincidía el cese del golpeo con el primer movimiento que realizaba tras despertar por el mismo.

También se produjo alguna vez un golpeo nocturno en las paredes de la vivienda unifamiliar en alguna ocasión, para lo cual debían asaltar la parcela vallada. Era más que aparente la relación entre los golpeos en ámbos lugares máxime al comprobarse similar cadencia y otras particularidades análogas en ambos casos.

Asimismo me desaparecieron del domicilio ciertas notas respecto a los sucesos que se denunciaban y algunos documentos relacionados con la denuncia presentada ante las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

Considerando la alarmante situación que se estaba produciendo y la magnitud de la misma, se podía confirmar la grave intencionalidad del supuesto proceso acosador y los posibles fines deseados.

Tampoco se supone producto de la casualidad el que justo al dia siguiente de haber presentado la oportuna denuncia sobre la situación ante la Policía Nacional los autores del golpeo cesaran en su actitud, que hasta ese momento se practicaba casi a diario, aunque la retomaron nuevamente al cabo de un tiempo.

A su vez, ocurrían otras situaciones de hostigamiento como la siguiente: por aquel entonces hube de acudir a un entierro, oficiado en el exterior de la iglesia. Un grupo de cuatro o cinco personas que llegaron juntas se colocó detrás de mí, situándose uno de ellos a mi lado. Mientras los del grupo a mis espaldas hacían comentarios que entendí referidos a mi persona, el que se situó a mi lado me miraba con insistencia sonriendo, quizás para confirmarme que debía darme por aludido. Me pareció reconocer a ese individuo como un agente de la benemérita (conocido en la zona por engreído macarrilla), posiblemente colaborador con los instigadores de la situación.

También ocurrían otros sucesos, casuales o no, en los que se repetían hechos, episodios o escenas exactamente iguales a otras que ya habían ocurrido anteriormente, en los mismos lugares y con los mismos protagonistas, las cuales normalmente no se considerarían habituales, rutinarias o fruto del azar. Como ejemplo, de entre otros casos similares que sucedieron: en dos ocasiones en sendas visitas a un hospital, alejadas en el tiempo, al salir observé en ambas ocasiones al mismo individuo en la puerta de salida, en la misma posición, hablando por un móvil; ya en la calle, dos jóvenes (creí recordar que eran las mismas en ambos casos) en el mismo lugar caminando en mi dirección, una de ellas hablando por un móvil y ya en el aparcamiento, desde la misma zona alta, un mismo joven con un objeto en la mano que parecía ser una cámara de video, al parecer grabando la zona. Aunque puede tratarse de una casualidad, al menos resulta curioso y llama la atención la coincidencia de sucesos en esas ocasiones teniendo en cuenta la ocasionalidad de las mismas: en dos visitas esporádicas, separadas por un determinado periodo de tiempo, es muy curioso que se repitan idénticas circunstancias.

A su vez, se dieron otros sucesos en forma de seguimientos. Como ejemplo, entre otros: en dos ocasiones, al menos, fui seguido por una misma persona con un mismo vehículo desde una zona próxima al domicilio hasta una caja de ahorros ubicada en las afueras de la ciudad. En la primera ocasión el individuo aparcó el vehículo detrás del mio, salió detrás de mi y entró en la sucursal junto a mi por la puerta de seguridad. Pidió cambios y salió. En una segunda ocasión, alejada en el tiempo, se repitió el seguimiento aparcando el individuo nuevamente su vehículo detrás del mio; esta vez, antes de salir del coche esperé un momento para observar su reacción: salió de su vehículo sólo cuando yo lo hice, no antes, y nuevamente fue detrás de mi hasta la sucursal. En esta segunda ocasión fuimos requeridos a dejar los objetos metálicos en las cajas de seguridad; mientras yo lo hacía, el individuo esperaba en la puerta: le insté a que entrara sin esperarme. Como en la vez anterior, una vez dentro pidió cambios y abandonó el establecimiento.

Sucedieron otros hechos de forma o contenido similar a los que se citan, los cuales fueron puestos periódicamente en conocimiento de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Tras varios años de anormales acontecimientos se comenta, a modo de ejemplo, alguna muy curiosa coincidencia más:

Diciembre 2004. Tras una temporada en que nuevamente había cesado el golpeo comentado tras haber contactado una vez más con las FSE, un dia se acomete de nuevo repentinamente. También cesa al moverme en la cama. Casualidad que ese dia tenía que acudir a una entrevista. Había concertado la cita dias antes por teléfono desde el domicilio. No se reproduce el golpeo en dias posteriores. Marzo 2005. Desde la ocasión anterior, este dia vuelve a producirse el golpeo: una primera tanda a las 6,30 h de la mañana y otra posterior a las 9,30 h. Este dia también hube de acudir a otra entrevista. También había concertado la cita por teléfono desde el domicilio dias antes. Tampoco se reproduce el golpeo en dias posteriores. En otras ocasiones, se produce la misma coincidencia con otras citas (médico, ...) también concertadas telefónicamente y también sin que hubiera habido golpeo antes o después de esos dias concretos.

Puestos en las fechas que se indican y considerando la intencionalidad del proceso, habrían transcurrido ya más de 6 años desde el inicio de acciones, posiblemente encaminadas a la consecución del fin del supuesto proceso acosador.

POSIBLE USO ILICITO DE DETERMINADA TECNOLOGIA

Hechos comentados con anterioridad señalan el aparente uso de algún tipo de elemento de captación o detección de movimiento sobre el domicilio desde una de las viviendas limítrofes. Desde un piso colindante se producían por la mañana (entre las 6,30 y las 8,30) una serie de golpes sobre paramentos, con una cierta cadencia, de forma reiterada y aparentemente intencionada. Se comprobó que en la mayoría de los casos tales golpes cesaban cuando, bien al momento de despertar por los mismos o bien al cabo de unos instantes, era realizado algún movimiento en la cama, lo cual denotaba el posible uso de artificios de captación de movimientos a través de paramentos como radares específicos, detectores de microondas, captación tipo backscatter u otros similares (habría varias posibilidades). En su caso, ante la evidente posibilidad de uso de medios de este tipo, también se sospecha de otros más comunes y habitualmente asociados a éstos, como escuchas, etc, no siendo normal el uso de tales medios sino en individuos con cierta especialización en la materia dedicados a la seguridad o al latrocinio.

Incluso, aparentes indicios de posibilidad de interceptación de comunicaciones telefónicas: en alguna ocasión coincidió cuando realizaba llamadas telefónicas a otro domicilio, el funcionamiento simultáneo de un timbre telefónico en el mismo piso limítrofe desde donde se producía el golpeo, comenzando a sonar al mismo tiempo y sonando al unísono con los tonos de espera que yo recibía en el auricular telefónico propio. A su vez, como se ha comentado con anterioridad, en algunos periodos en que había cesado el frecuente golpeo reiterado que se practicaba a tempranas horas de la mañana, se dió la casualidad de producirse éste determinados dias concretos en que había de acudir a citas que había concertado previamente por teléfono desde el domicilio.

Cuando se conoce la existencia de variedad de medios al efecto, en buena lógica y bajo la duda razonable se puede sospechar y achacar este tipo de sucesos a los mismos. Ahora bien, también puede ocurrir que conociéndose la existencia de los mismos y bajo la sugestión de los incidentes y del proceso en curso, la alarma pueda ser desmesurada en caso de acontecimientos extraños, achacando sucesos circunstanciales y casuales al posible uso de tecnología de tal clase. Ante la duda y la más que aparente posibilidad, ponía los sucesos en conocimiento de las FSE: es lo que se debe hacer en cualquier caso.

Además de las propias consecuencias de las acciones en sí mismas, podría desearse la generación intencionada de pautas, condiciones o acciones que los instigadores consideraran que pudieran crear cierta psicosis, paranoias, obsesiones, coacción u otras anomalías o alteraciones en el estado anímico del individuo, producto de las cuales éste se sintiera vigilado, espiado, controlado, acosado con continuidad, ... con las consecuencias que un estado permanente de estas características pudiera provocar en su salud psicológica, psíquica y física en consecuencia, o intentar achacar los acontecimientos a circunstancias de tal tipo, es decir, pretender que fueran alucinaciones resultado de trastornos similares.

ACTUACIONES DE LAS FUERZAS Y CUERPOS DE SEGURIDAD AL RESPECTO

Con el transcurrir de los hechos, se confirmaba la posibilidad de tratarse de un acoso organizado en los ámbitos laboral y personal, con intencionalidad clara de causa de perjuicio, quizás con el deseo de los instigadores de crear un premeditado e intencionado entorno hostil con las consecuencias asociadas. Además, en función de los indicios existentes, otros posibles delitos especialmente graves podían concurrir.

Policial

Acudí a las Fuerzas de Seguridad del Estado para poner en su conocimiento, a modo de denuncia, los hechos que sucedían, los cuales presenté por escrito en dependencias de la Policía Nacional (Mayo 2003) como supuesto acoso psicológico y otros sucesos asociados. Era la pretensión hacerles conocedores de los hechos en curso para solicitar la oportuna investigación y recibir indicaciones o directrices de actuación al respecto.

Como había bastante contenido, solicité de los agentes de la oficina de denuncias la lectura y estudio de los hechos que llevaba por escrito a fin de que pudieran realizar la adecuada clasificación de los mismos y, en su caso, la adjudicación al grupo de investigación correspondiente y ponerme a su disposición para las declaraciones y/o aclaraciones de los detalles que considerasen oportunos. Aquel dia no se me proporcionó justificante de la denuncia presentada pero se me indicó que pasara al dia siguiente a recoger el dossier o expediente. Antes de acudir llamé previamente por teléfono a la oficina de denuncias. Nadie sabía nada. Decidí esperar unos dias. Al consultar de nuevo telefonicamente, seguían sin saber nada al respecto. Transcurrido un tiempo, acudí nuevamente para adjuntar otros sucesos que habían ocurrido desde entonces. En aquel lugar, el mismo agente se limitaba a recoger los escritos que presentaba, sin proporcionarme justificante alguno de la denuncia ni decirme nada al respecto.

En ningún momento hubo interés por intentar aclarar, conocer y analizar más detalladamente los hechos. En una ocasión, en vez de intentar aclarar la situación consultando los detalles que se denunciaban (tal es su función), se me instó a que acudiera a un abogado que me elaborara un sucinto extracto del contenido de la denuncia que les presentaba y con el que pudieran acudir al Juzgado. Algún tiempo después presenté un extracto más concreto que yo mismo redacté y decidí acudír también personalmente a presentar los hechos, con solicitud de investigación sobre los mismos, al Juzgado de Guardia de la ciudad. Lógicamente, la salvaguarda de los derechos legales no debe depender del capital que se disponga para contratar abogados, detectives, etc. Solo faltaría que para acudir al médico del servico público de salud hubiera que llevar el informe de un médico privado describiendo la enfermedad a consultar. Lógicamente, lo que han de hacer en todos los casos es comentar la situación, aclarar detalles, etc.

En ocasiones posteriores que llamé a la comisaría donde interpuse la denuncia para interesarme por la misma, se me indicó que allí no sabían nada de la misma pero podía consultar en Jefatura Provincial: existe un registro de denuncias en el que debería constar la que yo había presentado. Llamé. Por no constar, me indicaron desde aquel lugar que acudiera allí para hacer nuevamente presentación de la misma. Así lo hice. Fueron dos las veces que hube de acudir a ese lugar por el mismo motivo, separadas ámbas por un determinado periodo de tiempo.

No se entiende la dejadez para concertar un primer encuentro en el cual se puedan exponer claramente en un diálogo los hechos en curso, dar más detalles con preguntas y respuestas, etc. Dos ideas en aquel momento: un pésimo funcionamiento de los Cuerpos de Seguridad del Estado o un propósito de demora, encubrimiento o desentendimiento, ... ¿un complemento al puteo en curso?.

Debido a los sucesos y circunstancias dadas, consideré conveniente presentar también denuncia en la Policía Local del Municipio (Noviembre 2004) por lo que pudiera ser de su competencia. También llevaba los hechos por escrito, similares a todo lo anteriormente expuesto. Fuí atendido por un suboficial. Echó una muy breve ojeada a los hechos sin extenderse demasiado en las consultas ni en el análisis de los detalles. El agente de atención al público me indicó que no recogían documentación por lo que debería hacer la presentación de la misma en el Registro del Ayuntamiento. Insistí: si no estaban autorizados para recoger el escrito donde se describían hechos aparentemente delictivos, yo mismo, en aquel momento, les relataba los sucesos oralmente haciendo lectura del mismo para que pudieran tomar las notas que considerasen oportunas sobre los hechos en cuestión. Me denegaron tal posibilidad y me dieron a entender que si iba a quejarme por actividades molestas (en referencia al reiterado golpeo) podía solicitar la instalación de un sonómetro en aplicación de la Ley correspondiente, otros hechos no eran de su competencia. No creí que fuera el caso, por lo que incidí en la probable intencionalidad acosadora y la posibilidad de uso de medios de espionaje o similares junto con el resto de posibles delitos concurrentes. Sin ofrecer respuesta alguna, realizaron fotocopias del escrito pero insistieron en que no sería tenido en cuenta oficialmente si no se realizaba su presentación en el Registro Municipal, en dependencias del Ayuntamiento. Tampoco me proporcionaron constancia alguna de la presentación de denuncia en esas dependencias. No llegué a realizar la entrega en el Registro Municipal como me fue indicado porque consideré que siendo aquellos agentes funcionarios de seguridad pública en servicio en dependencias policiales, deberían prestar la debida atención a la misma, siendo ellos en todo caso quienes deberían hacer presentación de aquella en los despachos que consideraran oportunos tras conocer el caso o situación. Si alguien desea comunicar alguna situación irregular, delito, indicio delictivo, etc, no acude al registro municipal sino que les llama por teléfono. Por mi parte entendía que al poner en su conocimiento los hechos concurrentes, quedaba realizada fehaciente denuncia en aquel lugar. Cierto es que desconocía el procedimiento oficial de aquel cuerpo, pero otro tipo de actuación me parecía del todo ilógica o anormal.

Igualmente, pasé por dependencias de la Guardia Civil. Iniciaron un expediente al que se adjuntó el escrito que presentaba (similar a lo anteriormente expuesto) y me aportaron copia sellada de las diligencias abiertas.

Mientras seguía pasando el tiempo, hechos diversos seguían ocurriendo los cuales iba añadiendo a la denuncia. Tras años de espera, en ningún momento se me solicitaron detalles, aclaraciones o declaraciones desde ninguna de esas entidades policiales sobre los hechos que se denunciaban. Desconozco las competencias y prioridades de cada uno de esos cuerpos, pero en función de los hechos que se describen cada cual podrá opinar si se requiere, cuando menos, la aclaración presencial más o menos inmediata y análisis detallado de los pormenores de la situación.

Judicial

También había puesto los hechos en conocimiento del Juzgado de Guardia en el que presenté denuncia para que fueran conocedores de los mismos y de las actuaciones de las Fuerzas de Seguridad del Estado al respecto, solicitando investigación sobre las circunstancias.

Correspondía la guardia en aquel momento a uno de los Juzgados de Instrucción. Fué adjudicado a otro Juzgado de Instrucción distinto. Tanscurridos varios meses sin tener notificación sobre el estado de la denuncia, decidí consultar aquel. Acudí al Juzgado. Sorpresa cuando me aportaron un escrito que indicaba que, tras haberse procedido a la incoación de diligencias previas, dando parte de ello al Ministerio Fiscal, se acordaba el sobreseimiento provisional y archivo con motivo de denuncia sobre hechos Contra la Seguridad e Higiene en el Trabajo. En ningún momento hubo contacto conmigo, el denunciante, ni, al parecer, se solicitaron aclaraciones o declaraciones de otras personas sobre los hechos presentados, ni se notificó la resolución de aquel Juzgado de Instrucción hasta aquel momento. Pensando que el asunto sobre el aparente acoso extendido y el resto de delitos asociados estaría en manos del 'Ministerio Fiscal' dejé transcurrir algún tiempo. En vista de que no había contacto, decidí llamar. Me comunicaron que en su momento se había cerrado el expediente por haber sido cerrado en el Juzgado correspondiente.

Acudí nuevamente al Juzgado de Guardia algún tiempo después (Marzo 2004) para presentar nuevos hechos sucedidos desde entonces, acompañados de un resúmen de los anteriores, haciendo referencia al deseo de retomar la denuncia y solicitar nuevamente investigación sobre aquellos, aportando fotocopia de las actuaciones que anteriormente se habían practicado en aquel Juzgado de Instrucción. Previamente también había acudido con los mismos a la Policía Nacional. Los funcionarios judiciales de guardia me indicaron en un primer momento que no se podían denunciar nuevamente hechos sobre los que ya había habido resolución. ¿?. Tras insistir, me comentaron que, por transcurrir los hechos en varias zonas distintas, podría darse el caso de ser dividida la denuncia en partes correspondientes a los distintos Juzgados de tales zonas y abrirse en ellos cada una de esas partes por separado. En cualquier caso insistí en la denuncia. Un año después seguía sin tener conocimiento ni notificación alguna del nuevo estado de la misma.

Así, (Marzo 2005) decidí enviar a Fiscalía los hechos que se denunciaban y que seguían ocurriendo. Se me notificó desde aquella la apertura de expediente de investigación penal al respecto y la adjudicación del caso a otro Juzgado de Instrucción. Continué poniendo en conocimiento de Fiscalía los sucesivos hechos que iban sucediendo y que consideraba relacionados con el supuesto proceso y propósito en curso. Desde allí se me notificaba que, para agilizar el proceso, debía ponerlos directamente en conocimiento del Juzgado de Instrucción designado. En esta forma llegamos a principios del año 2006.

PLANTEAMIENTOS

Ante la denuncia de hechos y solicitud de investigación de los mismos, la respuesta policial/judicial inicial ha sido la aparente pasividad, la desatención y por otro lado, la posible pretensión de desentendimiento. No se puede entender, a no ser por la posible parcialidad, que en lugar de promoverse la consulta o investigación, incluso en aras y beneficio de la seguridad colectiva, se pueda procurar, aparentemente, el encubrimiento de los sucesos.

"La negación del conflicto e incluso la implicación activa en el mismo por las autoridades que deberían poner remedio, no son sino mecanismos que contribuyen a incrementar la escalada del conflicto por un lado y por otro a incrementar la indefensión de la víctima. Crecen este tipo de actuaciones en organizaciones pobres o corruptas y de deficiente organización". Una de las razones que pueden conducir a tales posturas en autoridades suele ser el propio miedo al posible mobbing en su contra, hasta el punto de provocar situaciones de parcialidad o de involucración, voluntaria o involuntaria, activa o pasiva, en el proceso hostigador contra la víctima.

Quizás, incluso, se pudiera pretender generar un estado dubitativo permanente en el individuo, inseguridad, pérdida de autoestima, miedo psicológico, incluso temor a describir los hechos por miedo a no ser creido, etc. Podría incluso pretenderse que como consecuencia o fin del proceso, el individuo llegara a adoptar actitudes violentas contra terceras personas o contra sí mismo. En este sentido, siendo que este tipo de resultado (el uso de violencia extrema) se produce en otros muchos casos de tipología similar, intencionadamente se podría desear el mismo mediante los procedimientos adecuados. A tal fin, el instigador introduciría a terceros para hostigar al objetivo y contra quienes debería revertir su ira.

Sería paradójico que quizás, como en otros muchos casos similares, las autoridades intentaran eludir el inicio de acciones por las posibles repercusiones negativas que pudieran tener sobre los instigadores o promotores de tales acciones (máxime si son personas de cierta influencia) sin tener en cuenta las que intencionadamente éstos hubieran podido ocasionar a las propias víctimas.

Por otro lado, la Ley impone las vías de reclamación, reivindicación o protesta a disposición de la ciudadanía para regular la convivencia social en igualdad de derechos y oportunidades. En cualquier caso, la propia Ley y en su representación la autoridad legitimada en cada caso, debe responder con imparcialidad y eficacia a las solicitudes puntuales que la ciudadanía realice en defensa de sus derechos fundamentales en la misma medida que los ciudadanos confían en que así sea. Cuando esto no ocurre, puede resultar que las autoridades se conviertan en coautores de los hechos delictivos por omisión de acción debida, que se desea suponer involuntaria, estimulando por dicho motivo la acción del delincuente y agravando, en consecuencia, la situación de las víctimas y el conflicto social.

Uno de los posibles fines deseados con la desatención a la víctima podría ser el cansancio psíquico, anímico, respecto a lo que acontece y que esperaran que pudiera dar lugar a la claudicación, resignación, transigencia o sometimiento a las circunstancias que los instigadores desearan establecer, los cuales verían en ello una adecuada salida a la situación.

CONSULTA A UN MEDICO SUPUESTO ESPECIALISTA

Ante la afectación que estas situaciones suelen provocar, decido solicitar la intervención de un profesional en la especialidad médica correspondiente a fin de buscar asesoría preventiva sobre este tipo de casos, sus posibles consecuencias y la forma más idónea de tratar los mismos especialmente en el entorno familiar. A tal fin, acudo al médico de primera consulta para solicitar especialista en la materia. Tras comentarle muy brevemente los hechos y la pretensión, se me señala un especialista en Psiquiatría.

Enero-06. Acudo a esa consulta. Considerando el acoso psicológico en curso y el resto de hechos denunciados, pretendía que un profesional analizara e interpretara los sucesos que concurrían, así como solicitar su asesoramiento preventivo sobre la negativa repercusión que los mismos ejercen en los entornos personal, familiar y social del individuo; a su vez, pudiendo ser, recabar una valoración profesional de los hechos según esa especialidad de la medicina: qué se podría pretender con algunos de los sucesos que acontecían.

Para llevar a cabo la valoración de la situación, es de suponer que debería ser función principal del especialista escuchar con ecuanimidad la explicación o planteamiento que los asistentes pudieran aportar para, una vez conocidas las circunstancias, proceder al análisis de los factores que intervienen a fin de intentar buscar soluciones al problema planteado. Ocurrió que cuando intenté exponer los motivos que nos llevaron allí (las pretensiones de asesoramiento o consejo), así como realizar un relato breve de los hechos o sucesos concurrentes, el especialista interrumpió la exposición con enfado para indicar con acritud que su función era curar pacientes, designándome a continuación como paciente a curar. Sin haber atendido a los sucesos, se había establecido desde el principio el planteamiento que se le iba a dar al caso: paciente => enfermedad => tratamiento. Pensé que ya desde el principio la actitud de este profesional iba a condicionar el análisis de la situación. Un especialista en esta materia sabe lo que ésto puede suponer, al igual que el proceso en sí mismo: provocar la inducción de culpabilidad, humillación moral, etc..., añadiendo crispación a las circunstancias, incitando la desconfianza ante el profesional, alterando la actitud ante la entrevista, condicionando el análisis, etc. En estos casos, habitualmente el entrevistado adopta posturas defensivas, deja de ver en el entrevistador a un profesional dispuesto a ayudar o intermediar en el problema, etc. A su vez, ya indicó en esa primera consulta, que había observado un "problema global" que habría de ser tratado. ¿?. Aporté al especialista documento escrito relatando los diversos sucesos concurrentes en el aparente proceso acosador (similar al relato de sucesos expuesto en apartados anteriores) a fin de que pudiera practicar su lectura y valoración. Acordamos nueva cita.

En la siguiente visita a este especialista, tras haber leido el relato y sin realizar consultas o aclaraciones respecto a los hechos concretos que se describían, ni análisis de las circunstancias concurrentes, como primera acción ratifica la existencia de un problema (tal como había pronosticado en la primera consulta) e indica que ha de ser tratado con medicación. No hace ningún análisis, estudio, valoración o intento de profundización o interpretación más detallada de los hechos y lo que pueden suponer. Lo mas lógico hubiera sido que intentara analizar los sucesos uno a uno y posteriormente todos en conjunto, pero no hubo intento alguno de análizar detalladamente las circunstancias. Obviamente, de la simple lectura de un escrito no se pueden obtener conclusiones certeras sin comentar la situación en detalle, e incluso podría darse el caso de dar más valor a la retórica empleada en el texto que al propio contenido del mismo, a los hechos en cuestión. ¿Qué tipo de 'profesional especialista' es quien no hace consultas, ni aclaraciones, ni el mínimo análisis detallado de la situación antes de emitir un diagnóstico?.

Resúmen del Informe: "El paciente ha sido atendido en esta USM en dos ocasiones ... en mi opinión este paciente padece un Trastorno por Ideas Delirantes (CIE 10 F.22.0) de varios años de evolución que le ha supuesto una repercusión funcional significativa. No presenta conciencia de enfermedad y no acepta tratamiento, que en mi opinión debería tomar".¿?. ¿Qué ideas delirantes?: las situaciones de hostigamiento son evidentes.

Hay que considerar que Ideas Delirantes son creencias falsas sobre la realidad que se mantienen firmemente incluso a pesar de que se demuestre su falsedad o estén reconocidas como falsas. En vista de todos los acontecimientos que se exponen, ¿podrían tratarse de delirios las sospechas, interrogantes, inquietudes, temores o recelos respecto a la evidente situación de acoso?. Evidentemente no. Hay que asumir que en situaciones de este tipo se puede producir cierto grado de obsesión y actitudes paranoides debido al recelo, a la desconfianza que se genera, pero no es motivo suficiente para considerar que todo el conjunto de sucesos se trate de ideas delirantes de la víctima. La mayoría de psiquiatras y psicólogos consideran acoso a este tipo de situaciones que incluso tienen nombres propios en esas especialidades (mobbing, bossing, bullying, etc), y como tal las tratan pormenorizando en los sucesos, no como ideas delirantes de la víctima: en función de los hechos que se describen en apartados anteriores, cada cual podrá opinar al respecto. Obviamente, la consideración delirante está totalmente fuera de lugar, máxime cuando ni siquiera se ha intentado profundizar un mínimo en las circunstancias. No pueden tildar de delirio algo que no conocen en absoluto ni se interesan mínimamente en ello.

Para nada se tuvieron en cuenta las consideraciones que otros expertos hacen ante este tipo de sucesos: afectación psíquica y/o psicológica, pretensión de apocar al individuo, minar su voluntad, intentar su humillación y daño moral, generar psicosis, provocar reacciones paranoicas, buscar su hundimiento, etc. Por ejemplo: ¿qué opinan la psiquiatría y la psicología que se podría pretender con el reiterado y cadencial golpeo diario prolongado que cesa al primer movimiento, o con la práctica de las indirectas o gesticulaciones intencionadas en los entornos descritos, o con el seguimiento practicado, o con las actitudes animosas en esas empresas, etc, o con todo el conjunto de sucesos?, ¿cómo clasifican esas especialidades médicas a los participantes en tales acciones?, ¿cómo aconseja la medicina hacer frente a tal tipo de situaciones?, etc. Tampoco se planteó la prevención de la posible afectación física y psicológica que señalan otros profesionales: estrés, insomnio, ansiedad, afectación de la memoria y la concentración, depresión, generación de agresividad, perjuicio al sistema inmunológico, posibles problemas cardiovasculares, digestivos, etc; ni como afectan tales situaciones a las relaciones del sujeto (familiares, sociales, etc) y la mejor forma de acometerlas: no solo el objetivo es la única víctima de la situación, su entorno más próximo también sufre las consecuencias físicas y psicológicas de la misma. Es decir, ¿qué profesionales son los farsantes?. En vista de su actitud y respuesta, al parecer incluso podría pretenderse su agravamiento y cualquier experto en la materia podría confirmarlo. Así, al parecer, con un simple diagnóstico de Trastorno por Ideas Delirantes y receta de antipsicóticos se zanjan todas esas dudas y cuestiones que otros expertos consideran especialmente graves. ¿?.

Estimé que se trataba de una situación extrañamente anormal cuando el deseo es ver un supuesto trastorno psíquico en forma de ideación delirante, no una intencionada situación de evidente acoso u hostigamiento psicológico tan obvio. En este tipo de casos sí suele producirse una repercusión funcional significativa que suele conllevar asociado un necesario tratamiento, aunque no por trastornos delirantes sino por el daño tanto físico como moral y las secuelas que suelen provocar la serie de acciones de acoso contra la víctima.

En base a lo que ocurría y no siendo lógica en absoluto esa respuesta de un supuesto profesional en medicina, consideré que podía tratarse de una intervención excesivamente apática, negligente o interesada. En estas consultas y algunas posteriores, no hubo pregunta ni intento de aclaración alguna respecto a ninguno de los hechos y circunstancias que se describían. Así, tratándose de lo que se trata y de lo que pudiera tratarse, cualquier teoría, aún con riesgo de ser considerada delirante, puede tener validez y debe plantearse y ponerse sobre la mesa. Al fin y al cabo, las pautas, fundamentos y fines o propósitos de acosos y puteos, con la aplicación de unos u otros métodos o prácticas más o menos elaboradas, son similares en casi todos los casos.

OTRAS RESPUESTAS

Presenté una reclamación al Servicio de Atención al Paciente por no estar de acuerdo con el diagnóstico de Trastorno por Ideas Delirantes efectuado por aquel especialista y ante la misma, este organismo se limitó a ejercer una mera función de intermediación, correo o mensajería entre la queja efectuada y las respuestas ofrecidas por aquel, asimismo sin involucrarse en el necesario análisis sobre los hechos o circunstancias concurrentes que dieron lugar a la consulta y posterior reclamación. Ante mi insistencia se me remite a Inspección Médica. Al dirigirme a esa entidad, incluso planteando la posibilidad de que sea dirimida la situación ante un tribunal médico, se me comunica la posibilidad de obtener "una única segunda valoración al respecto". Les señalo la intención de que ellos mismos revisen u ordenen revisar el escrito que obra en poder del especialista en función del cual se realizó la valoración y me pongo a su disposición para las consultas oportunas. A tal fin indico un ejemplo: el de un alumno que habiendo sido suspendido en un exámen puede solicitar la revisión del mismo, pero si cree que puede existir algún tipo de animosidad en su contra por parte del profesor debe comunicarlo a la Dirección del centro desde donde se debería investigar la problemática existente y tomar la decisión adecuada. Transcurre el tiempo sin recibir respuesta por lo que supongo que no hay intención alguna de hacer nada al respecto. En cualquier caso, no le corresponde al paciente efectuar la revisión y vigilancia del sistema sanitario y de los profesionales que prestan sus servicios en el mismo sino que tal sistema debe tener sus propios medios de control y auditoría que deberían ponerse en marcha ante la solictud al efecto del paciente en base a indicios o sospechas razonables, practicando un análisis inicial, sino exhaustivo, sí al menos básico o preliminar de la situación. La misma consideración se hace respecto a otras entidades como Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, etc.

Comunicación al Valedor do Pobo (Defensor del Pueblo en esta Comunidad). También les remito un resúmen de los hechos haciendo referencia a la indefensión ante los acontecimientos por la respuesta pasiva, quizás interesada, recibida de las autoridades, solicitando la revisión del procedimiento llevado a cabo. La respuesta es que no se trata de indefensión (al parecer, situación de la parte litigante a la que se impide el empleo de los medios procesales que la Ley autoriza) puesto que de no estar conforme con las actuaciones o resoluciones, se puede recurrir o solicitar la intervención de otras autoridades o estamentos superiores. Asimismo me indican que no estando legitimados para revisar las resoluciones judiciales, no pueden hacer nada al respecto. Insisto con esa entidad, pues posiblemente no utilicé correctamente las expresiones (aunque no debería tratarse exclusivamente de un asunto de vocabulario); mi intención no era solicitar su intervención judicial: donde dije indefensión quise decir desatención, la cual sí es un asunto que puede requerir su interés y donde indiqué revisión del procedimiento no me refería a la revisión de una resolución judicial sino a las actuaciones en sí mismas, a la forma, al procedimiento desarrollado o llevado a cabo para tratar una solicitud de investigación de hechos delictivos punibles por acoso que aparentemente están violando garantías legales y constitucionales: sí están legitimados para revisar la actuación y funcionamiento defectuoso de la Administración hacia el ciudadano y subsanar o proponer mejoras en el mismo, y si ese funcionamiento defectuoso incide en este caso concreto, habría de revisarse y solucionarse. Además se puede considerar que sí se produce indefensión cuando los representantes de la autoridad no prestan la atención o interés debido al que están obligados ante la situación: de otra forma cualquiera puede ser desatendido toda una vida.

De ninguna de las maneras debería ser posible la situación que se está presentando: la desatención, el silencio de las entidades que por deber deberían involucrarse, no es la respuesta deseable; tal silencio y tiempo en la espera siempre van en perjuicio de las víctimas por lo que debería haber cierta iniciativa, comunicación o interés de cara al mantenimiento de la seguridad pública, lo cual no ha sido así hasta el momento. Aunque no recibo respuesta concreta posterior sobre posibles actuaciones, espero que se tome en consideración la propuesta de análisis de la situación y se intenten procurar las mejoras oportunas en la atención a la ciudadanía. El derecho de todo ciudadano es denunciar cualquier suceso aparentemente delictivo y el deber de las autoridades analizarlo adecuada y detalladamente, lo cual no se ha hecho en ningún momento en este caso.

Por otra parte recibo (Junio-2006) un auto o comunicación del Juzgado de Instrucción al que se le había asignado el caso. Habiéndose acordado el sobreseimiento provisional y archivo de la denuncia en ese Juzgado (¿?) a petición de Fiscalía se decide reformar el auto acordándose establecer el sobreseimiento provisional en base al articulado correspondiente de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, "por no resultar debidamente justificada la perpetración del delito". En ambos casos sin haber requerido aclaración, declaración o haber hecho indagación ni comprobación alguna. Vendría a ser como si un paciente acude al médico para describirle determinada sintomatología anormal de salud y éste le dice que no le atiende "por no resultar debidamente justificada la perpetración de la enfermedad", sin hacer consulta ni análisis sobre la sintomatología en cuestión; obviamente el paciente solo ha de describir la sintomatología: a partir de ahí ha de ser el profesional en la materia quien ha de realizar su labor proponiendo las adecuadas consultas, pruebas y análisis a realizar y las pautas a seguir.

La Ley y el Derecho establecido son iguales para todos los ciudadanos: si un juez, fiscal, mando policial, autoridad, personaje influyente, etc, denunciaran la misma o similar situación (presunto hostigamiento, aparente uso ilícito de determinada tecnología, etc), ¿asimismo se sobreseiría sin hacer aclaración, consulta, indagación ni comprobación alguna de las circunstancias?. ¿E igualmente, quizás, todas las denuncias de delitos, presuntos delitos o indicios delictivos cuya perpetración no esté debidamente justificada en el momento de ser comunicadas a las FSE o presentadas en la Oficina de Denuncias (que obviamente son la mayoría -como atracos, robos, violaciones, timos, etc- pero que atienden e investigan como es debido los buenos y verdaderos profesionales policiales) podrían ser sobreseídas sin hacer nada al respecto a entender de esos supuestos profesionales de la Ley y la Justicia?.

Por ejemplo, si un ciudadano llama a las FSE para dar cuenta de un delito, presunto delito, indicio delictivo o situación anormal (por ejemplo un robo, atraco, vejación, hostigamiento, etc): ¿se le contesta sin más que "no resulta debidamente justificada la perpetración del delito" y punto?.

Siendo función y cometido principal de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado esa tarea de analizar, indagar, escrutar el delito o presunto delito, recabando para ello la información necesaria en su cometido y labor investigadora al servicio de la sociedad, así lo indico y solicito. Evidentemente no se está pidiendo pena inmediata para los supuestos autores, sino el inicio de la oportuna, necesaria y obligada investigación al respecto por resultar los sucesos de especial gravedad, algunos individualmente y todos ellos en su conjunto, debido a la aparente organización e intencionalidad de causa de daño o perjuicio premeditado constituyendo, cuando menos, un proceso de acoso psicológico: incluso la misma falta de respuesta o incluso la respuesta maliciosa por parte de las autoridades agrava la situación.

Es de suponer que no habiendo deseo de jugar con las leyes, la legalidad y los conceptos e interpretaciones legales, habría de bastar la denuncia ante las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado dando cuenta y detalles de la situación para que se iniciara el oportuno procedimiento investigador. Desde ese momento la actuación e iniciativa debería corresponder a esas entidades quedando el denunciante a su disposición para las aclaraciones y declaraciones necesarias. Al menos, es lo que la sociedad demanda y la propia Ley impone a esas entidades de cara al mantenimiento de la seguridad y la prevención del delito.

Hasta el momento, la actuación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado sólo denota indiferencia, apatía e incluso quizás animosidad, ... posiblemente por negligencia o parcialidad, lo cual sería especialmente grave.

OTRAS SITUACIONES

Podría ser lógico pensar en la existencia de cierta corrupción y actividad caciquil detrás de la aparente desatención o pasividad policial. Ocurre en ocasiones que la relación simbiótica entre personas de influencia y autoridades puede llevar asociada cierta connivencia y suele arrastrar a otros funcionarios que se dejan llevar y dirigir para no comprometer su estabilidad o comodidad laboral. Por ejemplo, si un Juez, Fiscal o alto cargo policial dictan determinadas directrices, lo más fácil es que otros funcionarios judiciales o policiales sigan la corriente sin plantear duda u oposición alguna, generalmente por miedo al mobbing. Si un empresario acosa a un trabajador, ocurre que otros trabajadores llegan a participar voluntariamente en el acoso para intentar agradar al jefe o al menos no desagradarle. Si un alcalde propone determinadas alcaldadas, probablemente sus concejales le apoyarán en las mismas para mantener la unidad estructural frente a la oposición aún sabiendo que no sería lo mejor para el municipio sino para el propio edil. Si un agente de las FSE se sobrepasa en sus funciones o autoridad en algunas ocasiones, sus compañeros intentarán encubrirle ante una investigación interna. Si un profesor impone determinados castigos, habrá otros profesores que justifiquen su actitud considerando que lo hace por el bien de los alumnos. Si un individuo comete alguna irregularidad, sus amigos de grupo le encubrirán ante las autoridades.

Desde las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado no hay contacto alguno conmigo para aclaraciones o declaraciones respecto a la situación denunciada. En cambio, al cabo del tiempo y ante la reiteración en la denuncia de anormales sucesos, se me cita para ser reconocido por un médico forense del Instituto de Medicina Legal, al parecer para valorar mi estado de salud mental. Es curioso que en vez de acometerse el adecuado análisis de las circunstancias con la toma de declaraciones y aclaración de hechos, etc, como debería hacerse en todos los casos, se plantee principal y preferentemente la posibilidad de la anomalía mental sin haber mediado consulta alguna, especialmente respecto a esta evidente situación de hostigamiento.Había puesto en conocimiento de Fiscalía el informe de aquel psiquiatra (trastorno por ideas delirantes) en el sentido de poder ser un dictámen interesado y también había expresado mis dudas sobre la actuación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad a las que había acudido: quizás eso les animó a tal determinación. En tal valoración, la primera indicación del forense fue: "si estás aquí es porque alguien en Fiscalía piensa que estas mal de la cabeza". Así, bajo tal premisa parece lógico pensar que tal individuo se iba a limitar solamente a firmar lo que quería ese alguien de Fiscalía: una anomalía mental; así ocurrió sin que se analizase detalle alguno. Tras una breve conversación de unos minutos en la que intenté resumir brevemente los sucesos que denunciaba y tras cierto sarcasmo puesto de manifiesto por el forense (que tampoco llegó a profundizar en los detalles y pormenores de la situación), la conclusión que plasmó en su informe (del que fuí conocedor tiempo después) fue la siguiente: "Se recomienda su internamiento en un centro psiquiátrico para valoración y control y tratamiento por presentar clínica activa: ideación delirante de perjuicio y persecución y sin tener conciencia de enfermedad ni intención de tratarse". ¿?.

Como ejemplo de la actitud que mostró el forense en la entrevista, se puede comentar que ante una pregunta al respecto indiqué que tenía estudios universitarios; cuando comentó que yo estaba allí porque alguien en Fiscalía pensaba que estaba mal de la cabeza (desde Fiscalía no habían hecho consulta, aclaración, indagación ni toma de declaración alguna), me mostró un escrito de esa entidad en el que se solicitaba la valoración forense a la vez que me indicaba irónica y desconsideradamente: "aqui lo tienes, leelo si sabes leer", lo cual daba buena muestra de la tendenciosa situación, ¿o formaba parte de la valoración esa actitud sarcástica y prepotente?. También es curioso que el informe se referenciara como "Incapacidad". Tiempo después fui citado para otro reconocimiento propuesto por un Juzgado de Primera Instancia al que habían hecho partícipe. Tampoco en este caso desde ese Juzgado se habían solicitado aclaraciones o declaraciones previas, es decir, tampoco había habido el más mínimo interés en aclarar y analizar detalladamente la situación. Tras otra serena y muy breve conversación con otro forense, en la que nuevamente intenté resumir los acontecimientos que denunciaba (tal como se exponen en apartados anteriores), la valoración fue la siguiente: "... el cual se encuentra con graves alteraciones psíquicas, con grave alteración psicótica, con ideas delirantes de perjuicio. La sintomatología que presenta es compatible con una patología de tipo psicosis paranoide, no teniendo conciencia de enfermedad y con grave riesgo para su integridad personal y la de terceros, precisando de contención mecánica. En el estado actual, se encuentra en un estado de anulación de facultades volitivas e intelectivas, sin capacidad de juicio ni de raciocinio, ni capacidad de libre determinación, por lo que sería necesario su ingreso en un centro adecuado para su tratamiento". Igual que el anterior y sin ahondar lo mas mínimo en los pormenores de la situación, en unos pocos minutos decidió tan graves y falsas conclusiones. A tener en cuenta que mis facultades volitivas e intelectivas, así como la capacidad de juicio y raciocionio, estaban en perfecto estado y que el grave riesgo para la integridad personal y la de terceros era una apreciación absolutamente subjetiva e incluso posiblemente malintencionada.

Así pues, es lógico pensar en la total animosidad de tales dictámenes, máxime al producirse por insistir en la denuncia y sin que nadie hubiera intentado profundizar mínimamente en un análisis más detallado de los hechos y de la situación en su conjunto. Cabe destacar que en todas las denuncias el procedimiento habitual es primeramente intentar aclarar la situación y detalles con la víctima y en su caso tomar declaraciones a terceros, ¿por qué en este caso no es así?. En función de las circunstancias que se exponen, cada cual podrá emitir su opinión respecto a estas valoraciones y circunstancias.

Por ejemplo, en dos ocasiones un individuo en un mismo vehículo me siguió hasta una Caja de Ahorros yendo detrás de mí durante un buen recorrido por la ciudad hasta las afueras de la misma; en las dos ocasiones aparcó su vehículo justo detrás del mio, sobre la acera; en la primera ocasión bajó del vehículo detrás de mí y me siguió hasta la sucursal; en la segunda ocasión esperé a ver si el individuo bajaba del vehículo antes que yo, pero no lo hizo hasta que yo lo hice e igualmente me siguió hasta el local; en la primera ocasión entró pegado a mí por la doble puerta de seguridad, en la segunda ocasión también lo hacía pero fuimos requeridos a dejar los objetos metálicos en los cajetines de seguridad: mientras yo dejaba un manojo de llaves, el individuo en vez de entrar esperaba fuera a que lo hiciera (le insté a que entrara sin esperar); en las dos ocasiones el individuo pidió cambio y salió. ¿Es esta situación una alucinación, un delirio?, ¿es una paranoia sospechar de la misma?. Cabe considerar que se podría elucubrar sobre la posibilidad de que esos hechos (y lo que pudiera pretenderse con los mismos) fueran una ideación delirante, una psicosis paranoide, una simple mentira o invención, pero quizás sería mas razonable comprobar las grabaciones de las cámaras de seguridad de la sucursal esos dos dias, que confirmarían la situación; es lo que no están haciendo ni, al parecer, pretenden hacer los funcionarios de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad así como de Sanidad del Estado: analizar con propiedad y detalle los sucesos; en cambio sí parecen tener gran interés en que las circunstancias que se describen parezcan ser fruto de un delirio: ¿por qué?.

Es inevitable que un suceso así provoque la desconfianza sobre otras muchas circunstancias, pero tampoco necesariamente eso habría de ser una paranoia, aunque podría llegar a serlo de repetirse anormales situaciones similares, siendo una situación provocada. Obviamente, es inevitable que en estos casos se desconfíe de muchas cosas, pero este recelo no tiene porque suponer alteración grave de la realidad, falsas percepciones persistentes o alucinaciones, sino el simple e ineludible mosqueo. Aunque hay que reconocer que en ciertos casos es complicado, los buenos profesionales saben establecer los límites, distinguir la diferencia entre preocupación o recelo y delirio o paranoia, para lo cual profundizan en la materia analizando con precaución cada detalle a fin de saber ante que se encuentran, procurando no hacer diagnósticos rutinarios o arbitrarios sino estudios bien definidos y particularizados. Si tales diagnósticos fueran fruto de la negligencia, la apatía o la deformación profesional, la situación sería grave, pero si fueran malintencionados como puede parecer que son, resultaría especialmente grave.

Así, en base a esos informes forenses, del todo desproporcionados, muy discutibles y aparentemente interesados, algún tiempo después un juez ordenó ilícitamente, sin atenderse los derechos legales establecidos al respecto, mi ingreso en un centro psiquiátrico, de un mes aproximadamente, supuestamente para valoración y durante el cual el especialista asignado tampoco mostró mayor interés en analizar con detalle los acontecimientos que se denunciaban e indicó que se consideraba delirio porque se estimaba que los sucesos que yo planteaba no eran así por ser muy difíciles de creer: tal es la profesionalidad demostrada. Es de suponer que tratándose de un ingreso por orden judicial bajo informe forense, no desearía complicarse la vida haciendo un análisis más exhaustivo y poder generar posibles enfrentamientos. En cualquier caso, se puede considerar que quizás no quiso decir eso, no siempre se escogen las palabras adecuadas para expresar lo que se quiere expresar, pero la experiencia indica que a pesar de haber protocolos de diagnósis un dictámen en esta materia puede ser muy subjetivo teniendo el especialista cierta libertad de decisión: así, la simple consideración "difícil de creer" supone un alto porcentaje para el diagnóstico de delirio. Quizás por ello, la posibilidad de existencia de un acoso extendido y continuado e incluso el posible uso de medios de control o espionaje, pudiendo ser interesadamente considerado como algo improbable o difícil de creer (y de demostrar), aconsejaría plantearlo como un delirio de la víctima. También sería difícil de creer que un dictámen médico o una decisión judicial pudieran ser interesados y no estuvieran suficientemente meditados y justificados, por lo que todo apuntaría a pensar que el individuo sería merecedor de los mismos. Ahora bien, ¿sería dificil de creer la implicación de autoridades y adinerados en corrupción urbanística o en otras prevaricaciones, cohechos o connivencias por el estilo como las que día a día se conocen por los medios de comunicación?.

El Juez que dictó la orden de ingreso indicó asimismo, tambien sin consultas, preguntas o intento de aclaración alguna, que él también pensaba que se trataba de un trastorno por ideas delirantes (ni siquiera comentó ni aclaró conmigo los escritos de denuncia en su poder). Tratándose de un Juez (o de cualquier otro cargo público que suponga la representación de la Ley) creo que además de pensar su deber es investigar, comprobar y cotejar argumentos, verificar situaciones, ya no sólo por la víctima sino por toda la sociedad, lo cual es su cometido y deber laboral. ¿O pueden sencillamente hacer lo que quieran cuando les de la gana?. Además, es evidente que tal ingreso para supuesta valoración es una detención y privación de libertad ilícita que se salta en toda regla los derechos constitucionales establecidos.

De cualquier forma, se ha de considerar que la verosimilitud o inverosimilitud de un suceso es según para quien: creer o no una situación también depende de la fe o de los conocimientos que se tengan al respecto. Consideremos que, por ejemplo, se utilizan inhibidores de frecuencia para que una persona no pueda hacer uso de su teléfono móvil; cambia de móvil constantemente pero siempre se encuentra ante el mismo problema; si cuenta su caso en el sentido de poder ser víctima de un sabotaje, quizás esos especialistas también le achacaran, por lo "increíble de la situación" y sin necesidad de mayor estudio o análisis, el trastorno delirante y la paranoia de turno. O podríamos suponer aquel caso de aquella mujer que echaba pequeñas dosis de veneno en la comida de su marido: si éste acudiera al médico diciendo sentirse mal, posiblemente tras las oportunas pruebas y análisis podrían llegar a descubrir la situación, pero si planteara desde un principio la sospecha de poder estar siendo envenenado, quizás dictaminaran una paranoia dándole tratamiento farmacológico para la misma y considerando así resuelto el tema.

La valoración del estado mental de una persona es un tema muy ambiguo y queda en muchos casos bajo el exclusivo criterio u opinión personal del especialista, criterio sobre el que pueden influir muchos factores. En esta forma, no tratándose de ciencias exactas no resulta difícil realizar resoluciones o dictámenes interesados sin excesivo temor a posibles objeciones o repercusiones.

En cualquier caso, en una situación de este tipo y sin que por parte del sujeto exista motivo aparente alguno que lo pudiera justificar como podrían ser actitudes sociales perturbadoras, amenazantes, violentas o similares, se estima desmesurada o cuando menos chocante y sospechosa la recomendación forense y orden judicial inquisitorial de internamiento, máxime siendo resultado de un estudio sumarísimo, probablemente interesado. Produce cierta aprensión social saber que abusos de poder de este tipo se pueden llevar a cabo con cualquiera en cualquier momento en un Estado de Derecho. Aquellos que representan la autoridad en una sociedad han de saber utilizar el raciocinio y la prudencia, han de calibrar las situaciones en su justa medida: es una línea muy fina la que separa autoridad de autoritarismo. Para preservar las libertades y derechos inviolables que le son inherentes al ciudadano, ciertas cuestiones (como puede ser una orden judicial de ingreso psiquiátrico, al igual que si se tratara de un ingreso en prisión) han de dirimirse en una vista donde las partes puedan presentar sus alegaciones y donde estén suficientemente salvaguardados los derechos de la persona mediante la asistencia de abogado, de tal forma que si fuera necesario también pudiera presentar sus alegaciones e informes, máxime tratándose de circunstancias como las que se describen en las que el individuo en cuestión es la víctima de una situación delictiva en su contra. Una reclusión o internamiento durante cierto tiempo en un centro de régimen cerrado, de privación de libertad, no puede ordenarse exclusivamente en base a someros y sumarísimos informes forenses: con ellos se podría llevar a cabo una inculpación, pero habría de ser resuelta en la oportuna audiencia y, en todo caso, se habrían de tener en consideración otros muchos factores. Y la especial gravedad no solo deriva de la forzada reclusión, sino de la posible pretensión de dar "carpetazo" a la situación para desentenderse de la misma, lo cual puede indicar serias involucraciones. Creo que similar ingreso psiquiátrico 'para valoración' debería ser ordenado para esos supuestos profesionales: quizás no sean las personas adecuadas para ocupar los puestos que ocupan de cara a la función social que deben prestar. Posiblemente vendría a ser como ordenar el ingreso psiquiátrico por enfermedad mental delirante de la mujer maltratada y no de su maltratador, de la víctima de violación y no del violador, del atracado y no del atracador, o de la víctima de xenofobia y no del xenófobo.

El dia de la privación de libertad en el centro psiquiátrico para supuesta valoración - Mayo/07 - se me había citado en el juzgado para realizar diligencia judicial: pensé que quizás por fin habría llegado el momento de las aclaraciones y declaraciones, pero resultó que la citación era para ordenar mi internamiento psiquiátrico sin realizarse consulta alguna respecto a la situación; así, salí esposado conducido por la policía hacia urgencias del hospital (ni siquiera se me permitió ir a retirar el vehículo del aparcamiento de pago donde lo había dejado). En urgencias hubo un incidente: el especialista de guardia planteó la necesidad de sedación para hacer el posterior traslado al centro. Me negué, estaba sentado e indiqué que no sería necesario pues iría tranquilamente, tal como había estado en el Juzgado, tal como había llegado hasta allí y tal como estaba allí contestando sus cuestiones; incluso solicité presencia policial para que fueran testigos de la situación; me levanté para irnos; se avalanzaron sobre mi cuatro o cinco vigilantes de seguridad privados que ya estaban preparados al efecto, tirándome al suelo para inyectarme el sedante, que también estaba preparado al efecto, es decir, que ya era tal el propósito; previamente habían estado comentando entre ellos en el exterior de la sala sobre la presencia de un loco en la misma, etc: es más, creo recordar que fueron los mismos vigilantes de seguridad quienes impelieron al joven médico de guardia a aplicar la sedación. Durante la operación, uno me colocó un brazo en el cuello que a punto estuvo de provocarme la asfixia: intenté comunicarlo, pero no podía hablar y tampoco se me atendió. Desperté atado a la cama ya en el centro psiquiátrico; como curiosidad, cuando solicité que me desataran lo hizo una enfermera sin presencia de seguridad alguna. Al parecer, se indicó posteriormente que había sufrido una crisis nerviosa y había sido necesario el uso de la fuerza para reducirme: otra falsedad más que no dudan en defender para justificar actuaciones irregulares; de hecho, cuando el Juez me comunicó la situación lo hizo en un despacho a solas conmigo, posteriormente estuve esperando tranquilamente en el pasillo la llegada de la policía; cuando me esposaron simplemente pregunté sin aspavientos si era necesario; hice el viaje absolutamente en calma y ya en el hospital contesté tranquilamente a las cuestiones del médico de guardia: no hubo crisis alguna en ningún momento; eso sí: creí estar en derecho a negarme a la sedación, obviamente no era necesaria, pero decidieron aplicarla por la fuerza.

Así está el patio. Casualmente, la empresa de seguridad a la que pertenecían adquirió una de las empresas que se citan en la que prestaban sus servicios algunos de los involucrados (y en la que yo había estado contratado) y que también ofrecía servicios de seguridad (vigilancia presencial en edificios públicos y privados, detección de intrusión y alarmas, videovigilancia, localización de móviles y vehículos, etc).

Describir unas circunstancias por muy difícil de creer que sean y opinar al respecto no es delirar. Una persona puede asegurar que ha presenciado milagros, ovnis, posesiones diabólicas, fenómenos paranormales, apariciones y desapariciones de objetos en cajas cerradas, etc: no tienen por que ser ideas delirantes a no ser que al mismo tiempo se den otros condicionantes. Obviamente, para aclarar la situación siempre es necesario el adecuado estudio detallado de la misma, lo cual no está ocurriendo en este caso. Los buenos especialistas en la materia, los que practican el análisis minucioso y la valoración documentada de las distintas posibilidades, indican la dificultad de determinar a ciencia cierta cuando se está ante un delirio: no basta que la situación sea increíble sino que al mismo tiempo hay determinados factores determinantes que deben concurrir; en este caso no concurren. Por ejemplo, una característica significativa de un estado delirante es que aunque al individuo se le demuestre que sus apreciaciones no son como él cree, se mantiene firme en su postura. Al respecto, resulta curioso que el mismo psiquiatra del centro y en referencia al reiterado golpeo que se producía en tempranas horas de la mañana desde un piso colindante, a pesar de haberle dicho que había más personas que habían oído los golpes, manteniéndose necia o interesadamente en su postura plasmó en su informe: "posibles alteraciones de la sensopercepción en forma de alucinaciones auditivas". Realmente sí es para alucinar. ¿Es motivo suficiente para sospechar también de este profesional o sería una paranoia tal recelo? ¿Se podría asimismo sospechar que otros diagnósticos, informes y situaciones pudieran ser de similar intencionalidad, con la gravedad que esto supondría?. En el informe, sin haber analizado en detalle y una por una las circunstancias, esa indicación intencionadamente falsa de posibilidad de alucinaciones auditivas se acompañó de ideación delirante de perjuicio bien estructurada y ausencia completa de conciencia de enfermedad: tal fue el dictámen que se comunicó al juez que habia ordenado el ingreso y que también "pensaba" que se trataba de un trastorno por ideas delirantes aún sin haber hecho consulta ni análisis alguno de la situación. En cualquier caso, quizás debería haber especificado que se trataría de alucinaciones colectivas puesto que se le dijo que había mas personas que habían oído los golpes.

Otra situación significativa: el psiquiatra me indicó la conveniencia de asistencia al psicólogo, al cual acudí; para hacer su labor (febrero 2008) este especialista partió de los diagnósticos psiquiátricos referidos a este caso que había en la carpeta con mi historial (a los que se ha hecho referencia anteriormente); asumió que era lo que en ellos se indicaba, no se planteó la posibilidad de que pudieran ser incorrectos o interesados, sino que los defendió desde un principio sin intentar siquiera hacer su propia valoración o estudio. Aunque intenté que analizáramos la situación más detallada y razonadamente comentando punto por punto la misma, se mostró intransigente al respecto: aseguró que no valía la pena ponerse a discutir puesto que cada uno defendería su postura igual que si se tratara de una discusión sobre política; así, aún sin conocer a fondo el caso, ya iba a piñon fijo: no tenía intención alguna de reflexionar sobre la situación. Quizás aunque le presentara informes de otro u otros especialistas rebatiendo el diagnóstico, consideraría que seguíría siendo como una discusión sobre política y posiblemente, tratándose de una simple diferencia de opiniones, se vería condicionado a defender los dictámenes de sus colegas de departamento con quienes comparte el dia a dia. Aunque intenté comentarle alguna de las anormales circunstancias, no deseó tenerlas en consideración y defendió la anomalía mental; sin haber analizado la situación, sin ni siquiera saber si había pruebas o testigos de la misma, su labor como profesional en esa materia y su informe (otro más) para mi historial, interesadamente o no, iba a partir de un estado delirante-paranoico no de un aparente acoso psicológico y sus repercusiones. Incluso aportó una sencilla explicación para la situación: comentó que en estos casos se trataba de ciertas alteraciones en las conexiones del cerebro que provocaban que yo creyera lo que creía sin ser verdad. ¿?. Ahora bien, ¿tendrán algo que ver esas conexiones cerebrales con, por ejemplo, haber visto en aquellos entornos a un tio haciéndome cortes de manga por la espalda, o diciéndome vete a tu tierra, o ver como me negaban el saludo, u oir a un jefe designarme despectivamente de moro o moramen, o ser objetivo de otras indirectas o comentarios así como de gesticulaciones intencionadas o haber aguantado un reiterado golpeo en paramentos en el domicilio durante un prolongado periodo de tiempo con las especiales características señaladas, etc?. Así, la consideración delirante sobre el tema resulta como la bola de nieve que se va haciendo más grande a cada momento al rodar por la ladera nevada o como el rumor vilipendiador que se expande de boca en boca; los profesionales no intentan evaluar en profundidad la situación sino que se dejan llevar o participan interesadamente en la misma: es lo que se puede considerar un "efecto dominó o efecto alud", aunque en este caso la posible intencionalidad le confiere mayor gravedad. Por otra parte y en referencia al golpeo en paramentos, cuando le comenté que otro especialista había reflejado en su informe la posibilidad de existencia de alucinaciones auditivas aún habiéndole dicho que había más personas que habían oído los golpes, rió la situación quitándole importancia. ¿?.

Así, es obvio que la pretensión es que tome conciencia de una enfermedad mental inexistente asumiendo que la situación de acoso denunciada se trata de alucinaciones provocadas por conexiones cerebrales anómalas. ¿?. ¿Serán estos especialistas los que quizás por deformación profesional sufran alteraciones muy graves de la realidad, o símplemente son negligentes o corruptos? ¿La rutina de su trabajo les impedirá ver más allá de delirios, obsesiones y paranoias o simplemente se trata de actuaciones interesadas?. Respecto a la situación que se expone podrían plantearse muchas hipótesis o teorías y ninguna de ellas serían delirios sino posibilidades reales.

Queda claro que el propósito respecto a este caso de acoso es defender la ideación delirante y la falta de conciencia de enfermedad, indicando que las circunstancias que se describen son irreales existiendo solo en una imaginación delirante. ¿?. Posiblemente no puedan permitir que se trate de un acoso, sino que necesariamente debe parecer un delirio: de hecho se está intentando por todos los medios. ¿Por qué?. ¿Podría ser por tratarse de materia penal y estar involucrado algún adinerado relacionado con los entornos referenciados?. En cualquier caso, ¿qué diagnóstico pueden hacer si no saben lo que está pasando ni se interesan lo más mínimo en ello?.

Cabría plantearse cuales podrían ser, aparte de las intenciones, los efectos de estas actuaciones: se podría considerar el caso de cualquier persona que fuera objeto de acoso (escolar, laboral, inmobiliario, sexual, xenófobo, homófobo, político, etc) y los especialistas correspondientes le dijeran que se trata de ideas delirantes, de alucinaciones suyas, sin haberse interesado lo mas mínimo en los detalles de la situación. Obviamente se agravarían sobremanera las repercusiones propias del proceso acosador: humillación moral, sentimiento de culpabilidad y de amenaza, estrés, ansiedad, tensión nerviosa, efectos fisiológicos asociados, reacción paranoide, trauma psicológico, tortura psicológica, etc, acarreando consecuencias muy negativas para la víctima, máxime si advierte que puede tratarse de una situación intencionadamente injusta. Son esos especialistas los que se dedican al estudio de este tipo de casos por lo que conocen perfectamente las posibles repercusiones: con conocimiento de causa podrían estar provocando un grave daño moral, psicológico, psíquico y/o físico a la víctima.

En cualquier caso, se asume que en este tipo de situaciones pueden generarse apreciaciones erróneas y quizás actitudes paranoides puntuales: debido a la desconfianza que se produce se tiende a sospechar de muchas cosas, pero no es razón suficiente para considerar que la situación en su conjunto sea un deliro-paranoia ni para que las autoridades se desentiendan como si fuera un problema producto exclusivo de la imaginación.

En la denuncia está incluida la posibilidad de control telefónico en base a determinados indicios: realmente creo que pudo existir ese control (hay base suficiente para la sospecha); pero también se denuncia la posibilidad de uso de ciertos medios de captación que pudieran provocar interferencias electromagnéticas debido a los anormales movimientos de la pantalla del ordenador en varias ocasiones (con SAI instalado): en este caso creo que esa posibilidad sería factible aunque no probable, pero de todas formas, debido a las extrañas circunstancias y aunque pudiera parecer excesivo, decidí ponerlo también en conocimiento de las FSE por si ese detalle fuera significativo. Obviamente, si no fuera por las especiales circunstancias concurrentes probablemente esa situación no hubiera tenido mayor importancia y no habría sido denunciada. Posiblemente, por la improbabilidad de esta y otras circunstancias similares y aún sin consulta o aclaración alguna al respecto, quizás alguien prefirió considerar paranoias tales supuestos o posibilidades. Y con ello, quizás se haya preferido meter todo en el mismo saco y considerar una perogrullada fruto de una mente enferma todo el conjunto de sucesos.

En cualquier caso, se pone de manifiesto que la actuación de esos funcionarios de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad así como de Sanidad del Estado no es la que sería deseable; la recomendación de esas entidades siempre ha sido poner en su conocimiento sin dudarlo todos los sucesos o síntomas anormales que puedan ser motivo de sospecha, es de suponer que para ser analizados convenientemente; ahora bien, la realidad está siendo bien distinta: aparentemente en este caso el propósito puede ser la desatención y la coacción para que se desestime la denuncia de las circunstancias, lo cual sería especialmente grave.

Por otra parte, es contraria a derecho la privación de libertad en forma de reclusión en una institución de régimen de internamiento similar al de una cárcel, a modo de detención ilegal sin información de los derechos que asisten al detenido, sin una vista previa en la que puedan hacerse alegaciones con la asistencia de abogado que ampare los derechos del interesado. Quizás podría haber presentado otros tantos informes y alguno más de varios especialistas distintos para rebatir los aportados por aquellos supuestos "profesionales". Se trata de la libertad y derechos de la persona que garantiza la Constitución: obviamente nadie puede ser secuestrado por un Juez sin motivo suficientemente justificado y sin que haya lugar a alegaciones, resultado de jugar con la Ley no de aplicarla racionalmente. En este caso no hay ni un solo motivo que justifique una orden judicial de ingreso psiquiátrico para valoración y en cambio hay muchos para que se investiguen debidamente las circunstancias. Aparentemente es un abuso autoritario manifiesto. En un Estado de Derecho, ¿tienen los jueces carta blanca para hacer lo mismo con cualquiera en cualquier momento, tal como se hace por cuestión de ideología política, homosexualidad, diferencia racial, etc en regímenes dictatoriales o tal como hacen en regímenes democráticos funcionarios de la autoridad fanáticos o corruptos, cuando basta que el individuo sea cuestionado o reprobado por cualquier motivo para privarle de libertad encerrándole en una cárcel o en un centro psiquiátrico sin necesidad de vista alguna?.

La experiencia demuestra que sigue habiendo muchas formas de jugar con la Ley. Quizás pretenda ser la panacea a situaciones comprometedoras de influyentes y corruptos: basta firmar una enfermedad mental del objetivo-víctima para que todas sus inquietudes, recelos y sospechas, pasadas, presentes y futuras, sean consideradas invenciones, desvaríos, disparates, locuras, siendo así el cabeza de turco perfecto para determinadas situaciones. El compendio de sucesos al menos da que pensar: tal es la realidad que vivimos y en la que nos encontramos y puede ser una situación muy peligrosa contra los derechos y libertades fundamentales. Quizás en algunos casos se podría intentar evitar el inicio de acciones por la posible repercusión negativa que pudiera tener en la imágen de los instigadores e involucrados cuando se trata de personas de cierta relevancia, sin tener en cuenta el perjuicio premeditado que éstos ocasionan a las víctimas.

Es inevitable que bajo situaciones de aparente acoso pueda llegar a generarse cierta obsesión e incluso alguna paranoia puntual debido al recelo, a la desconfianza que se genera en tales casos, pero no es excusa para considerar que la situación en su conjunto constituye exclusivamente un trastorno delirante-paranoico, posiblemente con el propósito de eludir la obligada atención a la víctima y lavarse las manos al respecto. Y en cualquier caso, también los delirantes-paranoicos deben ser atendidos adecuadamente: en caso de ser víctimas de amenazas, estafas, timos, acosos, vejaciones, etc, tienen todo el derecho, como cualquier otro ciudadano, a denunciar la situación, a ser escuchados imparcialmente, a ser creídos y a que se apliquen todas las medidas que al respecto establezca la Ley. ¿O cualquier suceso en su contra que puedan describir será automáticamente considerado un desvarío o una alucinación sin necesidad de ser estudiado y analizado con un mínimo de propiedad y respeto?. Así, aún considerando la posibilidad de que pudiera existir alguna forma de delirio o paranoia, los sucesos deberían ser investigados con el adecuado interés desde un principio por aquellos cuya obligación es tal, lo que habría de suponer cuando menos el necesario contacto para realizar las debidas y necesarias consultas y aclaraciones desde un principio para examinar detalladamente los hechos, lo cual no ha sucedido en ningún momento. Al exponer una idea, teoría o planteamiento siempre puede haber lugar a distintas interpretaciones, por ello se hacen necesarias las aclaraciones: solo se busca dilucidar la situación con un estudio pormenorizado en el lugar adecuado, para eso están los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad así como de Sanidad del Estado, pero podría parecer que en este caso el deseo fuera impedirlo y encubrirlo. Mientras, el tiempo sigue pasando.

Podríamos suponer un robo, abuso, violación, etc de una persona bajo efectos de sustancias como la burundanga o escopolamina (por ejemplo) que anula la voluntad y provoca amnesia sobre los acontecimientos (u otros fármacos similares de los que afectan a los recuerdos, memoria, etc, incluso de forma más o menos inmediata). Analizar e investigar adecuadamente la situación o tratarla como un delirio/perogrullada de la víctima solo depende de la profesionalidad de quienes la atiendan, de la voluntad o desidia que presenten en sus cargos u ocupaciones. ¿Se pretenderá que el delirio y la falta de conciencia de enfermedad sean la excusa ideal para el delito perfecto, el remedio para determinadas situaciones espinosas e incluso otorgue carta blanca para el libre puteo al objetivo? Obviamente, cuando se deseen considerar los hechos y la intencionalidad como "increíbles o de difícil demostración", todas las acciones de hostigamiento contra un objetivo-víctima podrían ser consideradas delirios o paranoias: sería la tortura psicológica ideal con la que intentar minar y doblegar su voluntad; ¿podría quedar impune?.

Se podría considerar que sería como un típico caso de adolescentes de colegio; amparándose en un grupo, uno le da una colleja a otro por la espalda o le esconde la carpeta, etc; cuando el objetivo pregunta por el hecho, niegan que haya existido tal y le tildan de delirante. En adelante, la coña del grupo estará en el loco que alucina con delirios-paranoias. Si la víctima da cuenta de los sucesos a la autoridad del centro puede que ésta no desee involucrarse por parecerle una niñería o por miedo a que aquel grupo le pinche las ruedas del coche; e incluso si el cabecilla del grupo es el típico engreído ladilla maquiavélico de familia influyente (la influencia suele ser una característica adscrita o inherente al capital), para la autoridad siempre será más conveniente procurar su amistad que enfrentarse a él por el perjuicio o pérdida de beneficio que le puede ocasionar. Así, quizás esa autoridad intente coaccionar o convencer al agredido para que se olvide del tema o incluso que asuma que los sucesos son alucinaciones suyas. En cualquier caso otra cuestión a plantear sería lo que se pretendería con ese capón: provocar a la víctima, intentar humillarle o atemorizarle, mostrar un amor sadomasoquista, sería el resultado de una instigación o conspiración, la consecuencia de una apuesta ...; incluso, por ejemplo, si se produjera al bajar unas escaleras, podría pretenderse que el objetivo se despistara, perdiera pie y se abriera la cabeza en la caída. No solo hay que analizar la 'tontería', sino lo que se puede pretender con la misma: podría ser más grave la intención con que se acomete la acción que la propia acción en sí misma. Y muchas veces, como las putaditas y agravios entre vecinos enfrentados, bandas rivales, familias mal avenidas, etc, hay situaciones que duran toda la vida y no son delirios-paranoias.

¿Por qué en este caso, ante una situación de aparente acoso organizado y extendido, de varios años de duración, con las graves peculiaridades descritas, ni siquiera se han intentado aclarar las circunstancias o recabar más datos desde un principio y sí en cambio, ante la insistencia en la denuncia de los anormales sucesos aparentemente relacionados con la situación, se plantea una valoración de la salud mental ordenándose el ingreso en un centro psiquiátrico (posiblemente con propósito coaccionador), se miente en los informes y se continua con la pasividad al respecto ya bajo la justificación de una falsa situación delirante avalada por profesionales al servicio de quienes contienen o retienen la denuncia y que prefieren plantear la duda o inverosimilitud de los acontecimientos denunciados antes que analizarlos o investigarlos debidamente como es su obligación?.

Segunda (y última) consulta a aquel especialista en psicología (Abril-2008). Nuevamente incidió en la anomalía en las conexiones cerebrales. Insistí en las situaciones y hechos reales de aparente acoso; relaté algunos de ellos: las actitudes de desconsideración, las indirectas y comentarios, el seguimiento, el golpeo en paramentos, etc ...; no estaban todos pero eran suficientes para dar idea de la situación. Le pedí que para hacer su trabajo correcta e imparcialmente se olvidara de la carpeta con los informes anteriores y partiera de cero para hacer su propia valoración de la situación (como si hubiera acudido directamente a él a exponer las circunstancias sin pasar previamente por ningún otro especialista): dijo que eso no podía ser y se empeñó nuevamente en las conexiones cerebrales anómalas. Obviamente, al parecer, todas las acciones de acoso de las que yo pudiera ser objetivo o cualquier anormal suceso que en el resto de mi vida me pudiera ocurrir, para este especialista sería ideación delirante. ¿?. Ante esa postura, le indiqué que yo no era quien para explicarle como debía hacer su trabajo y le aconsejé la consulta de documentación al respecto avalada por psiquiatras y psicólogos, colegas suyos de profesión, en la que se analiza el tema del acoso psicológico y comprobara el enfoque que se le da en todos los casos y cómo se acometen este tipo de situaciones, especialmente en cuanto a la afectación de la salud, y que cotejara si los hechos que se describen podrían corresponder a una situación de tal tipo, respecto a lo cual yo afirmo que es así. Insistía en la anomalía mental. Preguntó si la situación estaba denunciada y en qué estado estaba la denuncia; cuando le contesté que eso era asunto mío exclusivamente y que no tenía mayor relevancia para que él hiciera su trabajo de análisis de las circunstancias, me contestó que esa actitud de desconfianza era producto de la paranoia. A tener en cuenta que el estado de la denuncia es algo que no le compete: su labor es analizar los hechos concretos de la situación de acoso y las consecuencias y repercusiones en lo concerniente a su especialidad, algo que no realizó en ningún momento. Así, hube de despedirme de tales "especialistas en salud mental": no era normal tal necedad y cerrazón; intentar dialogar o razonar con ellos era como hacerlo con un tocho de madera.

Cabría plantearse si la postura de esos profesionales y autoridades sería la misma de ser ellos mismos o sus familiares más próximos los objetivos/víctimas de una situación similar. Resultaría curioso saber qué opinarían y harían un Juez, un Fiscal, un Policía, un Psiquiatra, un Psicólogo, etc, si entre otras muchas cosas, algunos de sus compañeros y/o superiores instigaran en su contra; les hicieran el vacío; mostraran actitudes de desdén para rehuir la comunicación y relación; les negaran el saludo; les hicieran cortes de manga a sus espaldas; les dijeran "vete a tu tierra" al paso frente a su despacho; les designaran desconsideradamente de "moro o moramen"; aludieran despectivamente a su ideología política democrática; fueran objeto de rumores intencionados, comentarios o indirectas y gesticulaciones desconsiderativas tanto en su entorno laboral como en su entorno residencial (incluso con la participación de necios pendencieros metidos a agentes de la benemérita, cómplices de los instigadores en la zona, que utilizan un entierro para la práctica del hostigamiento verbal; fueran seguidos por la calle; asaltaran la parcela de su vivienda unifamiliar por la noche en ocasiones para golpear las paredes; tuvieran un vecino en un piso colindante que durante meses golpeara paramentos por la mañana temprano y comprobaran como en prácticamente todas las ocasiones se detenían de inmediato los golpes al moverse en la cama; confirmaran el cese del golpeo durante una temporada justo desde el dia siguiente de denunciar la situación en la policía (que casualidad); verificaran como en una época en la que había cesado el golpeo se producía éste casualmente algunos dias concretos en los que tenían que acudir a citas que habían concertado previamente por teléfono; oyeran en alguna ocasión como al unísono con los tonos de espera de su auricular telefónico sonaba el timbre de un teléfono en el mismo piso donde se producía el golpeo; fueran desatendidos por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, viendo como pasaba el tiempo sin que ni siquiera se intentara aclarar mínimamente la situación e incluso al cabo del tiempo y ante la insistencia en la denuncia, se ordenara la evaluación de su salud mental; fueran desconsiderados por un forense en una pretendida valoración y para colmo se les diagnosticara (intencionadamente) ideación delirante y psicosis paranoide, siendo objeto de reclusión psiquiátrica bajo una extralimitada orden judicial; etc. Es totalmente seguro que no verían trastorno delirante alguno sino un grave acoso y que no considerarían que se trata de una perogrullada o del producto de la imaginación de una mente enferma, sino de una seria situación en su contra y como tal la denunciarían. Y obviamente, esperarían ser atendidos con propiedad por los funcionarios correspondientes y que se dispusieran los medios necesarios (tal como establece la Ley) para intentar solucionar la situación de una forma coherente y satisfactoria.

CONSIDERACIONES SOBRE TRASTORNOS DELIRANTES Y PARANOIAS

Trastorno psicótico: enfermedad en la que se produce un quiebro de la realidad y el sujeto crea una nueva dentro de su mente. En este caso los hechos son reales y comprobables en gran parte; aunque alguno fuera casual o erróneo no desvirtúa lo demás, que es evidente.

La base de las ideas delirantes y la paranoia es que parten de creencias y percepciones falsas. En el trastorno delirante el sujeto está totalmente seguro de la certeza de sus creencias falsas y no se le puede convencer de su error mediante el razonamiento lógico. Curiosamente, esa es la postura que han mantenido esos especialistas: cerrarse en banda y no admitir argumentación ni justificación alguna sobre la realidad que concurre, que ni conocen ni se han interesado en conocer, aclarar ni analizar lo más mínimo (y si la conocen resulta obvio que desean falsearla y encubrirla).

Ideación delirante: creencia de un sujeto que se basa en una evaluación incorrecta de la realidad exterior y que sostiene en forma inamovible; creencia falsa sobre la realidad externa que se mantiene firmemente a pesar de que los demás estén en desacuerdo y se obtengan pruebas y evidencias indiscutibles en su contra; ideas erróneas o falsas con convicción de realidad total, irrefutables ante la crítica exterior, persistentes en el tiempo; percepciones de naturaleza extraña que no se corresponden con la realidad; alteración del contenido del pensamiento, ideas que habitualmente implican una mala interpretación de las percepciones o las experiencias; sobrevenida de forma patológica, enfermiza, que es errónea y que, además, resulta irrebatible a toda argumentación. En la idea delirante patológica se presenta una total certeza subjetiva, incorregible, irreversible, no modificable ni siquiera con la experiencia del sujeto, siendo imposible el contenido de la idea.

La idea errónea, falsa, sobrevalorada u obsesiva es distinta a la idea delirante, al igual que la sospecha o el recelo (aunque sean prolongados) son distintos a la paranoia si tienen fundamento. Se considera una idea delirante cuando el sostenimiento de la misma está basada en fantasías que se convierten para el individuo en certeza absoluta contrariando toda lógica y credibilidad. Ejemplo: creer en que va a tocar la lotería puede ser una idea equivocada, pero mantener esa idea con firmeza y convicción es idea delirante.

Paranoia: psicosis generalmente crónica que se organiza como desarrollo delirante, es decir, bajo creencias y percepciones falsas; trastorno mental que consiste en la aparición de ideas delirantes de evolución crónica. Provocan que, con el tiempo, se construyan ideas patológicas alrededor de la vida del sujeto que las produce. En la paranoia, la temática del delirio es el perjuicio: suele ser un delirio bien estructurado en el sentido de que el sujeto que lo padece se siente víctima de las acciones de una persona o grupo; cree que actúan en su contra con ánimo de perjudicarlo, con un entramado argumental comprensible, pero no real, con el que intenta justificar su delirio. El individuo, a partir de una falsa premisa teje un delirio perfectamente sistematizado. En la paranoia el delirio es estructurado, con ideas fijas y estables, bien organizadas y con cierta coherencia interna, con "visos" de realidad. Ideación Paranoica: ideas delirantes que tiene el sujeto por las que cree que está siendo atormentado o injustamente perseguido.

Una paranoia puede ser, por ejemplo (tal como explican especialistas en la materia), el caso de un trabajador que interpreta de forma errónea el comentario inocente entre dos compañeros y a raíz de ello empieza progresivamente a recelar y a sentirse perseguido. En el presente caso, las actitudes de desconsideración y hostigamiento en forma de alusiones, gesticulaciones, etc, que se relatan ocurridas en los entornos referenciados (tales como el intencionado corte de mangas, la negación del saludo, el 'vete a tu tierra', el despectivo 'chupa moro chupa' y 'moramen', etc), además de las demás situaciones descritas (como el reiterado golpeo diario, etc, etc) que son reales y objetivamente constituyen la punta del iceberg de la situación, no son sucesos inocentes o casuales sino que son circunstancias malintencionadas que dan perfecta muestra de una aparente situación de acoso psicológico que probablemente persigue la afectación y perjuicio. Y aunque los involucrados negaran los hechos o la víctima no tuviera pruebas o explicación lógica para los mismos, no pueden ser tildados sin más de falsas realidades o alucinaciones.

Y por supuesto, es del todo imposible hacer una valoración correcta o válida sin analizar mínimamente los pormenores de la situación, algo que hasta el momento no se ha hecho en este caso. Discernir con propiedad solo es cuestión de realizar el adecuado análisis detallado. Plantear sospechas o recelos sobre distintas situaciones continuadas no tiene por que ser delirio o paranoia, máxime cuando hay indicios suficientes para la desconfianza, cuando la duda es objetiva, fundamentada y consecuente.

Respecto a esos 'especialistas' cabrían dos consideraciones al respecto: la negligencia profesional o la coautoría. En ambos casos se trataría de circunstancias serias, pero la intencionalidad sería especialmente grave. Resultaría curioso que se tildara de loco al objetivo para encubrir la locura de instigadores e involucrados en un proceso acosador. Se podría pensar que para ellos no existirían los casos de acoso, mobbing, bossing, bullying y las consecuencias asociadas: todo serían delirios y paranoias de las víctimas. ¿? Si a raiz de un aparente proceso acosador no se desea tener en cuenta la probabilidad de afectación psíquica, psicológica y/o física de la víctima por tal situación en sí misma y por otras habitualmente asociadas que discurren paralelamente (repercusiones sociales, laborales, familiares, etc), considerándose además ideación delirante, el tema es muy grave. Vendría a ser como que un tumor fuera considerado una hipocondría y cuanto más insistiera el paciente en que se realizaran las pruebas y análisis oportunos, más severa considerarían tal afección neurótica.

Por esta experiencia, quizás se pudiera plantear que cuando fuera conveniente en función de la involucración de según qué entidades, todos los delitos que cualquier víctima denunciara y no llevara perfectamente probados y resueltos, al parecer podrían ser considerados ideas delirantes o paranoias. Cuando menos, posiblemente el deseo sea desviar la atención para que la situación gire en torno a la posible psicosis de la víctima y no respecto al grave delito y sus consecuencias.

Posiblemente, el prepotente y sarcástico forense del "leelo ... si sabes leer", el agente de la benemérita de las indirectas en el entierro, el juez y/o fiscal que desatienden o archivan casos sin consulta alguna y desean ver delirios incluso ordenando una privación de libertad sin asistencia legal en forma de ingreso psiquiátrico para valoración malintencionadamente incrédula en vez de investigar y tomar declaraciones, los especialistas que falsean informes, el empresario del "moro-moramen" o el individuo del "vete a tu tierra", el vecino del golpeo diario que cesa al primer movimiento (y que curiosamente se interrumpe justo al dia siguiente de presentar denuncia ante las FSE), el individuo que sale de una marquesina de autobús a agitarse las pelotas al paso del vehículo, etc, seguro que podrían dar alguna pista sobre lo que persiguen en este caso concreto.

Resulta muy curioso y sospechoso que se plantee falta de conciencia de enfermedad mental delirante en la víctima y no la falta de conciencia de enfermedad psicopática en los promotores e involucrados en estas circunstancias. En cualquier caso no se pretende polemizar, sino que esta situación sea atendida de la forma adecuada, en el lugar adecuado, por quienes estén adecuadamente legitimados y preparados para ello: tal es el derecho de todo ciudadano. Aparentemente, no ha habido el mas mínimo interés en comprobar y analizar como es debido esta situación, pero sí han puesto especial interés en falsearla y encubrirla. Si aquellas autoridades y profesionales, sin necesidad de mayor análisis ni consultas sobre la situación, "piensan" que se trata de un trastorno por ideas delirantes, los demás (en general y a la vista de las circunstancias) "podemos pensar" que se trata de un caso claro de hostigamiento y corrupción (amén de otros cuantos delitos complementarios a mayores), con involucración características. Una situación grave, no ya por los hechos en sí mismos sino por lo que se pretende conseguir, por los métodos y medios utilizados en el intento y las aparentes involucraciones y colaboraciones.

¿Un camelo o paripé tan burdo como tildar de delirante a la víctima (sin ni siquiera saber lo que está ocurriendo ni interesarse lo más mínimo en conocerlo, indagarlo o comprobarlo como es debido) puede ser en los tiempos actuales la solución ideal o panacea para encubrir marrones de influyentes y corruptos?. ¿Se pretenderá hacer de la situación un delirio para que no exista delito, ni delincuentes, ni omisión del deber de las autoridades de perseguir el mismo y puedan así los corruptos o negligentes participar activamente y hacer la vista gorda al respecto?.

ALGUNOS HECHOS MAS

Algunos ejemplos de mas anormales sucesos reales y comprobables (similares al tema del reiterado golpeo) asimismo puestos en conocimiento de las FSE (que evidentemente no hay que temer denunciar por inverosímiles que puedan parecer las posibles teorías al respecto y las irracionales o malintencionadas consideraciones delirantes que los malintencionados puedan sacarse de la manga).

Durante una muy larga temporada, en el momento de encendido o apagado del PC de sobremesa, coincide en los siguientes instantes el ruido de apertura-cierre de la puerta de la vivienda de un vecino.

Ejemplos. 25/04/06, con el apagado a las 12:15, con el encendido a las 12:30, con el apagado a las 12:35, con el encendido a las 12:50 (encendí y apagué el PC varias veces a propósito para comprobar la coincidencia ... y coincidió, puesto que llevaba ya algún tiempo apreciando tal curiosa coincidencia. 02/05/06, con el encendido a las 9. 15/05/06, con el encendido a las 12:18. 16/05/06, con el encendido a las 13:45, con el apagado a las 14. 17/05/06, con el encendido a las 10:37. 18/05/06, con el encendido a las 9:05. En esta época todavía se producía ocasionalmente el golpeo referido desde una vivienda colindante. 22/05/06, con el encendido a las 21:15. 24/05/06, con el encendido a las 22:40. 01/06/06, con el encendido a las 21:30. 02/06/06, con el encendido a las 9:20. 06/06/06, con el encendido a las 21:40. 08/06/06, con el encendido a las 16:15. 14/06/06, con el encendido a las 9:25. 14/07/06, con el encendido a las 8:15, con el apagado a las 21:30. Etc. 31/07/06, con el encendido a las 21:30. 08/08/06, con el apagado a las 20:30, con el encendido a las 21:20, con el apagado a las 21:25. 16/08/06, con el apagado a las 16:08. 18/08/06, con el encendido a las 15:45. 21/08/06, con el encendido a las 15:35. 27/08/06, con el encendido a las 21:46. 28/08/06, con el encendido a las 8:36. 29/08/06, con el encendido a las 9:15. 05/09/06, con el apagado a las 21:10, con el encendido a las 21:35. 06/09/06, con el apagado a las 10:15, con el encendido a las 10:35. 13/09/06, con el encendido a las 8:25, con el apagado a las 9:10. 18/09/06, con el apagado a las 20:25, con el encendido a las 20:50. 22/09/06, con el apagado a las 13. 24/09/06, con el encendido a las 22:30, con el apagado a las 22:45, con el encendido a las 22:50. 25/09/06, con el encendido a las 8:15, con el apagado a las 8:30. 27/09/06, con el encendido a las 20:40. 02/10/06, con el apagado a las 10:44. 03/10/06, con el encendido a las 9:10. 05/10/06, con el apagado a las 13:40, con el encendido a las 13:45. 08/10/06, con el apagado a las 21:30. 10/10/06, con el apagado a las 20:10. 20/10/06, con el encendido a las 9,10. 30/10/06, con el encendido a las 8, con el apagado a las 8:25. 01/11/06, con el encendido a las 9:05. 02/11/06, con el encendido a las 8:38. 06/11/06, con el encendido a las 15:30, con el apagado a las 20:30. 09/11/06, con el encendido a las 18:10. 14/11/06, con el apagado a las 16:10. 15/11/06, con el encendido a las 19:20. 19/11/06, con el apagado a las 20:10, con el encendido a las 20:45. 20/11/06, con el encendido a las 9:55. 29/11/06, con el encendido a las 9:50. 04/12/06, con el apagado a las 13,45. 13/12/06, con el encendido a las 9:24. 17/12/06, con el apagado a las 19,17. 19/12/06, con el encendido a las 12,49, con el apagado a las 13,20. 23/12/06, con el encendido a las 21:08. 27/12/06, con el encendido a las 9:10. 28/12/06, con el encendido a las 18:30. 08/01/07, con el encendido a las 16:10. 11/01/07, con el encendido a las 9:25, con el apagado a las 13:35. 17/01/07, con el encendido a las 21:18. 18/01/07, con el encendido a las 12:08. 19/01/07, con el apagado a las 9:30. 22/01/07, con el encendido a las 15:50. 28/01/07, con el apagado a las 21:54. 29/01/07, con el encendido a las 21:08. 31/01/07, con el encendido a las 9:30, con el encendido a las 15:30, con el apagado a las 20:10. 06/02/07, con el encendido a las 15:35, con el encendido a las 21:15. 07/02/07, con el encendido a las 20:06, con el encendido a las 20:51. 08/02/07, con el encendido a las 7:55. 10/02/07, con el apagado a las 15:05, con el apagado a las 20:05. 13/02/07, con el encendido a las 16:46, con el encendido a las 19:25. 19/02/07, con el encendido a las 9:09, con el encendido a las 16:20. 20/02/07, con el encendido a las 9:09. 22/02/07, con el encendido a las 14:20. 26/02/07, con el encendido a las 12:45. 27/02/07, con el encendido a las 8:08, con el apagado a las 20:48. 28/02/07, con el encendido a las 20:25. 05/03/07, con el encendido a las 16:05. 06/03/07, con el encendido a las 13:25. 07/03/07, con el apagado a las 20:30. 09/03/07, con el encendido a las 21:30. 13/03/07, con el encendido a las 8:35. 14/03/07, con el apagado a las 11:50. 15/03/07, con el encendido a las 15:05. 18/03/07, con el encendido a las 22:30. 22/03/07, con el apagado a las 13, con el encendido a las 13:43. 26/03/07, con el encendido a las 20:55. 27/03/07, con el apagado a las 13:45, con el encendido a las 15:44. 29/03/07, con el apagado a las 20:20, con el encendido a las 23:25. 11/04/07, con el apagado a las 17:36, con el encendido a las 18:51, con el encendido a las 22:30. 12/04/07, con el encendido a las 8:34. 13/04/07, con el encendido a las 8:34, con el encendido a las 15:50. 16/04/07, con el encendido a las 15:46. 18/04/07, con el encendido a las 8:45. 19/04/07, con el encendido a las 15:29. 20/04/07, con el encendido a las 9. 25/04/07, con el encendido a las 8:30, con el encendido a las 21:30. 26/04/07, con el apagado a las 14. 02/05/07, con el apagado a las 17:46. 04/05/07, con el encendido a las 10:35. 16/05/07, con el encendido a las 8:10. 22/05/07, con el encendido a las 9:20. 23/05/07, con el apagado a las 20:30. 05/07/07, con el encendido a las 16:25. 09/07/07, con el apagado a las 21:15. 06/08/07, con el apagado a las 20:25. 07/08/07, con el encendido a las 16:45. 09/08/07, con el apagado a las 17:10. 13/09/07, con el encendido a las 17. 20/09/07, con el encendido a las 15:20. 08/10/07, con el apagado a las 21:50. 09/01/08, con el encendido a las 10:52. 11/01/08, con el encendido a las 16:18. 20/01/08, con el apagado a las 21:15. 21/01/08, con el apagado a las 20:35. 22/01/08, con el encendido a las 17:06. 30/01/08, con el encendido a las 17:10. 06/02/08, con el apagado a las 20:14, con el encendido a las 20:25. 07/02/08, con el encendido a las 9:15, con el encendido a las 17:08. 13/02/08, con el apagado a las 14:02. 20/02/08, con el apagado a las 20. 22/02/08, con el encendido a las 17:30. 25/02/08, con el encendido a las 17:35. 04/02/08, con el encendido a las 17:34, con el apagado a las 20:35. 08/02/08, con el encendido a las 9:42. 25/03/08, con el apagado a las 13:55, con el encendido a las 17:45. 26/03/08, con el apagado a las 12:20, con el apagado a las 13:50. 27/03/08, con el encendido a las 17:45. 01/04/08, con el encendido a las 14:19. 09/04/08, con el apagado a las 20:25. 15/04/08, con el apagado a las 21. 16/04/08, con el apagado a las 14. 25/04/08, con el apagado a las 20:10. 05/05/08, con el encendido a las 16:30. 06/05/08, con el encendido a las 9:49, con el apagado a las 22:16. 07/05/08, con el encendido a las 14. 15/05/08, con el encendido a las 11:53. 10/06/08, con el encendido a las 20:50. 12/06/08, con el encendido a las 20:11. 14/06/08, con el encendido a las 15:18. 16/06/08, con el encendido a las 21:17; con el encendido a las 23:08. 19/06/08, con el apagado a las 20. 26/06/08, con el encendido a las 23. 27/06/08, con el encendido a las 15:14. 05/07/08, con el apagado a las 19:03. 14/07/08, con el apagado a las 19:16. 16/07/08, con el encendido a las 21:05. 19/07/08, con el encendido a las 10:40 ...

Cabe considerar que tales coincidencias podrían ser casuales (sería una extraordinaria casualidad), pero también es posible que no lo sean. En cualquier caso es una situación real de la que prácticamente el 100% de la gente recelaría, especialmente teniendo en cuenta que una puerta no se abre y cierra continuamente y que el ordenador asimismo no se enciende y apaga con frecuencia, casos en que la coincidencia posiblemente no llamaría la atención. Para cualquier ciudadano sería motivo de sospecha justificada y consecuentemente de denuncia del hecho en derecho. Es obvia la irregularidad de la situación y la sospecha o recelo al respecto no es delirio o paranoia sino un ejercicio de derecho y de responsabilidad. Si esto le ocurriera a un juez, fiscal, autoridad, alto mando policial o militar, etc: ¿denunciaría el hecho?, ¿qué habría de ocurrir ante la denuncia?; lo mismo que ocurriría en ese caso debería ocurrir en este.

Por cierto, durante aquel período del golpeo en paramentos también me apareció pinchada por dos ocasiones una misma rueda del vehículo, estando en el garaje. Aunque los pinchazos fueran casuales, tampoco es deliro-paranoia la sospecha inicial respecto a la posible intencionalidad y relación con el resto de circunstancias. Además, otras pijadillas complementaban la situación: la antena levantada en alguna ocasión, una colilla sobre el portón trasero, un pequeño golpe en el coche en dias posteriores a la denuncia,... También denuncié que encontré abierta alguna vez la barra de seguridad del vehículo, o la ventanilla bajada: respecto a estas últimas circunstancias lo más lógico es pensar que puedan deberse a despistes propios mas que a acciones deliberadas ajenas, pero también creí oportuno incluirlo en la denuncia en aquel momento junto con el resto de circunstancias para que fueran tenidas en cuenta si hubieran de ser tenidas en cuenta, lo cual no implica paranoia alguna sino simple precaución. Por cierto: son circunstancias que no han vuelto a ocurrir; puede ser casualidad o no, pero evidentemente no se puede tildar sin más de delirio-paranoia.


OTRAS CONSIDERACIONES Y OPINIONES

Las circunstancias que concurren no son alucinaciones sino hechos reales, en gran parte comprobables; los involucrados en las mismas tienen nombres y apellidos. ¿Por qué se inventan un delirio en vez de analizar, indagar y comprobar la situación, lo cual además de ser su deber y cometido laboral habría de ser de su interés profesional?. ¿Qué interés tienen en ello?. ¿Es su deseo y propósito encubrir y falsear lo que ocurre?. Si esos que se dicen profesionales son negligentes o irracionales es grave, pero si se trata de malintencionados que usurpan sus cargos para ponerlos a su disposición a su antojo como puede parecer, es especialmente grave.

Es evidente que si ni siquiera intentan aclarar y analizar como es debido la situáción, en modo alguno pueden tildarla de nada y menos de delirio (a no ser que a ciencia cierta fuera irreal o imposible, lo cual no es el caso). Entre todos los sucesos que se denuncian es obvio que algunos pueden ser casuales y alguna hipótesis errónea, pero no anulan ni desvirtúan los demás, que son evidentes.

Cabe preguntarles: ¿cualquiera puede idear una trama maquiavélica, incluso con uso de medios y procedimientos increíbles, para cualquier propósito de causa de perjuicio que se le ocurra ... y será tildado sin más de delirio-paranoia de los objetivos-víctimas porque cualquier supuesto profesional con nómina funcionarial diga que le parece inverosímil?. ¿Qué les parece o consideran "inverosímil" para que se inventen el delirio que se inventan: las circunstancias reales indagables o comprobables que concurren o las hipótesis o posibilidades (que pueden ser certeras) que se plantean al respecto?.

Todos los expertos corroboran que hechos de este tipo son solo la parte visible, la punta del iceberg, de la situación real. En este caso también es así, no sólo porque no se citan todos sino porque detrás de los que se describen hay mucho más que las acciones que se aprecian a simple vista.

Por otra parte, ante la denuncia de una serie de hechos delictivos o aparentemente delictivos es obvio que no pueden limitarse a decir que "no está debidamente justificada la perpetración del delito" sin ni siquiera hacer consulta, aclaración, indagación ni comprobación alguna, como tampoco pueden hacerlo ante la denuncia de cualquier otro delito, presunto delito o indicio delictivo: precisamente su deber y cometido laboral es intentar aclarar, analizar y en su caso comprobar las circunstancias, cosa que en este caso no han hecho y al parecer pretenden evitar. Si un ciudadano acude a una oficina de denuncias a denunciar un atraco o cualquier otro delito, no tiene que realizar previamente la investigación probatoria del hecho motivo de denuncia para justificar la perpetración del mismo antes de poder denunciarlo, sino que son las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado con su personal y medios los que han de interesarse en hacerlo y lo hacen. El derecho del ciudadano es realizar la denuncia, siendo el deber y cometido laboral de las FSE interesarse en recabar y analizar todos los detalles necesarios, etc. En este caso es obvio que lo que realmente y a ciencia cierta no está debidamente justificada es la perpetración del delirio que se inventan y aún así desean imponerlo a su antojo.

¿Es normal que un individuo le diga a otro en un entorno laboral "vete a tu tierra", o le haga cortes de mangas por la espalda, etc, o que un jefe le diga a un empleado "chupa moro chupa" o "moramen", o que salga alguien de una marquesina de autobús a agitarse las pelotas al paso de un vehículo, o que otros individuos realicen la misma gesticulación mientras se mantiene una conversación con ellos, o que alguien golpee paramentos de una vivienda diariamente en horas tempranas con la curiosa y sospechosa particularidad de que cese el golpeo al primer movimiento realizado tras despertar por el mismo, o que se produzcan unos seguimientos, etc?. ¿Es normal que denunciando esas situaciones se tilde de delirante al denunciante y se ordene su privación de libertad para supuesta 'valoración', la cual consiste en mostrarse malintencionadamente incrédulos e incluso sarcásticos al respecto sin intentar analizar nada?. Evidentemente tales actitudes y circunstancias son del todo irregulares y requieren un análisis detallado que están obligados a realizar los profesionales de la Ley y de la Salud. Tildar la situación de 'trastorno o ideación delirante' como lo hacen es indicio suficiente de irracionalidad, negligencia, psicopatía o animosidad.

Delirio-paranoia es creer o tener por verdadera una falsa realidad manteniendo tal creencia contra toda argumentación o razonamiento que demuestre lo contrario. En este caso sobran sospechas fundadas, indicios y evidencias de la situación: la realidad contrastada son los hechos e indicios delictivos así como los sucesos sospechosos que concurren; la falsa realidad es el trastorno o ideación delirante con que se pretende encubrir y falsear las circunstancias incluso sin conocerlas en absoluto ni interesarse mínimamente en ellas. Y todas las teorías, opiniones o posibilidades que se puedan plantear respecto a estos sucesos son tales, no delirios-paranoias. En este caso los delirantes, o mas posiblemente negligentes o corruptos, son quienes tildan de delirio esta evidente situación.

Se puede plantear: si le ocurre lo mismo a un juez, fiscal, autoridad, alto mando policial o militar, etc, ... ¿qué se hace?; obviamente lo mismo que se haría en ese caso (que no sería tildarlo sin más de delirio acompañándolo de una privación de libertad sin asistencia legal para valoración malintencionadamente incrédula) habrían de hacer en éste.

Por ejemplo: ante una situación "inverosímil" como la ocurrida del reiterado golpeo diario en horas tempranas que cesa al primer movimiento, ¿qué hipótesis se pueden plantear?, ¿por qué un profesional dice "posibilidad de alucinaciones auditivas" y no en cambio "posibilidad de uso de tecnologías de captación de movimientos a través de paramentos", máxime cuando se le ha dicho que otras personas han oído el referido golpeo?. ¿Consideran imposible la existencia de tales medios o que alguien pueda usarlos?. Y antes de decir nada, ¿por qué símplemente no comprueban la comprobable situación?.

¿Qué hechos de los denunciados llevan a un juez a ordenar una privación de libertad sin asistencia legal para supuesta valoración del denunciante?. Comentó que él también pensaba que se trataba de un trastorno delirante; no intentó cotejar nada conmigo de lo que tenía sobre la mesa: ¿cuales de todas las acciones "piensa" que son un delirio sin intentar aclararlas, analizarlas ni comprobarlas lo más mínimo: las alusiones y gesticulaciones de esos individuos, el reiterado golpeo en horas tempranas que curiosa y sospechosamente cesa al primer movimiento, los seguimientos, ...?, ¿por qué sencillamente no se indaga o comprueba ya que sin hacerlo tampoco pueden tildarlo de nada?. Cuando ese juez dicte una sentencia condenatoria por algún presunto delito, ¿también será porque piense que el presunto puede ser culpable si alguno de esos supuestos profesionales le dice que a él se lo parece, sin hacer análisis, indagación ni comprobación alguna?.

Todas las circunstancias que se citan son reales y en su mayor parte aparentemente malintencionadas. Con la denuncia de las mismas no se pretende que los profesionales de turno se las crean sin más, sino que las tengan debidamente en cuenta como es su obligación y cometido laboral al igual que respecto a cualquier otra denuncia de cualquier otro tipo. Ante un suceso o situación anormal, irregular, sospechoso, delictivo o presuntamente delictivo cualquier posibilidad o hipótesis puede ser válida y lo que se ha de hacer, cuando menos, es analizarlo con la profesionalidad y minuciosidad debidas comprobando e indagando lo que sea necesario. ¿O símplemente pueden hacer lo que les de la gana pretendiendo además que sea el ciudadano el que tenga que hacer la labor por la cual esos supuestos profesionales tienen nómina funcionarial?.

Un delirio-paranoia es creer o tener por verdadera una falsa realidad manteniendo tal creencia contra toda argumentación o razonamiento que demuestre lo contrario. En este caso sobran indicios, sospechas fundadas y evidencias de la situación: la realidad contrastada son los acontecimientos que concurren y se describen (además de algunos otros a mayores), no el trastorno o ideación delirante que se inventan y con el que se pretende encubrir y falsear las circunstancias. Y evidentemente, todas las teorías, opiniones, hipótesis o posibilidades que se puedan plantear respecto a estos sucesos son tales, no delirios-paranoias.

La realidad no es lo que esos supuestos profesionales deseen elucubrar, idear o imponer sobre la misma sin comprobarla lo más mínimo, sino lo que ocurre verdaderamente; en este caso lo que ocurre realmente son los sucesos que se describen, de los cuales alguno puede ser casual o erróneo pero los demás son evidentes.

En este caso lo único "inverosímil" es el delirio que se inventan sin más esos que se dicen profesionales: las circunstancias que concurren son reales y se pueden analizar, indagar o comprobar.

Todos los jueces, fiscales, investigadores y toda persona en general saben y entienden que siendo circunstancias que se pueden analizar, indagar y comprobar como es debido en modo alguno pueden tildarse sin más de delirio. Asimismo, que ante cualquier situación irregular cualquier hipótesis mínimamente coherente puede ser válida y hasta certera. Así, ¿qué son estos que se dicen profesionales?, ¿para quién trabajan?, ¿quién mueve sus hilos de marionetas?, ...

Al igual que unos trafican con influencias y trapichean con adjudicaciones, concursos, recalificaciones urbanísticas, comisiones o mordidas, etc, otros lo hacen en cuestiones legales con derechos y libertades; ¿es éste uno de esos casos?: a todas luces lo parece puesto que mi recalificación de persona normal a delirante a todas luces es un amaño y una corruptela; ¿qué corruptos la han amañado?. ¿O tal cuestión la incluirían en el delirio-paranoia que se inventan al efecto?.

Una tontería: si alguien con mala idea tuviera la ocurrencia de utilizar un aparato antibotellón (de los que emiten zumbidos en frecuencias que solo oyen los jóvenes y no los adultos) contra un adolescente en su domicilio, probablemente esos supuestos profesionales calificarían al objetivo de esquizofrénico sin aclaración, indagación, comprobación ni duda alguna (quizás por considerar imposible cualquier otra posibilidad o animosidad).

Es obvio que si esos supuestos profesionales no conocen la situación ni analizan minuciosamente las circunstancias con las aclaraciones, indagaciones o comprobaciones debidas, tampoco pueden tildarlas de delirios, alucinaciones ni psicosis alguna. Ante cualquier situación irregular, e incluso ante la que parezca más normal, hasta la posibilidad mas increíble, la hipótesis mas disparatada o el razonamiento mas maquiavélico o enrevesado pueden ser certeros.

En los exámenes conducentes a la obtención de títulos de Medicina, Derecho, Criminología, Psiquiatría, Psicología, etc, o los de acceso al funcionariado de Sanidad, de Investigación y Seguridad, etc, ... en la pregunta "¿qué hay que hacer ante un presunto hostigamiento, aparente uso ilícito de determinada tecnología, etc y/o ante una serie de circunstancias anormales sospechosas?", la respuesta correcta no es "se tilda sin más de delirio-paranoia, se le ordena al sujeto una privación de libertad sumarísima sin asistencia legal para valoración malintencionadamente incrédula" y punto.

Algunos profesionales de la psiquiatría dicen: "quien se cree perseguido oye voces injuriosas". Puede ser así, pero en éste y en otros muchos casos la realidad es que "oir voces injuriosas denota o puede ser indicio de la persecución".

Si un adolescente macarrilla le dice a un profesor 'vete a tu tierra', 'chupa moro chupa', o 'moramen' llevándose la mano a las pelotas y pasándose la lengua lentamente por los labios, le hace cortes de manga por la espalda, se pone detrás de él en un entierro para realizar alusiones o indirectas, sale de una marquesina de autobús a agitarse las pelotas al paso de su vehículo, instiga y acuerda con otros realizar determinadas alusiones o gesticulaciones al verle, etc, ... evidentemente no es un delirio-paranoia del objetivo; ¿sería normal que un juez, sin haber consultado ni intentado aclarar ni analizar nada al respecto, le dictara al profesor una órden de privación de libertad sin asistencia legal en forma de reclusión en un centro psiquiátrico para valoración, durante la cual un supuesto profesional en vez de intentar aclarar y analizar la situación como es debido se limitara a mostrarse malintencionadamente incrédulo diciendo que no se lo cree, que son alucinaciones, que también tiene otro que asegura que los rusos han atracado en el puerto para invadirnos, etc?. ¿...?. ¿Es tal el procedimiento protocolario habitual o se han esmerado en este caso concreto?.

Se podría comentar un caso: el de aquella niña que se cayó de un columpio y cuyo padrastro llevó a un Centro de Salud donde al parecer no fue debidamente atendida. Ante la protesta del padrastro por ello, se le acusó de haberle infringido a la niña los daños que presentaba (quizás a esos profesionales no les gustó el enfado del ciudadano y se lo demostraron en esa forma) por lo que fue detenido y se le linchó mediáticamente por ello. Posteriormente se demostró que las lesiones de la niña fueron resultado del accidente y que los aparentes malos tratos, quemaduras e incluso posible abuso sexual señalados por aquellos profesionales no eran tales.

En un programa de TV se comentaba un supuesto caso de fenómenos paranormales en una vivienda de Madrid ocurrido en el año 92: movimientos de objetos, golpes en las paredes, etc. Cuando se denunció la situación y a pesar de parecer especialmente inverosímil, no se tildó sin más de delirio, ni de alucinaciones auditivas o visuales, ni se ordenó el ingreso psiquiátrico para valoración de los denunciantes antes de intentar aclarar mínimamente las circunstancias, sino que tras recabar de éstos los datos y detalles oportunos acudieron al domicilio un inspector y varios agentes para comprobar los sucesos denunciados.

Hace algún tiempo hubo cierta polémica y revuelo social por una denuncia de acoso sexual que presuntamente sufría una empleada por parte de su jefe ya que el Juez resolvió que la mujer incitaba el acoso con su 'indumentaria provocadora', por lo que la situación no era punible. ¿?. En forma similar, quizás los empollones de la clase también inciten el acoso en su contra por ser aplicados en el estudio, o las víctimas de racismo o xenofobia por el diferente color de su piel o su distinta procedencia de origen, o los gorditos por tener unos kilos de más, etc y por tanto algunos profesionales y autoridades podrían considerar que tampoco son situaciones punibles o sancionables. ¿?. En este caso se riza el rizo de la irracionalidad o la animosidad: la situación se tilda de delirio para evitar su análisis e investigación; el mobbing y aparente uso ilícito de determinados medios, etc, se considera la alucinación de un trastornado delirante que no tiene conciencia de enfermedad mental y punto: ¿pretenden solucionar el "marrón" en un abrir y cerrar de expediente delirante?. ¿Qué son?, ¿para quién trabajan?, ¿quién mueve sus hilos?,...

Como obviamente la psiquiatría y la justicia no están reñidas con la razón y la racionalidad sino todo lo contrario, es decir, que su fundamento es buscar la verdad con lógica y razonamiento, se puede asegurar que la incompetencia de esos supuestos profesionales es manifiesta por patológica, apática o interesada. Aunque esta materia parezca muy difusa, imprecisa o subjetiva no es así del todo, no hay excesivo lugar para la dualidad siempre y cuando el análisis y el diagnóstico se realicen pormenorizadamente como es debido. Lo que han hecho en este caso ha sido utilizar maliciosamente la materia y su interpretación, puesto que en ningún momento ha existido un análisis detallado de la situación. Un delirio es una falsa realidad en la que el sujeto cree con convencimiento sin que las pruebas y el razonamiento le saquen de su creencia errónea; en este caso no hay delirio sino hechos reales comprobables que deben ser analizados como es debido antes de poder opinar sobre ellos, lo cual no hacen. Puede ser obvio que tales supuestos profesionales o son negligentes o son malintencionados y por su forma de proceder ante la situación se podría asegurar que se trata más de lo segundo que de lo primero (opinión que tampoco es un delirio-paranoia sino una posibilidad que puede ser certera).

El fundamento del derecho individual y colectivo implica la obligación de los funcionarios representantes de la Ley de analizar e investigar como es debido todas las situaciones irregulares, indicios de delito y hechos aparentemente delictivos que denuncien o pongan los ciudadanos en su conocimiento. Si como resultado de una investigación realizada como es debido no se pudiera justificar debidamente la perpetración del delito, se podría archivar el tema, no antes; y menos aún sin ni siquiera pedir aclaraciones o declaraciones a quienes puedan tener conocimiento o aportar información al respecto (víctima, testigos, incluso involucrados, ...).

En este caso se puede considerar y asegurar que esos "diagnósticos" de delirio son absolutamente negligentes o malintencionados. Además, tales supuestos profesionales no admiten argumentación ni razonamiento alguno, mostrando una absoluta necedad, intolerancia, terquedad u obstinación fuera de lo común, incluso achacando los sucesos a conexiones cerebrales anómalas sin tener conocimiento contrastado alguno de lo que está ocurriendo ni haberse interesado lo más mínimo en ello.

He aquí un ejemplo de "diagnóstico" de uno de esos profesionales; en concreto el realizado tras la privación de libertad sumarísima sin asistencia legal de 20 días, en forma de reclusión psiquiátrica, para valoración malintencionadamente incrédula: "Enfermedad actual: Desde hace aproximadamente 8-9 años, el paciente presenta sintomatología delirante de contenido persecutorio centrada en su entorno laboral y vecinos. Refiere que todo empezó en una empresa en la que trabajó hace aproximadamente 9 años. Los primeros meses no tuvo ningún problema pero posteriormente empezó a notar actitudes de desprecio y rechazo hacia él. Esta situación se repitió en otras dos empresas en las que trabajó posteriormente. El paciente está convencido de que está siendo sometido a mooving por parte de compañeros y jefes. Así mismo refiere que sus vecinos hacen ruido para molestarle y que de alguna forma controlan sus movimientos. Todo esto lo ha denunciado en repetidas ocasiones a la Policía y los Juzgados. En Enero del pasado año acudió a las consultas de Salud Mental para confirmar la situación de mooving que está viviendo. Se le diagnosticó de trastorno por ideas delirantes persistentes y el paciente no quiso volver a consultar ni a aceptar ningún tipo de tratamiento farmacológico. La situación ha persistido a lo largo de estos meses, por lo que finalmente ha sido conducido a urgencias con Autorizacíón Judicial de Internamiento. Exploración psicopatológica. Consciente y orientado. Abordable aunque poco colaborador. Irritable. Eutímico. Ideación delirante de perjuicio bien estructurada. Posibles alteraciones de la sensopercepción en forma de alucinaciones auditivas. Ausencia completa de enfermedad". Y todo ello resultado de 3 o 4 entrevistas de varios minutos realizadas en los 20 días de privación de libertad en las que el empeño del "profesional especialista" era mostrarse incrédulo ante las circunstancias negando lo que se le describía en vez de profundizar y estudiar detalladamente las circunstancias (e incluso deseando comparar esta evidente situación con la de otro paciente que tenía que al parecer decía que los rusos habían atracado en el puerto para invadirnos, etc), cuando símplemente podía y debía investigarse y comprobarse la situación como es debido.

La realidad y lo que podría haber puesto sería: "Situación actual: Desde hace aproximadamente 8-9 años el sujeto ha sido objetivo de determinadas acciones como alusiones, gesticulaciones, etc, de presunto contenido hostigador por parte de determinadas personas, centrado en su entorno laboral y algunos vecinos, así como aparentemente del posible uso ilícito de determinada tecnología. Refiere que todo empezó en una empresa en la que trabajó ... El sujeto está convencido de que está siendo sometido a mobbing por parte de algunos compañeros y jefes (tienen nombres y apellidos) y las acciones que describe así lo podrían confirmar. Así mismo refiere que unos vecinos hacían ruido para molestarle y que de alguna forma controlan sus movimientos, ya que diariamente se producía un reiterado golpeo en paramentos de la vivienda que curiosa y sospechosamente cesaba en todos los casos al primer movimiento que realizaba tras despertar por el mismo, lo cual podría indicar el posible uso de determinada tecnología a tal efecto. Todo esto lo ha denunciado en repetidas ocasiones a la Policía y los Juzgados. Etc, etc, etc."

Evidentemente, un delirio-paranoia puede sobrevenir cuando alguien se cree perseguido, acosado, agraviado, etc, sin haber motivo alguno para tal creencia; en este caso sobran indicios y evidencias de la situación. Por otra parte, si esos que se dicen profesionales no intentan aclarar, analizar ni comprobar nada es obvio que tampoco pueden tildarlo de delirio a no ser que fuera irreal o imposible a ciencia cierta, lo cual no es el caso.

¿Quizás todos los jueces podrían tomar ejemplo y tildar de culpables de los delitos que deseen a quien deseen igualmente sin necesidad de conocer los hechos lo más mínimo, ni indagarlos ni comprobarlos, símplemente por tener pinta sospechosa, porque no les cae simpático o por no gustarles su careto, mostrándose asimismo malintencionadamente incrédulos ante lo que pueda decir el designado como "sospechoso"?.

Se podría suponer el caso de un marido extremadamente celoso que pone bajo control, vigilancia o seguimiento a su mujer. Si ésta tiene sospechas o indicios de tal espionaje y denuncia la situación, ... ¿es un delirio-paranoia sin más?. ¿Qué opinan esos que se dicen profesionales al respecto?.

Así: ¿por qué un supuesto profesional cuando se le describe la evidente situación de hostigamiento y aparente uso ilícito de determinada tecnología que se expone y sin conocerla, indagarla ni comprobarla lo mas mínimo, emite un informe de este tipo?: "... el cual se encuentra con graves alteraciones psíquicas, con grave alteración psicótica, con ideas delirantes de perjuicio. La sintomatología que presenta es compatible con una patología de tipo psicosis paranoide, no teniendo conciencia de enfermedad y con grave riesgo para su integridad personal y la de terceros, precisando de contención mecánica. En el estado actual, se encuentra en un estado de anulación de facultades volitivas e intelectivas, sin capacidad de juicio ni de raciocinio, ni capacidad de libre determinación, por lo que sería necesario su ingreso en un centro adecuado para su tratamiento". ¿Dónde está la patología de tipo psicosis paranoide cuando un jefe le dice a un empleado "chupa moro chupa" al pasar junto a su mesa, o "morámen" poniéndose frente a ella mientras se lleva la mano a las pelotas y se pasa lentamente la lengua por los labios?; ¿dónde están las graves alteraciones psíquicas y psicóticas cuando un individuo le dice a otro en un entorno laboral "vete a tu tierra" y le hace cortes de manga por la espalda?; ¿dónde está la falta de capacidad de juicio y raciocinio cuando en una supuesta valoración el supuesto profesional le dice irónicamente al sujeto a valorar "lee si sabes leer" al entregarle un escrito aún a pesar de habérsele comentado la posesión de ciertos estudios ante una pregunta al respecto?; ¿dónde están las ideas delirantes de perjuicio cuando se produce un golpeo diario en horas tempranas en paramentos de la vivienda que curiosa y sospechosamente cesa al primer movimiento que se realiza tras despertar por el mismo y que asimismo curiosa y sospechosamente remite durante una temporada justo al día siguiente de denunciar la situación en la Policia Nacional?; ¿quién tiene anuladas sus facultades volitivas e intelectivas: un individuo que sale de una marquesina de autobús a agitarse las pelotas al paso de un vehículo o el conductor del mismo que denuncia el hecho?. ¿No les dicen nada estos sucesos a esos que se dicen profesionales?, ¿no ven nada anormal en ellos?: si no les dicen nada ni ven nada raro e incluso lo tildan sin más de delirio..., es seguro que no son profesionales sino irracionales o malintencionados e incluso se requiera su privación de libertad para valoración.

En este caso todos los sucesos son reales y aunque haya algunos que sean casuales y nada tengan que ver con la aparente situación de hostigamiento y aparente uso ilícito de determinados medios, el resto de ellos son sobrados indicios y evidencias de la misma así como de la actitud negligente o malintencionada de esos supuestos profesionales al respecto.

Una cuestión que plantean algunos de quienes representan la Ley ante cualquier circunstancia que no quieran aclarar ni analizar es: ¿por qué me lo tengo que creer?. Que se crean o no cualquier cosa puede depender de muchos factores: su predisposición, sus conocimientos, su profesionalidad, su fe, etc. Evidentemente no tienen por qué creerse nada, pero su función y cometido laboral es tener debidamente en cuenta todo y en su caso analizar e indagar como es debido lo que corresponda aunque no se lo crean.

Un ejemplo-tontería: a un profesor le rayan el coche y quienes lo han hecho ironizan hablando de rayas en su proximidad con el típico malicioso propósito de picarle un poco la moral; ¿sería delirio-paranoia del profesor la sospecha sobre esos individuos (o alguien que conocieran) respecto a la autoría del hecho o se podría considerar una pista a tener debidamente en cuenta?. Lo mismo ocurre en muchos casos respecto a otras muchas situaciones y actitudes similares con alusiones, gesticulaciones, etc: generalmente no son paranoias de los objetivos sino indicios de la actitud e intenciones o propósitos de los autores de las mismas.

Y mientras hay profesionales que salen en la televisión hablando de milagros, posesiones, exorcismos, brujería, hipnosis, extraterrestres, ufología, parapsicología, fenómenos paranormales, tecnología increíble, magia inexplicable o incluso que sirven de voz a los espíritus, etc, ... o mientras que aparecen noticias como violaciones o robos bajo efectos de determinadas sustancias que anulan la voluntad y provocan amnesias, o casos como el de un matrimonio al que le entran en la vivienda anulando la alarma y son drogados mientras duermen para que no les despierte el ruido, o innumerables casos con uso de innumerable tecnología y sustancias, o experimentos en los que se ha utilizado a ciudadanos como cobayas sin su permiso ni conocimiento, etc, etc, etc ... no deja de ser curioso (también especialmente sospechoso) que a quien denuncia en derecho una evidente situación de hostigamiento o mobbing como la que se describe con aparente uso ilícito de determinada tecnología, etc, se le tilde sin más de delirante sin hacer aclaración, análisis ni indagación alguna de la situación, incluso ordenándosele una privación de libertad sin asistencia legal para supuesta valoración psiquiátrica consistente únicamente en mostrarse malintencionadamente incrédulos ante la situación.

¿Tendrán los ciudadanos que dejarse timar, estafar, vejar, acosar, putear, dar por el bulo, etc, por miedo a ser tildados de delirantes-paranoicos en caso de expresar y denunciar dudas, sospechas, indicios o incluso evidencias respecto a la situación?. ¿Quizás a partir de ahora la respuesta de los agentes de las FSE ante las denuncias de los ciudadanos pueda ser en todos los casos del tipo "¿qué delirio-paranoia me está ud contando?", sin tener que hacer aclaración, análisis ni indagación alguna?.

En estos casos, quien denuncia la situación ni siquiera tiene que saber por qué está pasando ni cómo está pasando lo que pasa: su simple derecho es denunciar las anormales y sospechosas circunstancias, siendo la obligación de los profesionales habilitados y legitimados para ello interesarse en su análisis detallado e intento de resolución. Tampoco tiene que convencer a nadie de que está pasando lo que está pasando: es obligación de quien ha de atender la denuncia tenerla debidamente en cuenta, se la crea o no, e intentar indagarla y comprobarla como es debido.

Si ante un robo en un local (o cualquier otro delito) y ante las peculiares características del suceso un buen y verdadero profesional de la investigación planteara la hipótesis o posibilidad de uso de un detector de movimiento a través de paramentos para comprobar desde el exterior que no hubiera nadie en el espacio interior, posiblemente sería una hipótesis o posibilidad que se tendría muy en cuenta. Ahora bien, parece que ante un golpeo en paramentos de una vivienda en horas tempranas que curiosa y sospechosamente cesa al primer movimiento de quien está en la misma, se tilda sin más de delirio-paranoia con posibles alucinaciones auditivas y punto. ¿Por qué?.

En estos casos u otros similares es evidente que no se trata de que unos supuestos profesionales que ni siquiera conocen la situación puedan decir que se la creen o que no se la creen, sino de que la comprueben y analicen detalladamente: es tanto su cometido laboral (para el cual tienen nómina funcionarial) como el derecho de los ciudadanos.

Quizás incluso cuantas más putaditas de esas 'inverosímiles' puedan concurrir más grave podrían decir que es el delirio-paranoia que pretenden, con lo cual cualquiera podría pasar toda una vida con individuos ideando y practicando putaditas y esos supuestos profesionales tildándolas sin más de delirio-paranoia del objetivo, ordenando privaciones de libertad sin asistencia legal para valoración malintencionadamente incrédula, etc. ¿?. Probablemente esos supuestos profesionales no tengan la suficiente capacidad volitiva, ni intelectiva, ni de juicio, raciocinio y libre determinación para analizar, indagar o valorar debida y minuciosamente estas circunstancias, o si la tienen que la hayan puesto malintencionadamente al servicio de quienes están detrás de la misma.

Inverosímil y delirante quizás podría ser el caso de un animal fosforescente; o un insecto robótico espía; o un cochecito que sube por las paredes; o una persona que mueve un brazo electromecánico, un dron, etc, con el pensamiento; o un grupo de jóvenes hostigando, agrediendo o quemando a un indigente; o unos sicarios haciendo desaparecer a un objetivo; o unos delincuentes que roban coches de gama alta mediante medios tecnológicos, o que entran en domicilios o locales mediante ganzúas y anulando las alarmas; o alguien que utiliza determinadas sustancias para anular la voluntad y la memoria de sus víctimas; etc, etc, etc ...: la presente situación es más verosímil además de ser comprobable.

Es evidente que lo de "no estar debidamente justificada la perpetración del delito" se podría decir en el momento de tener que emitir una sentencia respecto a una situación una vez que fuera debidamente investigada, ... pero no sin haberlo hecho, máxime si ni siquiera se han interesado lo más mínimo en consultar, aclarar y analizar como es debido los acontecimientos.

Para tildar a alguien de culpable de un delito generalmente suele ser necesaria una árdua labor de investigación detallada de los hechos, en la que se realizan las pruebas y comprobaciones oportunas, ... pero para tildar a alguien de delirante parece que no es necesario hacer nada: basta con que algún supuesto profesional diga que la situación en cuestión le parece inverosímil y punto. ¿Qué son?, ¿quién mueve sus hilos?. ¿Querrán establecer y utilizar el procedimiento a conveniencia y tildar sin más de delirante a quien quieran cuando quieran?. ¿Bastaría con que dejaran caer la duda planteando un delirio para que pudieran encubrir y falsear todo sin tener que hacer nada, ya que aparentemente el "delirio" no se tiene que investigar o comprobar?.

Un hecho más en el presente caso: unos individuos están en la calle; al fondo, a cierta distancia, aparezco con el coche; uno de ellos que estaba de espaldas se vuelve a mirar, se gira otra vez hacia sus acompañantes y se agita las pelotas. ¿Se puede plantear al respecto que quizás o posiblemente alguien ha advertido al individuo de la presencia del vehículo, razón por la cual éste se ha girado a mirar y ha realizado la consabida gesticulación con la que algo quiere dar a entender?; obviamente es una teoría que puede ser acertada y que podría ser confirmada porque al acercarme al grupo alguno de ellos hizo algún comentario malintencionado disimulado, etc. Evidentemente para todo buen profesional tal suceso es o puede ser un indicio de la situación y toda persona mínimamente racional seguro que lo corrobora. Para el resto de circunstancias se pueden realizar planteamientos similares.

Hace unos años se investigaron filtraciones respecto a la investigación de una empresa de "seguridad e inteligencia" vinculada a antiguos mandos policiales que aparentemente había espiado a algunos políticos, etc. Ese caso en manos de estos que se dicen profesionales, ¿habrían sido sin más delirios-paranoias de los objetivos o de quien planteara las sospechas al respecto?.

¿Creen algunos que determinados cargos o funciones les otorgan la capacidad y privilegio de decidir o establecer la razón y la realidad a su antojo sin conocerla ni intentar analizarla ni comprobarla lo más mínimo?.

Y lo mismo que imponen delirios también podrían imponer delitos sin necesidad de requisito legal alguno, ya que no se trataría de tener que demostrar que el presunto delincuente ha cometido el presunto delito, sino que se trataría de que el presunto delincuente tuviera que demostrar que no ha cometido el delito que desearan imputarle. Lo mismo que no se puede penar a nadie sin que esté debidamente justificada la perpetración del delito y su autoría, tampoco se puede tildar de delirante a nadie sin justificar debidamente la perpetración del delirio. Para ambas cosas es necesario y preceptivo hacer la investigación debida, que ante esta irregular y presuntamente delictiva situación es lo que se solicitaba mediante la denuncia.

En este caso los hechos son hechos, las hipótesis o teorías son hipótesis o teorías, las posibilidades son posibilidades, las opiniones son opiniones, los comentarios son comentarios, los ejemplos son ejemplos ... y el delirio-paranoia es lo que se inventan esos que se dicen profesionales respecto a todo ello, siendo una situación real comprobable que ni siquiera conocen ni intentan conocer lo más mínimo.

Una cuestión típica con la que parece que pretenden justificar los delirios-paranoias que se sacan de la manga, es la de si el sujeto cree que hay un complot o trama en su contra; evidentemente cualquier acoso, hostigamiento o mobbing suele ser un complot o trama de un grupo de personas contra otra, con lo cual la respuesta ha de ser afirmativa necesariamente ... y tal respuesta afirmativa sobre "el complot" pretenden que sea la justificación a la psicosis paranoide o ideación delirante de perjuicio y persecución que se inventan sin conocer, comprobar ni analizar absolutamente nada: esa es la profesionalidad y capacidad de raciocinio de esos supuestos profesionales y así es como hacen las "valoraciones" sumarísimas, etc.

Igual que un Juez no puede dictar una sentencia sin conocer la situación real que ha de juzgar (lo cual ha de basarse en la investigación, comprobación y estudio minucioso de las pruebas, testificaciones, etc), un supuesto profesional tampoco puede tildar de delirio una realidad que desconoce. En este caso lo han hecho a la primera de cambio, en cuestión de unos minutos, sin ni siquiera intentar hacer aclaración alguna e incluso mostrándose sarcásticos ante los acontecimientos. La actitud y pretensión parece sobradamente obvia: esos profesionales no están en esos cargos para mostrarse malintencionadamente incrédulos ante las denuncias de los ciudadanos sino para analizarlas minuciosamente con el detalle necesario.

En este caso la realidad objetiva son los sucesos que concurren (que son la punta del iceberg de la situación real y que los representantes de la Ley podrían comprobar debidamente) respecto a los cuales las teorías planteadas pueden ser certeras (probablemente lo son en su mayor parte, como que ante un golpeo diario en paramentos que cesa al primer movimiento cabe la posibilidad de que se use alguna tecnología de captación del movimiento a través de paramentos, o como que para captar a muchos de los involucrados ha habido una instigación por parte de uno o más instigadores, etc). Obviamente el delirio está en la intención de quienes así tildan la evidente situación que concurre y se denuncia, lo cual es suficientemente grave por los cargos y funciones que ocupan y representan.

Ante los sucesos reales que se denuncian, ¿cabe la posibilidad de que las teorías que se expresan sean certeras?: evidentemente sí, con lo que también cabe la hipótesis posiblemente certera de que el delirio que se sacan de la manga sea para falsear y encubrir la situación así como para contener la denuncia. A la vista está como suscriben delirios: sin analizar, indagar ni comprobar nada e incluso mostrándose malintencionadamente incrédulos y hasta sarcásticos ante los acontecimientos. Además, tal actitud ya demuestra la predisposición animosa de su intervención, con lo que es obvio para qué sirven esas 'valoraciones' sumarísimas al más puro estilo fascista dictatorial de antaño.

Un suceso entre otros muchos: a mi salida de una reunión de gente, un individuo que pasaba detrás del coche cuando iba a emprender la marcha le decía a su acompañante: "mira, el coche del ... ", utilizando un término que denota un ánimo desconsiderador y que corre en boca de algunos involucrados más (de la misma familia, banda, círculo o clan); lo cual no es ni alucinación auditiva ni delirio o psicosis paranoide sino un indicio-evidencia más del vilipendio e instigación en este caso.

El tema es relativamente sencillo y obvio: si esos profesionales no conocen la realidad ni se interesan lo más mínimo en comprobarla, es evidente que tampoco pueden tildarla de delirio sin más (a no ser que sea de contenido imposible, lo cual no es el caso). Así, ¿por qué lo hacen en vez de hacer lo que deben como deben?. ¿Pueden ejercer tranquilamente de caudillos de la realidad, de la razón y del derecho a su antojo?.

El interés que habrían de tener esos profesionales en analizar detalladamente como es debido esta situación, lo están teniendo en encubrirla y desvirtuarla: ¿por qué?; también eso ha de ser debidamente analizado y valorado. ¿A cuántos han metido en delirios (o en prisión) esos valoradores con esas valoraciones sin análisis, estudio, comprobación, razonamiento ni fundamento alguno?.

Se podría suponer que una banda de macarrillas fueran por la noche a golpear las paredes de una casa mirando por una rendija lo que ocurre dentro de ella para salir corriendo cuando apreciaran algún movimiento (o que utilizaran algún medio desde el exterior al efecto). Si los habitantes de la misma denuncian la situación (un golpeo en paramentos que cesa cuando se mueven tras despertar por el mismo), ¿también se tildaría sin más de posibles alucinaciones auditivas, trastorno delirante y punto?. ¿Y si además los macarrillas realizaran determinadas alusiones y gesticulaciones cuando les vieran por la calle para que se dieran por aludidos: paranoia?. Etc.

Un caso: un lider político fue envenenado con determinada sustancia y resultó con deformación del rostro entre otras cosas. ¿Sería delirio-paranoia sospechar del posible uso de alguna sustancia al efecto?. Se realizaron las pruebas necesarias, muchas y más allá de las comunes, hasta que se descubrió el problema; ¿quizás estos supuestos profesionales habrían planteado sarcásticamente que su situación sería resultado del envejecimiento o de las drogas y el alcohol y que pensar otra cosa sería un trastorno delirante y una psicosis paranoide?.

Respecto a cualquier situación irregular, anormal o sospechosa, todo abogado, policía, investigador, etc, recomienda anotar cualquier cosa que asimismo parezca irregular, anormal o sospechosa; así, ¿lo que para unos son cuestiones a tener en cuenta para otros son delirios-paranoias sin más y motivo para ordenar privaciones de libertad ilícitas para valoración malintencionadamente incrédula, etc?.

No sólo todos los profesionales sino todos los ciudadanos opinan que ante cualquier situación irregular o anormal (e incluso respecto a las que parecen más normales) cualquier teoría o posibilidad que tenga un mínimo fundamento puede ser válida y hasta certera. En este caso a la vista están las circunstancias, evidencias, indicios y las posibilidades o hipótesis que se pueden plantear ante todo ello. Así, ¿qué son esos supuestos profesionales de la ideación de delirios?, ¿qué hacen en esos cargos representando esas funciones?, ¿para quién trabajan?. ¿Tienen la potestad, el privilegio, la bula o la prebenda de cambiar la realidad por delirios a su antojo sin comprobar nada, ... o lo que han de hacer es tener debidamente en cuenta todo y hacer las aclaraciones, análisis e indagaciones necesarias para descartar o confirmar lo que se deba?.

Las cuestiones a analizar que cualquier buen profesional puede plantear, indagar y analizar en una situación como esta, son del tipo: ¿qué pueden pretender esos individuos de las alusiones, gesticulaciones y demás acciones?, ¿qué relación hay entre ellos?, ¿quién da las órdenes y consignas de actuación que siguen fielmente?, ¿quién las propaga e instiga?, ¿qué medios se pueden estar utilizando en algunos casos?, ¿qué pretenden asimismo esos supuestos profesionales que lo tildan de trastorno o ideación delirante sin conocer las circunstancias ni interesarse lo más mínimo en ellas en vez de intentar aclararlas y estudiarlas como es debido?, ¿cual es el propósito de la situación en su conjunto?, etc.

No hace mucho tiempo una mujer fue condenada sin pruebas concluyentes por un asesinato que no cometió. Estuvo un tiempo en la cárcel. Posteriormente se confirmó el error. La mujer dijo que había sido presionada por la policía e incluso que le llegaron a decir: "cuando terminemos contigo, ni tu abogado te va a creer". Ha habido muchos otros casos similares en todos los tiempos. ¿Es tal la profesionalidad y costumbre de algunos (hay de todo como en todos lados) en vez de realizar las indagaciones y comprobaciones debidas con la profesionalidad necesaria?. Se podrían poner otros muchos casos similares, así como de involucración de miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en múltiples mamoneos y corruptelas. Quienes tildan esta evidente situación de delirio sin aclarar ni analizar nada también deben ser de ese mismo estilo.

Otro ejemplo: cualquiera puede buscar en internet "mobbing" (o cualquiera de sus variantes); incluso en la web del Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo se puede encontrar información al respecto. También ha habido disposiciones en el BOE haciendo referencia al mobbing en la Administración. Por otra parte, también se puede buscar ciencia y tecnología, medios de espionaje, etc, encontrándose abundante materia al respecto. ¿Son delirios o son realidades como las que concurren en este caso?.

Por ejemplo: el individuo que salió de la marquesina de autobús a agitarse las pelotas a mi paso con el vehículo. Es obvio que ningún buen y verdadero profesional tilda el suceso sarcásticamente de delirio-paranoia sin más y punto; un buen profesional consultará y analizará la situación como es debido teniendo en cuenta muchas cosas como que, por ejemplo, el individuo probablemente sea de la zona y siendo de la zona habrá otros por allí que sabrán por qué lo hace, que puede pretender, quienes más tienen algo que ver en ello, que instigación se ha expandido para captarle, etc; además, habiendo otros que hacen lo mismo considerará que se puede indagar y confirmar el propósito o intencionalidad, la relación entre ellos, etc: así es como hacen los estudios, análisis, investigaciones y valoraciones los buenos profesionales. Respecto al resto de circunstancias se pueden hacer similares consideraciones, planteamientos o cuestiones. ¿Qué son esos supuestos profesionales que idean delirios, a las órdenes de quién están y por qué tienen tal propósito respecto a esta obvia situación en vez de analizarla e indagarla como deben?. Generalmente tirando del hilo se va deshaciendo el ovillo: aparentemente eso es lo que pueden desear evitar en este caso, e incluso parecen pretender liarlo más, ¿por qué?.

Una tontería "inverosímil": se podría suponer que alguien utilizara una proyección o un holograma para gastar una broma paranormal, para practicar una estafa religiosa, para intentar coaccionar, atemorizar o desquiciar a cualquiera, o para cualquier otro propósito que se le pudiera ocurrir: ¿lo tildarían sin más de delirio alucinatorio del objetivo-víctima, incluyendo privación de libertad sin asistencia legal para valoración malintencionadamente incrédula, etc?. Para que casos "inverosímiles" sean analizados como es debido con un mínimo de rigor, seriedad y profesionalidad, ¿habrá que denunciarlos en programas televisivos de ciencias ocultas, fenómenos paranormales y misterios diversos en vez de ante las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado?.

Hace algún tiempo, salía en televisión la noticia de un juicio por vejaciones; los acusados entraban a la sala sonriendo y manoseándose las pelotas a su paso frente al denunciante. Al respecto se puede plantear: ¿cabe la posibilidad de que la gesticulación fuera animosa y pretendieran expresar o dar a entender algo con la misma?; evidentemente no sólo cabe la posibilidad sino que es lo más probable. Respecto a la situación que se denuncia, ¿cabe la misma posibilidad respecto a muchos de los acontecimientos?: es obvio que no sólo cabe la posibilidad sino que en la mayor parte de los casos también es lo mas probable.

Si profesionales de la investigación, del derecho, de la seguridad, criminólogos, científicos, psicólogos, psiquiatras, abogados, sociólogos, etc, plantean, defienden, razonan y argumentan en un juzgado las mismas teorías, hipótesis y posibilidades que aquí se exponen, ¿serán también tildados de delirantes-paranoicos sin más por esos supuestos profesionales, saliendo esposados hacia una privación de libertad sumarísima para valoración psiquiátrica malintencionadamente incrédula y sarcástica, etc?.

Se le podría pedir su opinión a cualquier profesional sobre lo que ocurre en determinados Países en los que, por ejemplo, la denuncia por violación de una mujer casada puede dar como resultado el encarcelamiento de la víctima denunciante bajo la acusación de mantener relaciones sexuales fuera del matrimonio. Probablemente lo tildarían de aberración, cuando menos. Aunque a otro nivel, que tilden sin más de ideación delirante una situación de mobbing y aparente uso ilícito de determinada tecnología como la que concurre y se describe, viene a ser un grado de irracionalidad similar de difícil comprensión o explicación.

Noticias en medios de ciencia y tecnología hablan del desarrollo de fármacos para anular recuerdos, de procedimientos para crear falsos recuerdos, etc; si alguien fuera víctima del experimento de algún chalado en ese sentido y denunciara la posibilidad, ¿sería un delirante-paranoico sin más?. ¿Cuantas tecnologías y sustancias podrían experimentar o utilizar contra cualquiera que aparentemente se tildarían sin más de delirios-paranoias de los objetivos?.

Obviamente para penar un delito hay que justificar debidamente su perpetración y autoría, en lo cual han de involucrarse las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado indagando con la profesionalidad necesaria los indicios o evidencias al respecto (que pueden derivar de una simple sospecha), cuando menos para intentar aclarar y analizar con detalle la situación. Igualmente, para imponer un delirio también tiene que estar debidamente justificada su perpetración, lo cual no es este el caso sino todo lo contrario. Así, ¿por qué se lo sacan de la manga sin ni siquiera conocer lo más mínimo las circunstancias en vez de hacer las indagaciones y comprobaciones necesarias?.

A la vista de este caso se podría asegurar que cualquiera que quisiera putear un poco a alguien sólo tendría que adquirir y usar medios "inverosímiles" como un equipo de detección de movimientos del tipo microondas o similar (usados en sistemas de seguridad, por ejemplo); también los hay que 'visualizan' a través de paredes y muros: puede mirarse en internet Retwis -de Retia-, Xaver -de Camero-, etc); ¿con un medio de ese tipo se puede practicar diariamente un golpeo en paramentos haciéndolo cesar a la primera señal de movimiento del objetivo?: aparentemente no sólo se conseguirá joderle un poco la existencia sino además que se le tilde de delirante-paranoico con posibles alucinaciones auditivas (incluyendo una privación de libertad sin asistencia legal para valoración malintencionadamente incrédula). Tal es la profesionalidad que demuestran esos supuestos profesionales con nómina funcionarial para atender la ley, la seguridad, la investigación, la salud,... Como profesionales no parecen, ¿qué son: irracionales, malintencionados, ...?.

Una tontería: se podría suponer que aparecieran las huellas de una persona en un arma con la que se ha cometido un delito y ésta asegurara no saber cómo ha podido ocurrir. ¿Serían delirios-paranoias todas las hipótesis que se pudieran plantear al respecto distintas a la autoría del hecho delictivo, como que podrían haberle administrado alguna sustancia de las que anulan la voluntad o la memoria para ponerle el arma en la mano, etc?. En el presente caso los hechos son como se describen: ¿es delirio-paranoia cualquier hipótesis o posibilidad mínimamente racional que se pueda plantear?.

Hace algún tiempo se ordenó prisión para un individuo porque en un control la policía encontró droga escondida en el parachoques de su coche (que había comprado tiempo antes de segunda mano); el individuo negó su pertenencia y dijo desconocer su procedencia. Finalmente algún buen y verdadero profesional se dió cuenta de que la droga estaba en mal estado e incluso tenía telarañas. Ahora bien, ¿qué hubiera pasado si nadie se hubiera dado cuenta o si aún advirtiéndolo nadie hubiera dicho o hecho nada para aclarar la situación?, ¿qué hubiera pasado si en vez de analizar con detalle la misma se hubieran limitado a mostrarse malintencionadamente incrédulos y sarcásticos ante las hipótesis o posibilidades que hubiera podido plantear el ciudadano en cuestión?.

Cuando cualquier paciente acude al médico generalmente basta que diga "ocurre esto" para que el profesional inicie el debido procedimiento explorador-analítico-indagador de la situación y en caso de no hacerlo debe ser denunciado. Respecto a los funcionarios cuya labor es representar la Ley debe ocurrir otro tanto.

Hace unos años salió en los medios de comunicación el caso de una mujer que en una ciudad de este País retiró dinero de su cuenta bancaria bajo los efectos de determinada sustancia que anula la voluntad y la memoria, para entregárselo a quien se la había administrado sin su conocimiento. Hubo más noticias de casos similares. Si alguno cayera en manos de estos que se dicen profesionales, ¿lo tildarían de ideación delirante o malintencionada sin intentar aclarar ni analizar nada, privación de libertad incluída para valoración malintencionadamente incrédula y sarcástica, etc?.

Cuando salen en los medios de comunicación miembros de las FSE informando sobre la investigación de un delito siempre dicen lo mismo: "no se puede descartar nada; cualquier posibilidad o hipótesis puede ser válida; se mantienen abiertas todas las vías de investigación; etc". ¿?. En este caso es lo contrario: sin conocerlo lo más mínimo descartan todo lo que no sea delirio, no admiten posibilidades o hipótesis válidas que no sean el delirio y cierran sin más cualquier vía de análisis, indagación y comprobación. ¿Por qué?.

Una persona que es objetivo de una situación como la que concurre y se describe, ni siquiera tiene que saber cómo, por qué o para qué ocurre lo que ocurre: su simple derecho es denunciarla y el deber de los profesionales habilitados al efecto es atender, analizar e indagar como es debido la denuncia. Es obvio que los involucrados en esas circunstancias saben lo que han hecho y por qué lo han hecho, habiendo además testigos de ello en muchos casos: esos que se dicen profesionales podían empezar por ahí.

Un ejemplo de situación "inverosímil": ¿cabría la posibilidad de que a alguien le administraran amnésicos con cierta frecuencia incluso allanando su domicilio al efecto para echárselo en alimentos o bebidas, para lo cual podrían haber conseguido una copia de la llave o usar determinados medios de apertura?. Evidentemente cabría tal posibilidad. ¿Se podría tildar sin más de enfermedad mental de la víctima?: evidentemente no, aunque parece que siempre habría algún supuesto profesional que lo haría.

Respecto a la situación, podría idear muchas cosas pero no ideo nada; símplemente describo los sucesos que concurren además de plantear opiniones y ejemplos exponiendo teorías, hipótesis o posibilidades racionales, coherentes y válidas, que probablemente sean acertadas respecto a muchas de las circunstancias.

Un ejemplo de situación especialmente "inverosímil" podría ser lo que hicieron los nazis en su momento, que además fue secundado por muchas personas, pero fue una monstruosa, penosa, triste y vergonzosa realidad que ha quedado para la historia de la humanidad. En este caso lo único "inverosímil" es la respuesta de esos supuestos profesionales ante las evidentes circunstancias en vez de intentar aclararlas, analizarlas, comprobarlas e indagarlas como es debido.

¿Por qué esos individuos hacen lo que hacen?, ¿qué relación hay entre ellos?, ¿quién da las órdenes o consignas?, ¿por qué las siguen u obedecen como marionetas del guiñol que maneja el patrocinador de la situación?, ¿qué interés tienen en ello?, ¿qué beneficio les aporta?, ¿son irracionales, psicópatas, malintencionados, ...?. Cuestiones de ese tipo son las que deberían valorar y en las que deberían interesarse e incidir esos profesionales.

¿No quieren ver la realidad ... o ya la conocen y precisamente por eso desean falsearla y encubrirla?. ¿A qué se debe esa sinrazón, capricho, nepotismo o arbitrariedad en vez de intentar hacer lo que deben como deben?: su actitud es propia de irracionales, psicópatas o malintencionados. ¿Quizás los abogados, criminólogos, investigadores, o cualquier persona en general, no puedan plantear cualquier hipótesis o posibilidad mínimamente coherente que se les ocurra respecto a cualquier situación "inverosímil" por temor a ser tildados de delirantes-paranoicos, con privación de libertad incluída para supuesta valoración malintencionadamente incrédula?.

El tema es suficientemente obvio: si una persona denuncia cualquier delito (atraco, violación, allanamiento, robo, estafa, timo, acoso, amenaza, vejación, uso ilícito de determinada tecnología, etc) y le dicen que no está debidamente justificada la perpetración del delito sin ni siquiera intentar aclararlo, estudiarlo o indagarlo lo más mínimo, hay que denunciar asimismo tal irracionalidad, negligencia o animosidad. Y si además se inventan un delirio, hay doble motivo para ejercer el derecho de denuncia.

Una curiosidad: en aquellos casos de bebés robados al nacer respecto a los cuales decían a los padres que habían fallecido, así como en otros muchos inverosímiles casos de todo tipo, ¿quizás además también tildaban de deliantes-paranoicos a los padres si planteaban dudas o recelos cuando no les querían enseñar los cadáveres?. Etc.

Una tontería: se podría suponer que una persona tuviera lapsus o lagunas de memoria; muchos profesionales lo achacarían sin duda a algún problema mental; ahora bien, ¿se podría tener en consideración la posibilidad de administración de sustancias amnésicas, lo cual podría ocurrir incluso allanando su domicilio al efecto para echarlas con frecuencia en alimentos, ... o tal posibilidad se tildaría sin más de ideación delirante y psicosis paranoide?. Recientemente salía en los medios de comunicación el descubrimiento en un zona de este País de una plantación de la que se obtenía una sustancia utilizada para anular la voluntad y la memoria de las víctimas, al parecer usada con frecuencia en discotecas así como para robos, etc. A entender de esos supuestos profesionales, ¿sus aplicaciones serían sin más delirios-paranoias de las víctimas?.

Esos que se dicen profesionales son los que mejor deberían conocer las "inverosímiles" situaciones que ocurren día a día en todo el mundo, especialmente en lo que concierne a las materias y funciones que representan: ¿por qué tildan de delirio sin más las circunstancias que concurren en este caso sin ni siquiera conocerlas ni intentar aclararlas ni analizarlas lo más mínimo?.

La policía recomienda actuar siempre con desconfianza racional ante determinadas circunstancias (así lo dicen en los medios de comunicación), especialmente si son sospechosas o incluso aunque no lo parezcan. Eso es lo que se hace en este caso, pero las actitudes y respuestas de esos supuestos profesionales no son de profesionalidad racional sino todo lo contrario. Aunque alguna circunstancia irregular sea casual o errónea, el resto pueden ser o son indicios y evidencias a tener debidamente en cuenta. ¿Por qué contienen y falsean la denuncia en vez de atenderla y analizarla con el detalle debido?.

Si a alguno de esos que se dicen profesionales alguien le dice que hay tecnología capaz de captar las ondas que emite el cerebro y tratarlas informáticamente para manejar aparatos (como extremidades electromecánicas, drones, etc), posiblemente la conozcan e incluso les guste opinar sobre ello (o podría ser que no la conocieran y lo tildaran sin más de delirio alucinatorio); ahora bien, si alguien les dice que puede haber tecnología capaz de captar las ondas que emite un ordenador, o el movimiento de una persona detrás de paramentos, o medios de anular alarmas y de abrir cerraduras, o sustancias que anulan la voluntad y la memoria, o microcámaras y micrófonos que se pueden ocultar, o aparatos que detectan cámaras y micrófonos ocultos, o medios para captar comunicaciones inalámbricas ajenas incluso telefónicas, etc ... ¿lo consideran alucinaciones de delirantes?.

En la investigación y juicio a un miembro de la casa Real por ciertos presuntos delitos, el fiscal dijo respecto al juez instructor que barajaba tesis absurdas, denigrantes y conspiratorias. Ante tal aviso quizás éste debía tener cuidado: de ahí a ser tildado de delirante-paranoico siéndole ordenada una privación de libertad sumarísima sin asistencia legal para valoración malintencionadamente incrédula, etc, sólo hay un paso. ¿Tampoco pueden los jueces plantear cualquier hipótesis o posibilidad mínimamente racional y coherente que pueda o deba ser analizada, indagada y comprobada como es debido?.

¿Tienen los ciudadanos derecho legal y psiquiátrico a sospechar o recelar de situaciones irregulares, especialmente si son "inverosímiles", así como a denunciarlas si son delictivas o aparentemente delictivas?.

¿Qué hace un juez, un fiscal, un mando policial, una autoridad, etc, si al acudir al médico con determinada sintomatología por una presunta enfermedad, éste le dice (sin intentar consultar, aclarar ni analizar nada) que no está debidamente justificada la perpetración de la sintomatología que le refiere?. Si al insistir en ser atendido como es debido, el médico le tilda de delirante-paranoico: ¿lo asume o le denuncia?.

La psiquiatría, la investigación, etc, no están reñidas con la racionalidad sino todo lo contrario: precisamente su fundamento es analizar la realidad, no sacarse delirios de la manga sin más. El principio fundamental de la investigación (que todos conocemos) dice que ante cualquier situación irregular cualquier hipótesis mínimamente racional y coherente puede ser válida. Respecto a este caso, el delirio también podría ser una teoría o posibilidad inicialmente válida ... pero para poder tildarlo de tal previamente deberían analizar e indagar detalladamente y como es debido las circunstancias, en cuyo caso comprobarían la situación real que concurre y se denuncia que descartaría tal posibilidad.

Una tontería-ejemplo: si unos ciudadanos denunciaran que en la plaza del pueblo hay un individuo que se agita las pelotas cuando la gente pasa por allí, quizás acudiría la policía para identificar al sujeto, etc. Pero si un ciudadano denunciara que en la plaza del pueblo hay unos individuos que se agitan las pelotas cuando él pasa por allí, ¿se le tildaría sin más de delirante-paranoico, privándole de libertad sin aistencia legal para valoración malintencionadamente incrédula, etc?.

Los involucrados en esas acciones saben lo que han hecho y quién les ha dicho que lo hagan o ha instigado para captarles, a lo cual se han prestado de buen grado, siendo todos eslabones de una misma cadena. Por ahí podían empezar esos que se dicen profesionales que se sacan sin más el delirio-paranoia de la manga.

Este fue uno de los informes: "... el cual se encuentra con graves alteraciones psíquicas, con grave alteración psicótica, con ideas delirantes de perjuicio. La sintomatología que presenta es compatible con una patología de tipo psicosis paranoide, no teniendo conciencia de enfermedad y con grave riesgo para su integridad personal y la de terceros, precisando de contención mecánica. En el estado actual se encuentra en un estado de anulación de facultades volitivas e intelectivas, sin capacidad de juicio ni de raciocinio, ni capacidad de libre determinación, por lo que sería necesario su ingreso en un centro adecuado para su tratamiento". En este caso es obvio que no se trata de ideas delirantes de perjuicio sino de circunstancias reales comprobables con propósitos o intenciones de perjuicio (es lo que denotan esas actitudes y acciones). Y son esos que se dicen profesionales quienes o son delirantes y no tienen conciencia de ello y de la realidad, o son delincuentes por falsearla y encubrirla malintencionadamente usurpando sus cargos y funciones para ello. ¿Se encuentran en un estado de anulación de facultades volitivas e intelectivas, sin capacidad de juicio ni de raciocinio ... o son así de malintencionados con ánimo o propósito de serlo?. En todo caso presentan un grave riesgo para la libertad y el derecho establecido (igual que el resto de los involucrados en la situación) así como para la integridad moral e incluso física de cualquiera que tengan a su alcance, por lo que precisarían de contención mecánica (quizás prolongada) para valoración psiquiátrica y legal.

Obviamente es grotesca y absurda la posibilidad de que si alguien denuncia un delito, presunto delito o una situación irregular (como por ejemplo un mobbing u hostigamiento psicológico, el aparente uso ilícito de determinada tecnología, etc), se le ordene sin más (ni menos) una privación de libertad sin asistencia legal para valoración malintencionadamente incrédula sin que previamente intenten aclarar, analizar ni comprobar nada. Evidentemente es impensable en una sociedad de derecho: ¿habrá sido una alucinación?.

Se publicó en el BOE una disposición sobre el mobbing en la Administración. Cabría preguntarles a esos que se dicen profesionales con nómina funcionarial si el contenido de la misma y las situaciones a las que hace referencia son delirios-paranoias.

No hace mucho tiempo una mujer asesinó a otra para hacerse pasar por ella; incluso contrató un acompañante para obtener su semen que hizo aparecer en la víctima a fin de que aquel pareciera el culpable, etc. La maquiavélica situación podría parecer inverosímil ... pero fue real. En el momento de iniciarse la investigación, ¿se podía tildar de delirio-paranoia cualquier hipótesis, sospecha, etc, que no fuera la que podría parecer mas evidente (que sería lo que la autora deseaba que pareciera), ... o se podía y debía tener en cuenta cualquier teoría mínimamente racional y coherente que se pudiera plantear?.

Se podrían suponer los primeros casos de clonación de tarjetas, etc, o de uso ilícito de cualquier otra tecnología o sustancia novedosa. Tanto los "inverosímiles" hechos como las disparatadas hipótesis que se pudieran plantear al respecto, ¿serían delirios-paranoias?.

Respecto a los hechos que concurren en este caso las hipótesis que se plantean son perfectamente válidas y posiblemente certeras en gran parte: en modo alguno se pueden considerar delirios-paranoias ni los sucesos ni las teorías al respecto (máxime si quien lo tilda de tal no tiene ni idea de lo que ocurre ni se interesa lo más mínimo en analizarlo, indagarlo ni comprobarlo como es debido). La situación es denunciable y son los profesionales habilitados y legitimados para atender las denuncias de los ciudadanos quienes han de hacerlo con la profesionalidad necesaria. ¿No lo entienden así?, ¿por qué la tildan sin más de delirio?. El interés o intención mostrándose malintencionadamente incrédulos en vez de racionalmente analíticos también parece obvia: ¿están bajo la misma batuta que los involucrados en las acciones?; de otra forma es difícil entender el delirio que se inventan sin más.

Dicen noticias de ciencia y tecnología: científicos han implantado falsos recuerdos en la mente de un ratón; han desarrollado chips implantables en el cuerpo que se disuelven y desaparecen al cabo de un tiempo; logran clonar un ser a partir de una gota de sangre; logran reconocer letras analizando el cerebro del sujeto que las mira; logran una conexión directa no invasiva entre mentes (mediante estimulación magnética transcraneal); logran borrar recuerdos incluso selectivamente del cerebro (mediante fármacos, alterando proteínas o con electroshocks); etc. Para estos que se dicen profesionales, ¿es todo delirio-paranoia?. Si a cualquier chalado con medios suficientes se le ocurriera realizar experimentos con cualquiera de cualquier tipo y con cualquier propósito (incluso por simple diversión psicopática), ¿puede el objetivo darse por jodido y por delirante-paranoico?.

Un delirio es tener como verdadera una falsa realidad con convencimiento de ello sin que las pruebas y el razonamiento saquen al sujeto de su creencia; en este caso la falsa realidad es el delirio que idean ante esos sucesos reales que no conocen, ni analizan, ni comprueban lo más mínimo (aún siendo su deber laboral hacerlo). ¿La mejor defensa contra cualquier denuncia comprometedora es un buen ataque con ideaciones de delirios-paranoias?.

Se podría suponer que un psicópata pensara que podría conseguir desquiciar o enloquecer a alguien pegando golpecitos todas las noches en paramentos de su vivienda, o repitiéndole situaciones, o haciéndole objetivo de alusiones y gesticulaciones, etc: ¿tanto la situación como la hipótesis se tildaría sin más de locura del objetivo con posibles alucinaciones y punto?.

Que se crean o no los sucesos que se denuncian en este caso no importa en gran medida (también pueden creer o no en extraterrestres, en milagros, en posesiones diabólicas, en fenómenos paranormales, en la vida después de la muerte, en el poder de manipulación social del capital, en las noticias de los medios de comunicación, en la honorabilidad de los políticos, en las teorías sobre infinidad de sucesos de la historia, etc); lo que en todo caso sí ha de hacer un profesional en la materia es tener debidamente en cuenta la situación y analizarla como es debido teniendo asimismo en cuenta cualquier posibilidad o hipótesis mínimamente racional que se pueda plantear al respecto, algo que éstos no hacen: ¿por qué?. Es obvio que un buen profesional con nómina funcionarial se interesa por iniciativa propia en intentar aclarar, analizar y comprobar como es debido los acontecimientos, tanto por ser su deber y cometido laboral como por ser el derecho de los ciudadanos: ¿por qué estos tienen el interés contrario e incluso el de falsear las circunstancias usando su cargo con nómina funcionarial para ello?.

El tema es relativamente simple: que un individuo salga de una marquesina de autobús a agitarse las pelotas al paso de un vehículo y que otros realicen similar gesticulación en otros momentos; o que unos individuos realicen determinadas alusiones y gesticulaciones en otros entornos, incluso laborales; o que se produzca un reiterado golpeo diario en paramentos de una vivienda que curiosa y sospechosamente cesa al primer movimiento; etc, etc, etc; ... no son delirios-paranoias sino señales, pistas, indicios o evidencias de que algo les pasa o algo pretenden.

Salía en TV un reportaje sobre los forenses de la cerrajería en su labor para las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, que intentan analizar con el detalle necesario cómo se han podido abrir sin rotura las cerraduras que pasan por sus manos; ¿quizás algunos que se dicen profesionales considerarían un delirio-paranoia la posibilidad de que alguien pueda abrir una cerradura sin la llave o sin romperla?. Noticias de ciencia y tecnología dicen que se desarrollan fármacos para anular o borrar la memoria incluso de forma selectiva, por ejemplo para anular recuerdos traumátcos, etc. Si un médico loco, un mafioso o adinerado macarra de cierto nivel, etc, quisiera experimentarlo con alguien para lo que se le ocurriera, ... ¿tanto la situación como las sospechas o indicios se considerarían delirios-paranoias?. ¿Habría que tener miedo a denunciar situaciones "inverosímiles" de ese tipo por temor a ser tildados sin más de delirantes?, ¿qué opinan los buenos y verdaderos profesionales al respecto?.

Una tontería: si una persona está siendo envenenada con una sustancia difícil de detectar y al sentir malestar u otra sintomatología anormal le plantea a un profesional tal sospecha o posibilidad por cualquier duda o recelo que tuviera al respecto, ¿es un delirante-paranoico?; si le hicieran algunas pruebas comunes básicas y no detectaran el problema (lo cual ha pasado en muchas ocasiones), ¿se confirmaría el delirio-paranoia?.

Una circunstancia que concurre en esta situación: justo al día siguiente de presentar denuncia en uno de los cuerpos de las FSE, remite el golpeo en paramentos de la vivienda en horas tempranas que hasta entonces venía produciéndose diariamente y que curiosa y sospechosamente cesaba al primer movimiento que se hacía tras despertar por el mismo; ¿es una extraordinaria casualidad?, ¿se puede considerar sospechoso?, ¿es paranoia la sospecha, ...?. ¿Qué posibilidades caben?. Un buen y verdadero profesional lo tendría debidamente en cuenta: ¿por qué éstos no?.

Quizás habría que plantearlo en formato test con respuestas rápidas 'si' o 'no': ¿las alusiones y gesticulaciones que concurren son irregulares?: si; ¿pueden ser malintencionadas?: si; ¿pueden ser fruto de una instigación?: si; ¿puede haber relación entre todas ellas o gran parte de las mismas?: si; ¿en algunas de esas acciones se han podido usar determinadas tecnologías?: si; ¿es posible que la consideración delirante sea asimismo malintencionada?: si; ¿es posible que detrás de todo ello esté un macarra de cierto nivel captando a macarrillas para las acciones directas y contando con autoridades o funcionarios captados para falsear y encubrir la situación?: si; ... Etc. A la vista de las circunstancias y de las respuestas, puede ser más o menos obvio tanto lo que hay como lo que puede haber y lo que se ha de indagar, comprobar, analizar y valorar con el detalle necesario, lo cual es labor fundamental de los profesionales en la materia habilitados y legitimados al efecto. Y si no indagan, comprueban, analizan ni valoran debidamente nada, tampoco pueden tildarlo de delirio: ¿por qué lo hacen entonces?. Puede ser obvio que o son irracionales sin tener conciencia de ello o son malintencionados con sobrada conciencia de serlo; en cualquiera de los casos, esos cargos y funciones no están en buenas manos.

En el presente caso, un grupo de individuos que realizan determinadas alusiones y gesticulaciones anormales no es un delirio-paranoia sino un grupo de individuos que realizan determinadas alusiones y gesticulaciones anormales; un cadencial golpeo diario en horas tempranas en paramentos de la vivienda que curiosa y sospechosamente cesa al primer movimiento que se realiza tras haber comenzado, no son alucinaciones auditivas sino un golpeo en paramentos que curiosa y sospechosamente cesa al primer movimiento; unos seguimientos son tales; etc. La labor de los profesionales habilitados al efecto es analizar tales circunstancias como es debido, comprobándolas si lo desean (lo cual sería conveniente). ¿Pretenderían poder tildar de delirio todo lo que deseen a su antojo y conveniencia para falsear y encubrir lo que quieran cuando quieran?.

Una tontería: si un delirante-paranoico es víctima de cualquier delito más o menos velado e inverosímil, ... ¿lo tildan de delirio-paranoia y punto?.

Si en la investigación de un caso de asesinato o de una muerte irregular (o incluso de una que pareciera normal) o de cualquier otro delito o presunto delito más o menos grave y más o menos increíble, se fuera descubriendo que en algunos entornos laborales la víctima había sido objetivo de determinadas acciones (alusiones, gesticulaciones, etc), o que en su entorno residencial un grupo de individuos asimismo realizaba determinadas alusiones y gesticulaciones (algunas coincidentes con otras de esos otros entornos), o que diariamente en horas tempranas se producía un reiterado golpeo en paramentos de la vivienda que curiosa y sospechosamente cesaba al primer movimiento que realizaba tras despertar por el mismo, o que había sido seguido en algunas ocasiones, o que ante la denuncia de todo ello y algunas cosas más unos supuestos profesionales habían tildado tales circunstancias de delirio-paranoia sin intentar aclararlas, analizarlas ni comprobarlas lo más mínimo e incluso que se había ordenado una privación de libertad sin asistencia legal para valoración malintencionadamente incrédula, etc ... ¿lo tendrían debidamente en cuenta para estudiarlo e indagarlo como es debido o tildarían todo de delirio-paranoia?. ¿Qué opina al respecto todo buen profesional de la psiquiatría, de la psicología, de la criminología, del derecho, etc?.

Quizás quieren confundir o desean que se confunda lo que son sospechas, indicios y evidencias con delirios, paranoias y alucinaciones, algo que no deberían equivocar los profesionales en la materia. Un delirio es la creencia, con convencimiento de ello, en una falsa realidad imposible, irreal o que a ciencia cierta no es lo que cree el individuo, sin que las pruebas y razonamientos le saquen de tal convencimiento. En este caso la realidad son esos individuos y esas circunstancias, en principio presuntamente malintencionadas, que han de ser debidamente analizadas y valoradas por los profesionales en la materia: ¿qué posibilidades o hipótesis se pueden plantear al respecto?.

Sospechar de sucesos sospechosos y denunciarlos no sólo es lícito (legal y psiquiátricamente hablando) sino que es recomendación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado hacerlo. Lo que no es normal ni lícito es tildar una denuncia de delirio-paranoia sin aclararla, analizarla, indagarla ni comprobarla lo más mínimo. ¿Quizás podrían pensar en la imposición de delirios como la panacea para la resolución de cualquier situación comprometedora?.

Los hechos motivo de denuncia son como se describen; alguno puede ser casual o erróneo pero el resto son indicios y evidencias, además de ser la punta del iceberg de la verdadera situación y realidad que concurre en este caso. Las hipótesis al respecto en su mayor parte pueden ser certeras, como por ejemplo el posible uso ilícito de determinadas tecnologías, el mobbing u hostigamiento psicológico, el propósito de causa de perjuicio, la animosidad o psicopatía de los involucrados, etc. ¿Por qué idean delirios sin más en vez de analizar lo que deben como deben?.

Hay quienes consideran estrategia y arte mentir, engañar, falsear las situaciones para que parezcan lo que quieran que parezcan, etc: ¿va este caso por esa vía cuando se tilda sin más de delirio en cuanto a la falta de credibilidad que se pretende, las susceptibilidades asociadas que conlleva, etc?.

Una tontería que habrían de responder desde las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado: cuando los ciudadanos aprecien circunstancias irregulares, sospechosas, indicios delictivos, etc, ¿pueden denunciarlo para que se analicen como es debido (como aconseja la propia policía) sin temor a ser tildados sin más de delirantes-paranoicos ni a que se les ordenen privaciones de libertad sin asistencia legal para valoración malintencionadamente incrédula, etc?. Si la respuesta es afirmativa, como debería ser: ¿qué ocurre en este caso?.

Se podría suponer una situación "inverosímil": que unos adolescentes macarrillas acordaran realizar determinadas alusiones, gesticulaciones y otras putaditas a un profesor, instigando y extendiendo las consignas de actuación a otros macarrillas para que hagan lo mismo, a lo cual los de costumbre se prestan de buen grado; podrían incluso usar alguna tecnología como inhibidores de frecuencias, de comunicaciones, micrófonos gsm, localizadores gps, medios de escucha o de captación o interceptación de comunicaciones, o cualquier otro útil como los que se pueden adquirir en tiendas de espionaje, etc. ¿Sería posible?: obviamente sí; ¿se tildaría sin más de delirio-paranoia del objetivo-víctima, incluyendo privación de libertad sin asistencia legal para valoración malintencionadamente incrédula, etc?.

Es obvio que si no son capaces de entender y analizar como es debido esta situación tampoco deberían ocupar esos cargos representando esas funciones. Y menos aún si su actitud y respuestas derivan de captación o animosidad. Es grave que unos supuestos profesionales tilden sin más de delirante a alguien falseando su estado de salud; es más grave si lo hacen para encubrir una situación delictiva.

Quizás habría que avisar o prevenir a profesores, alumnos aplicados, políticos, policías, autoridades, personas de otra raza o procedencia y a toda la ciudadanía en general, que si son objetivos-víctimas de determinadas acciones de presunto mobbing u hostigamiento, aparente uso ilícito de determinada tecnología, etc, o de cualquier otra situación tanto o más "inverosímil" que esta, ... que no se les ocurra denunciarlo o serán tildados sin más de delirantes-paranoicos, privados de libertad sin asistencia legal para valoración malintencionadamente incrédula, etc. ¿Qué opina el funcionariado habilitado para atender denuncias?.

Para tildar algo de delirio debe estar debidamente justificada la perpetración del mismo. Un delirio es el convencimiento de algo irreal o imposible, sin que las pruebas y el razonamiento saquen al sujeto de tal creencia. En este caso los hechos (referentes al presunto hostigamiento, aparente uso ilícito de determinada tecnología, etc) son reales y comprobables, respecto a los cuales se pueden plantear algunas hipótesis que pueden ser certeras. Sólo el análisis, la investigación y la comprobación de las circunstancias pueden determinar la exactitud o imprecisión de las teorías, lo cual esos que se dicen profesionales ni hacen ni intentan hacer en ningún momento (por lo que tampoco pueden tildar la situación de nada); algunos sucesos pueden ser casuales (o erróneas las teorías sobre ellos) pero el resto es obvio que son indicios y evidencias. ¿Por qué idean delirios en vez de tenerlas debidamente en cuenta?. Si son negligentes, es grave; si son malintencionados captados y lo hacen para falsear y encubrir lo que está pasando, es extremadamente grave (máxime por ocupar los cargos que ocupan representando las funciones que representan).

Una tontería que no viene a cuento: saltar encima de los capots de vehículos en marcha se ha convertido en algunos lugares en una afición de algunos jóvenes que aparentemente desean demostrar alguna valentía con ello; si un vehículo atropella a uno que se le ha echado encima repentinamente, la hipótesis de que el individuo atropellado saltó voluntaria e intencionadamente sobre el coche, ¿sería un delirio-paranoia o una posibilidad a tener debidamente en cuenta?; lo que plantearían supuestos profesionales como los de este caso sería: ¿para qué iba a querer nadie hacer eso?.

Se podría suponer que un psiquiatra, psicólogo, mando policial, investigador, juez, fiscal, autoridad, etc, tuviera un hijo adolescente que dijera oir zumbidos que ellos no oyen (que podrían proceder de un aparato antibotellón o similar usado malintencionadamente al efecto); consultando a especialistas del aparato auditivo, etc, le dirían que físicamente todo parece estar en órden, con lo cual quizás le remitirían a los de salud mental y éstos lo tildarían sin más de alguna anomalía o irregularidad delirante-paranoica-esquizofrénica con alucinaciones auditivas, etc. ¿Tendrían que asumirlo como tal sin más ... o podrían sospechar que alguien pudiera estar provocando esa situación malintencionadamente de alguna forma?. ¿Cómo se investigaría debidamente una situación de ese tipo?. ¿Cuántos ejemplos similares, e incluso mucho más inverosímiles aún, se podrían poner?.

Es evidente que los involucrados en esas acciones saben quién ha instigado y les ha captado para hacer lo que hacen: por ahí podrían empezar los profesionales de la investigación, así como comprobando las circunstancias (especialmente las más "inverosímiles") y analizándolas como es debido.

En las investigaciones policiales los buenos profesionales siempre tienen debidamente en cuenta cualquier detalle por nimio que parezca: puede ser la pista definitiva o determinante para resolver el caso. En éste hay sobrados detalles, pistas, indicios y evidencias de lo que hay, que no son delirios precisamente.

Si un grupo de macarrillas delincuentes rondaran una casa para entrar en ella aprovechando despistes de sus propietarios, o realizaran alusiones a escondidas, o pegaran golpecitos en la pared y salieran corriendo, o se les ocurriera utilizar otros medios y procedimientos más o menos velados e "inverosímiles", etc, que podría acompañarse con la instigación y vilipendio que se les ocurriera expandir en el entorno para desprestigiar, desacreditar, restar credibilidad, etc, a los objetivos, lo cual incluso podrían hacerlo por encargo, ... ¿sería un delirio-paranoia de éstos?.

Se podría suponer que un macarrilla o banda de macarrillas adinerados quisieran probar con alguien sus adquisiciones tecnológicas de espionaje, control, intromisión en sistemas, allanamiento, control de comunicaciones, latrocinio de nivel, etc: ante la denuncia del objetivo de sospechas o indicios al respecto, ¿sería delirio-paranoia sin más y punto?. ¿Podrían hacer lo que quisieran con quien quisieran con la inestimable colaboración de esos profesionales de la ideación de delirios?.

Al igual que un ciudadano no tiene que llevar un informe de un médico privado al médico de la sanidad pública para que éste realice debidamente su trabajo de estudio y análisis de la sintomatología que presente, sino que es el médico en cuestión el que tiene que realizar las aclaraciones, análisis y pruebas necesarias para determinar lo que ocurre e intentar solucionarlo, la misma consideración se puede hacer respecto a los profesionales habilitados para investigar y resolver delitos, presuntos delitos, indicios delictivos o situaciones irregulares o anormales. En este caso si lo hicieran con la profesionalidad debida como es su deber y cometido laboral, sobran hechos, indicios y evidencias a tener en cuenta, analizar, indagar y comprobar como es debido. ¿Por qué no lo hacen?.

Hace algún tiempo, aparecían en los medios de comunicación unas imágenes de un policía lanzándole patadas a la cabeza a un detenido esposado sentado en dependencias policiales; los compañeros del policía agresor en vez de intentar impedir la acción, contenerle o incluso detenerle, lo que hicieron fue mover la cámara que grababa las imágenes para evitar que las captara. Probablemente, estos otros supuestos profesionales que tildan esta situación sin más de delirio, que ordenan privaciones de libertad sin asistencia legal para valoración malintencionadamente incrédula, etc, sean de ese mismo estilo y también desean impedir que se vea como es debido esta situación.

Es evidente que ante circunstancias de este tipo las cuestiones que tiene que plantear o analizar un profesional son del tipo: ¿por qué o para qué un individuo se agita las pelotas saliendo de una marquesina de autobús al paso de un vehículo y otros hacen la misma tontería en otros momentos; o alguien le dice a una persona "vete a tu tierra", le hace cortes de manga por la espalda, etc, en un entorno laboral; o un jefe le dice a un empleado "chupa moro chupa", "moramen" (mientras se lleva la mano a las pelotas y se pasa la lengua por los labios), etc; o un individuo realiza un seguimiento en vehículo en más de una ocasión; o alguien pega golpes en horas tempranas en paramentos de una vivienda haciéndolos cesar al primer movimiento; ... Etc. También puede plantearse qué relación puede haber entre ellos; si pueden ser captados por un instigador y quién está detrás moviendo los hilos; qué les pasa o qué pretenden tanto el instigador como los captados involucrados; etc. Así sería el estudio y valoración básica que todo buen profesional (investigador, jurista, psicólogo, psiquiatra, sociólogo, etc) podría hacer y haría respecto a las circunstancias, teniendo debidamente en cuenta cualquier hipótesis o posibilidad que se pudiera plantear al respecto y que habría que comprobar e indagar debidamente.

Se podría suponer que cualquiera quisiera divertirse con un vecino colindante usando un detector de movimientos a través de paramentos de forma que hiciera sonar una voz, ruido o sonido cada vez que el objetivo se acercara al punto de la pared medianera donde se situara el detector: ¿podría el objetivo sospechar del posible uso ilícito de un medio al efecto así como denunciar la situación ... o sería delirante-paranoico si lo hiciera?.

¿Son imposibles las circunstancias que se denuncian en este caso?: evidentemente no puesto que ocurren, son reales y en su mayor parte comprobables. ¿Qué teorías se pueden plantear respecto a las mismas?: la del mobbing u hostigamiento malintencionado, el aparente uso ilícito y malicioso de determinada tecnología, etc, son válidas y probablemente certeras respecto a muchas de ellas (algunas pueden ser casuales o erróneas, pero el resto pueden ser evidentes). ¿Por qué esos supuestos profesionales se inventan un delirio ante la situación?, ¿qué intención tienen en ello en vez de comprobarla y analizarla como es debido?.

Buscando en internet se pueden encontrar "inverosímiles" curiosidades como la forma de obtener información de ordenadores mediante la captación a cierta distancia de las señales electromagnéticas que emiten componentes del equipo (p.ej: método Tempest, interferencias de Van Eck, etc) sin necesidad de que esté conectado a una red de datos cableada o inalámbrica, algo de lo que suelen estar enterados profesionales de seguridad, delincuentes de nivel, etc y que aparentemente se usa desde hace tiempo. Los que tengan juguetes de ese tipo, ¿pueden jugar con ellos tranquilamente ya que las sospechas o indicios se tildarán sin más de delirios-paranoias de los objetivos-víctimas?.

En este caso podría estar mintiendo a propósito sobre los sucesos; si así fuera no sería un trastorno o ideación delirante sino una ideación malintencionada (con conciencia de ello). En cualquier caso no hay ideaciones, hay hechos reales comprobables; alguno podría ser casual o erróneo, pero el resto pueden ser evidentes. En este caso la ideación malintencionada es el delirio que se sacan de la manga. Puede ser obvio que intentan falsear y encubrir la situación en vez de analizarla e indagarla como es debido (si desearan analizarla y comprobarla debidamente podrían hacerlo y lo harían en vez de limitarse a mostrarse malintencionadamente incrédulos): los buenos profesionales se interesan en intentar aclarar y estudiar las circunstancias con la profesionalidad necesaria (igual que los buenos médicos respecto a las sintomatologías anormales de salud); ¿por qué éstos hacen lo contrario?, ¿qué son?.

Todos los buenos y verdaderos profesionales, así como todos los ciudadanos en general, aseguran (y las leyes lo corroboran) que en una sociedad de Derecho tecnológicamente avanzada, es imposible que una situación como esta (o incluso aunque fuera más inverosímil aún) pueda tildarse sin más de delirio legalmente a no ser que a ciencia cierta sea irreal o imposible, lo cual no es el caso (a ciencia cierta es posible y real). Así, ¿qué interés han tenido en idear o sacarse de la manga este delirio en vez de intentar aclarar, analizar, indagar y comprobar las circunstancias como es su deber y cometido laboral?.

Cualquiera podría conseguir un buen número de "inverosímiles" medios (tecnologías, sustancias, etc), tanto más increíbles cuanto más dinero deseara gastarse en ello; asimismo, cualquier grupo de macarrillas irracionales o malintencionados de mayor o menor nivel puede acordar la práctica de puteos, sabotajes, hostigamientos, espionajes, etc, más o menos velados. ¿Todo delirios-paranoias de los objetivos en todos los casos?.

¿Podrían también los médicos mostrarse malintencionadamente incrédulos ante las sintomatologías anormales de salud que presentaran los pacientes en vez de intentar analizarlas, indagarlas o comprobarlas como es debido, así como tildarles sin más de delirantes-paranoicos si protestaran por la situación o la denunciaran?.

En este caso se puede considerar que la ideación delirante que se sacan de la manga no es un error médico sino mala intención, animosidad, malevolencia. Podría haber error si previamente hicieran lo que deben como deben analizando, indagando y comprobando las circunstancias con el interés y detalle necesarios (en cuyo caso además quedaría un margen de error mínimo). Cuando no hacen nada sino mostrarse malintencionadamente incrédulos, es tal el propósito que tienen puesto que si quisieran analizar y comprobar la situación como es debido lo harían (no es tan difícil). Así, ¿qué son?, ¿quién mueve sus hilos?.

La respuesta puede ser clarificadora y determinante: ¿ordenaría sin más un Juez la privación de libertad sin asistencia legal para valoración malintencionadamente incrédula de otros Jueces, Fiscales, Autoridades, etc, que denunciaran en derecho irregulares y sospechosas circunstancias como las que concurren en este caso (individuos que realizan determinadas alusiones y gesticulaciones, aparente uso ilícito de determinada tecnología, etc) ... o se tendrían debidamente en cuenta las circunstancias para intentar analizarlas, indagarlas y comprobarlas como es debido?.

Es obvio que las cuestiones a plantear en este caso (o en otros similares) son del tipo: ¿qué les pasa o qué pretenden tanto los involucrados en las acciones como quienes lo tildan de delirio?, ¿están directa o indirectamente dirigidos todos por la misma batuta?, ¿quién desea que esos individuos hagan lo que hacen?, ¿por qué intentan encubrir y falsear la situación en vez de analizarla y comprobarla como es debido?, ...

Puede ser obvio que si está pasando lo que está pasando es porque alguien deseaba que pasara. Si esos supuestos profesionales hicieran lo que deben como deben (consultando, aclarando, analizando, indagando y comprobando las circunstancias) las respuestas y resultados habrían de ser y serían bien distintos.

De vez en cuando salen noticias en los medios de comunicación como que desde la Dirección General de la Policía se presionó a mandos policiales para cesar investigaciones; jueces que al servicio de intereses determinados desatienden y archivan casos o incluso dictan sentencias fuera de toda lógica, razón y derecho; grupos de petulantes macarrillas de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que forman bandas con acciones ilícitas diversas, en casos al servicio de determinadas mafias; mandos que avisan a autoridades y delincuentes de investigaciones en su contra; etc. También es sobradamente conocido que hay muchas más de las que se van conociendo. ¿Qué hay detrás de esta situación que a todas luces aparenta ser uno más de esos irregulares casos?. ¿Qué interés tienen en contener y tergiversar la denuncia (incluso ideando o sacándose de la manga un delirio) en vez de analizarla, indagarla y comprobarla como es debido, lo cual es su deber y cometido laboral?.

Si un supuesto profesional tilda esta situación de delirio, a la vista está que no es porque lo sea sino porque desea que lo parezca y se tenga como tal. En este caso, ¿por qué unos supuestos profesionales con nómina funcionarial pueden desear eso en vez de interesarse en intentar aclarar, analizar, comprobar e indagar las circunstancias como es debido?.

Las circunstancias que concurren son hechos reales, detrás de los cuales puede haber hasta las más inverosímiles y maquiavélicas tramas para conseguir los más increíbles propósitos que se le puedan ocurrir al instigador o patrocinador de la situación. Y quien no quiera ver o ni siquiera entender o tener en cuenta tal realidad es porque puede ser irracional o malintencionado. Por ejemplo: ¿qué le puede pasar o qué puede pretender un individuo que sale de una marquesina de autobús a agitarse las pelotas al paso de un vehículo?, ¿qué le puede pasar o qué puede pretender un jefe que en una empresa le dice "chupa moro chupa" o "moramen", etc, a un empleado?, ¿qué le puede pasar o qué puede pretender un individuo que practica un golpeo diario en paramentos de una vivienda haciéndolo cesar al primer movimiento del objetivo?, ¿qué le puede pasar o qué puede pretender un juez que en vez de interesarse en consultar, aclarar, indagar y comprobar los sucesos ordena una privación de libertad sin asistencia legal para supuesta valoración?, ¿qué le puede pasar o qué puede pretender un supuesto profesional que en vez de estudiar, analizar y valorar como es debido tanto las circunstancias una a una como la situación en su conjunto, se muestra malintencionadamente incrédulo?; ¿qué pretensión global podría haber detrás de la situación en su conjunto?. Etc, etc, etc La situación es suficientemente grave y sobradamente evidente.

Asimismo, todo investigador, criminólogo, jurista, profesional del derecho, etc, asegura que hasta el más nimio o inverosímil suceso o detalle puede ser la pista determinante o definitiva para resolver una situación delictiva o irregular, ... o incluso que una prueba que podría parecer evidente puede ser una pista falsa preparada al efecto malintencionadamente. En este caso, muchos de los sucesos que concurren también son significativas pistas, indicios y evidencias reales y comprobables que todos los buenos y verdaderos profesionales saben indagar, analizar e interpretar como es debido. ¿Qué son éstos?.

Hace años unos individuos asesinaron a una persona jugando a un juego de rol. Si el "juego" de esos individuos hubiera consistido en hacerle objetivo de hostigamientos y putaditas diversas, incluso con uso de tecnologías y procedimientos "inverosímiles", etc ... ¿tildarían al objetivo de delirante-paranoico sin más y punto?. Si esos que se dicen profesionales analizaran e investigaran un asesinato (o cualquier otro delito) y en el transcurso de la investigación descubrieran que la víctima era objetivo de circunstancias como las que concurren y se denuncian en este caso, ¿lo tendrían debidamente en cuenta o dirían que serían delirios-paranoias?.

Es evidente que jueces, fiscales, policías, etc, profesionales de la investigación y la justicia, son los que mejor deberían saber que no se puede tildar nada de delirio a no ser que a ciencia cierta la situación sea irreal o imposible, máxime además sin conocer, analizar, indagar ni comprobar lo más mínimo las circunstancias: la conclusión puede ser obvia.

Si una denuncia por una situación de homofobia, racismo, xenofobia, abuso autoritario, etc, cayera en manos de un homófobo, racista, xenófobo, fascista, etc, ... ¿quizás podría contenerla y falsearla tranquilamente como delirio-paranoia del objetivo-víctima?.

No hay más que pensar en la infinidad de situaciones "inverosímiles" que han ocurrido, ocurren y ocurrirán en el mundo día a día, además de las potenciales situaciones que se le pueden ocurrir a cualquiera con cualquier propósito usando cualquier medio o procedimiento incluso "inverosímil". En este caso es evidente que los hechos que concurren (en su mayor parte comprobables o indagables) son pistas, indicios o evidencias de la anormal situación, no delirios alucinatorios.

Se podría plantear un ejemplo "especialmente inverosímil": al parecer, desde hace algún tiempo se viene desarrollando tecnología que permite cierta comunicación "mental" entre dos personas situadas a distancia, a modo de telepatía artificial; el aparato se coloca sobre la cabeza de los sujetos y la comunicación entre ellos se puede realizar incluso a través de internet. Se podría suponer que se avanzara en el desarrollo y se pudiera colocar el aparato no directamente sobre la cabeza sino a cierta distancia, usándose sobre alguien sin su conocimiento (o incluso que se inventara otra tecnología distinta que permitiera una función o resultado similar): ¿se tildaría sin duda alguna de delirio-paranoia-esquizofrenia del objetivo-víctima?. Estos que se dicen profesionales seguro que sí lo harían, sin tener en cuenta lo más mínimo cualquier posibilidad que se pudiera plantear al respecto.

Otra cuestión "inverosímil": hace algún tiempo en noticias de ciencia y tecnología aparecían sustancias capaces de hacer que una persona olvide recuerdos selectivamente. Cualquier uso ilícito de las mismas para cualquier cosa que se le ocurriera a quien las utilizara, ¿sería un delirio-paranoia del objetivo-víctima?; ¿cualquier conocedor de la materia podría experimentarlo con quien quisiera?; ante una posible situación de ese tipo, ¿los profesionales que correspondiera se mostrarían malintencionadamente incrédulos en vez de racionalmente analíticos, desvirtuando o negando cualquier posibilidad mínimamente racional y coherente que se pudiera plantear al respecto en vez de tenerla debidamente en cuenta?.

¿Cómo se trataría la situación y qué indagaciones o comprobaciones se harían en caso de ser un Rey, un Presidente, un Ministro, un alto mando militar o policial, juez, fiscal, etc, los objetivos de circunstancias similares a las que ocurren en este caso?; evidentemente eso que harían también podrían y deberían hacerlo en éste en vez de inventarse delirios sin más, etc.

Los hechos son reales, no alucinaciones, en su mayor parte comprobables o indagables. Si quisieran podrían confirmar fácilmente muchos de ellos, como lo hacen los buenos y verdaderos profesionales en las investigaciones de otros delitos. Además, quien denuncia en derecho una situación delictiva, presuntamente delictiva o anormal, lo hace precisamente con el propósito de que se investigue, compruebe y analice como es debido, no para que se tilde sin más de delirio. También es evidente que se puede plantear cualquier hipótesis mínimamente racional y coherente tanto respecto a las circunstancias una a una como respecto a la situación en su conjunto (incluyendo la aparente animosidad de las consideraciones delirantes): algunas de las que planteo en este caso no sólo son posibles sino que pueden ser certeras. ¿Por qué entonces idean, inventan o se sacan de la manga un delirio tan petulante, alegre, cínica y maliciosamente?. La cuestión quizás se puede responder con otra pregunta: ¿qué son?, ¿qué y a quién amparan y encubren?.

En este caso la "alucinación" con la que se puede "alucinar" sobremanera es que unos supuestos profesionales con nómina funcionarial como tales lo tilden sin más de delirio en vez de intentar analizarlo, indagarlo o comprobarlo como es debido, lo cual es su deber y cometido laboral.

Además, los buenos y verdaderos profesionales recomiendan anotar cualquier suceso irregular o sospechoso, lo cual no es una paranoia sino que podrían ser pistas o indicios. Sólo mediante las aclaraciones oportunas y un análisis minucioso se puede determinar la gravedad y alcance de la situación: ¿desean éstos evitarlo o impedirlo cuando su principal interés habría de ser estudiarlo con la profesionalidad necesaria?. Un buen y verdadero profesional es el que tiene en cuenta toda posibilidad razonable que se pueda plantear, máxime ante situaciones comprobables o indagables. ¿Qué son éstos?.

¿Quizás si quisieran cargarse a alguien (en cualquiera de los múltiples significados de la expresión) podrían poner la investigación en manos de "profesionales" de este tipo que tranquilamente se mostrarían malintencionadamente incrédulos en vez de racionalmente analíticos ante lo que quisieran, falseando la situación y conteniendo la investigación en vez de indagar y valorar las circunstancias con la profesionalidad y minuciosidad necesarias?.

Lo mismo que un instigador ha captado a esos individuos para que realicen esas acciones (para lo cual los captados se han prestado de buen grado quizás por afinidad, interés, animosidad, psicopatía, etc), ... ¿han sido captados también quienes se han sacado el delirio de la manga?: de otra forma no se explica que un profesional pueda tildar sin más de delirio una situación comprobable en vez de interesarse en analizarla, indagarla y verificarla como es debido. En su caso, ¿qué implicaciones hay y a qué nivel?.

Si alguien quisiera divertirse intentando desquiciar a cualquiera, o de verdad intentara volverle loco o deseara que lo pareciera con algún maquiavélico propósito, o llevara a cabo acciones delictivas o experimentos con determinadas sustancias o tecnologías contra cualquiera, ... la denuncia de las que seguro serían anormales e "inverosímiles" circunstancias ¿se tildaría sin más de delirio-paranoia del objetivo y punto?.

Una curiosidad: cualquiera puede buscar en internet Método Tempest, interferencias de Van Eck, ... asi como muchos otros medios de espionaje, sabotaje, etc. Son cuestiones desconocidas para la mayoría de la población, no así para quienes se dedican profesionalmente a determinados temas de seguridad, para quienes los utilizan ilícitamente con determinados fines, para quienes hacen colección de juguetes de ese tipo y los usan cuando quieren contra quien quieren, etc. Quien sea objetivo de los mismos y se le ocurra denunciar sospechas o indicios, ¿puede darse por delirante-paranoico cuando menos?. ¿Tiene que parecer "inverosímil" que alguien pueda utilizar alguno de esos "inverosímiles" medios contra cualquiera, lo cual podría hacer incluso por simple diversión psicopática?. ¿Tienen que tener miedo los ciudadanos a denunciar sospechas o indicios sobre cuestiones de ese tipo, o de cualquier otro tanto o más "inverosímil", por temor a poder ser tildados sin más de delirantes?. ¿Por qué quienes están habilitados, legitimados y tienen nómina funcionarial al efecto, no se interesan en consultar, aclarar, indagar o comprobar las circunstancias como es debido, ya que además de ser su deber y cometido laboral habría de ser de su interés y curiosidad profesional?. Las dudas, sospechas o indicios sobre el posible uso de medios y procedimientos "inverosímiles", ¿se tildan sin más de delirio-paranoia de los objetivos-víctimas en todos los casos?.

En este caso los hechos son como se describen: ¿de qué pueden ser pistas?, ¿qué puede estar ocurriendo?,... Seguro que todos los buenos y verdaderos profesionales y cualquier persona en general pueden aportar teorías diversas que podrían ser certeras.

Es seguro que cualquier ciudadano mínimamente racional sabría hacer y haría mucho mejor la labor de análisis e investigación por la que esos irracionales o malintencionados, supuestos profesionales, tienen nómina funcionarial. Una cuestión: ¿se podría animar la ciudadanía al uso malicioso de medios y procedimientos "inverosímiles" ya que serían delirios-paranoias de los objetivos-víctimas?; es más: ¿podrían esos que se dicen profesionales tildar sin más de delirio cualquier denuncia que quisieran a su antojo?. También es seguro que hay mas psicopatía o animosidad en los que se involucran en acciones de ese tipo, que delirio respecto a ellas en los objetivos de las mismas.

Respecto a la materia, a la profesión, a los que ejercen con la profesionalidad necesaria y debida, el interés está en analizar qué les pasa o qué pretenden los involucrados en esas anormales acciones, quién y cómo les han captado, qué medios han podido usarse en algunas de las mismas, quién está detrás de todo ello, etc.

También es obvio que los investigadores, jueces, fiscales, etc, pueden sospechar, deducir o darse cuenta si una consideración delirante puede ser falsa y malintencionada: fundamentalmente evaluando o teniendo en cuenta si las circunstancias o sucesos se pueden analizar, investigar o comprobar como es debido. E incluso aunque no se pudieran demostrar, tampoco se pueden tildar sin más de delirio sin probar que lo es. En este caso sería posible indagarlas y confirmarlas en su mayor parte (por las cámaras existentes, mediante los aparatos que se pudieran instalar al efecto, por medio de las indagaciones oportunas, tomando declaraciones, etc).

Si se tratara de los mismos sucesos aunque habiendo sucedido en otro caso distinto (por ejemplo en un secuestro, desaparición, asesinato, extorsión, etc), o incluso de la misma situación pero con otros objetivos (jueces o fiscales, autoridades, mandos policiales o militares, etc) es seguro que los buenos y verdaderos profesionales lo tendrían debidamente en cuenta y lo podrían confirmar y confirmarían mediante las indagaciones y comprobaciones necesarias (analizando minuciosamente cada detalle, tomando declaraciones, examinando cámaras, utilizando los medios necesarios, etc). ¿Por qué en este caso se inventan un delirio?.

En este caso los hechos son sucesos reales, comprobables en gran parte; las hipótesis que se plantean son posibilidades que pueden ser certeras; el delirio es lo que idean o se inventan esos supuestos profesionales sin analizar, indagar ni comprobar nada. Por otra parte, es obvio que no se puede tildar nada de delirio sin probar que lo es: en este caso si analizaran, indagaran y comprobaran las circunstancias como es debido confirmarían la situación.

Todos los ciudadanos tienen derecho legal y psiquiátrico a denunciar situaciones irregulares, máxime si son delictivas, presuntamente delictivas o indicios delictivos, siendo el deber de los profesionales habilitados al efecto atender como es debido las denuncias intentando aclararlas y analizarlas con la profesionalidad necesaria. ¿Qué es lo que ocurre en este caso?. ¿Quizás pretenden que parezca legal y normal que puedan inventarse delirios a su antojo y que haya de ser el ciudadano el que tenga que demostrar que no es tal, lo cual podrían hacer con quien quisieran cuando quisieran respecto a lo que les diera la gana?.

Lo mismo que en este caso esos individuos han sido captados para realizar esas acciones (alusiones, gesticulaciones, etc), ¿lo han sido también los que se han inventado el delirio?. A todas luces lo parece puesto que en ningún momento se han interesado en conocer, aclarar y estudiar más detalladamente la situación: puede ser evidente también que o son irracionales o son malintencionados. Cabe plantear: ¿qué opinarían esos supuestos profesionales de ser ellos mismos los objetivos de circunstancias como las que concurren o similares?; obviamente las opiniones que plantearían en ese caso también serían aplicables en éste, no el delirio que se sacan de la manga.

La situación es relativamente simple: algunas de las circunstancias podrían ser casuales, o erróneas las hipótesis al respecto, pero el resto son evidentes. Si quisieran podrían indagarlas y comprobarlas (como hacen en otros casos) tomando declaraciones, interrogando a involucrados y testigos, revisando cámaras o instalando los captadores necesarios, etc. Así, ¿por qué se inventan sin más un delirio en vez de hacer lo que deben como deben: para que lo parezca y se tenga como tal?, ¿pondrían sobre la mesa un delirio de ser ellos mismos los objetivos de las mismas o similares circunstancias ... o solicitarían su estudio e investigación como corresponde?. ¿Por qué desean que parezca un delirio?, ¿qué interés tienen en ello en vez de interesarse en analizar y comprobar las circunstancias con la profesionalidad y minuciosidad necesarias, lo cual además de ser su deber y cometido laboral con nómina funcionarial es el derecho de los ciudadanos?. Aparentemente pueden desear falsear la situación y amparar a quienes están detrás de la misma, de otra forma no se explica tal prepotente y animosa actitud. Símplemente, ¿por qué no hacen lo que deben como deben, como los buenos y verdaderos profesionales en el estudio e investigación de otros delitos, indicios delictivos o situaciones anormales de todo tipo?. El tema es suficientemente evidente y especialmente grave.

¿No saben analizar como es debido una situación anormal, presuntamente delictiva, analizable, indagable y comprobable como esta?. Sería relativamente sencillo hacerlo y seguro que lo harían perfectamente en caso de que el objetivo de las mismas fuera una autoridad, un adinerado influyente, etc. ¿Qué hacen ante otras situaciones delictivas o presuntamente delictivas más inverosímiles, enrevesadas y maquiavélicas?, ¿cómo analizan y solucionan otros casos?. ¿La primera opción o respuesta de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado ante cualquier denuncia es mostrarse malintencionadamente incrédulos y petulantemente sarcásticos?: todos los buenos y verdaderos profesionales aseguran que no, que su deber y cometido laboral por el cual tienen nómina funcionarial es interesarse en lo que presuntamente ocurre e intentar analizarlo y aclararlo detalladamente con la profesionalidad necesaria; así, ¿qué son éstos?.

En este caso a ciencia cierta es imposible que la situación se pueda tildar sin más de delirio, ni psiquiátrica ni legalmente: los sucesos son reales (comprobables en gran parte) y las hipótesis al respecto son posibles y probablemente certeras (cuando menos han de ser tenidas debidamente en cuenta). También a ciencia cierta (y así lo pueden corroborar todos los buenos y verdaderos profesionales en la materia) se pueden investigar o comprobar en su mayor parte las circunstancias que concurren y se denuncian. El tema es suficientemente grave: ¿están falseando acontecimientos y conteniendo denuncias malintencionadamente a su antojo?; ¿a quién amparan y encubren?. ¿Qué hacen en esos cargos representando esas funciones en las que se requiere especial responsabilidad, ecuanimidad u objetividad y capacidad de raciocionio?.

Una cuestión que no viene a cuento. Una película basada en hechos reales ocurridos en EEUU en 1928, trata de una madre soltera cuyo hijo desaparece. Tiempo después la policía encuentra a un niño que dice ser él. Aunque la mujer inicialmente se lo lleva a casa, cree que no lo es e insiste nuevamente en la situación ante la policía. Aparentemente había ciertos indicios: era mas bajo que cuando desapareció, el dentista señalaba que había diferencias en la dentadura, la maestra indicaba por ciertas circunstancias que no le parecía el mismo, etc. Ante la insistencia de la madre y a instancias del mando policial que llevaba el caso, es tildada de delirante-paranoica y encerrada en un psiquiátrico, donde los médicos se muestran malintencionadamente incrédulos ante lo que señala la madre, pretendiendo en todo momento que firme la historia que ellos desean y que asuma el delirio-paranoia que quieren imponerle, a lo cual la madre se niega manteniendo su sospecha y declaraciones. Finalmente, gracias a la labor de investigación de buenos y verdaderos profesionales que pusieron el oportuno interés en realizar como es debido su cometido laboral y aunque presionados por quienes deseaban que pareciera un delirio para encubrir el error policial y al mando que estaba detrás de ello, se puso de manifiesto que realmente el niño no era el hijo de esa mujer. Obviamente lo que ocurrió en ese caso nada tiene que ver con éste, pero sí la actitud y respuestas de esos supuestos profesionales, que son similares.

Cualquier persona mínimamente cabal y racional es capaz de entender, razonar y saber cómo se pueden analizar y comprobar las circunstancias. ¿Cómo no así estos que se dicen profesionales con nómina funcionarial como tales?.

Los sucesos uno a uno, o la situación en su conjunto, ¿se pueden tildar sin más de delirio-paranoia?: evidentemente no; además es la punta del iceberg de la verdadera magnitud de la situación. ¿Es normal que un profesional lo tilde de delirio sin analizar, indagar ni comprobar nada?: en modo alguno, con lo que lo normal es sospechar de su posible captación (como la aparente captación del resto de involucrados) y animosidad.

De vez en cuando en los medios de comunicación salen personas relatando o describiendo cómo han sido objeto de acoso o puteo (más o menos velado y de mayor o menor nivel) tras haber denunciado una corruptela, amaño, mamoneo, tráfico de influencias, etc. ¿Sería un delirio-paranoia para estos supuestos profesionales?.

Toda persona mínimamente racional, especialmente si es un profesional en la materia, es capaz de entender y entiende que los hechos o circunstancias que concurren y se denuncian se pueden indagar o comprobar en gran medida. ¿No lo entienden así esos supuestos profesionales de la ideación de delirios?.

Un ejemplo que no viene a cuento pero puede ser ilustrativo: se podría suponer un matrimonio con un hijo pequeño viviendo en una casa y que en la casa de al lado hubiera un psicópata o malintencionado que queriendo putearles un poco utilizara, por ejemplo, un aparato antibotellón de los que emiten un zumbido sólo audible para personas jóvenes. Si los padres acudieran a algún profesional describiéndole que su hijo oye sonidos inexistentes que ellos no oyen y cayeran en manos de uno de éstos, es seguro que lo tildarían sin más de delirio, esquizofrenia o cualquier tipo de enfermedad mental sin preocuparse lo más mínimo por lo que pudiera estar pasando, arruinándole un poco más la vida al jóven. Se podrían poner muchos más ejemplos de situaciones "inverosímiles", o enrevesadas y maquiavélicas posibles.

Para analizar una situación como esta ni siquiera hace falta tener conocimientos especiales: sólo hace falta razonar, tener capacidad y voluntad de raciocionio (algo que parecen no tener esos que se dicen profesionales profesionales). Es evidente que los hechos son indagables o comprobables en su mayor parte: seguro que todos los buenos y verdaderos profesionales saben hacerlo, como se hace en otras investigaciones (incluso de las más inverosímiles, enrevesadas y maquiavélicas) que se resuelven satisfactoriamente gracias a su interés y profesionalidad. Por ejemplo: es obvio que ante un grupo de individuos que realizan determinadas alusiones y gesticulaciones se puede plantear que pueden haber sido captados mediante una instigación al efecto para que hagan lo que hacen, siendo una situación que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado podrían investigar sin gran dificultad; es obvio que un reiterado golpeo diario en horas tempranas en paramentos de una vivienda que curiosa y sospechosamente cesa al primer movimiento, es una situación que se puede comprobar y ante la cual cabe considerar e investigar qué medios pueden usarse; es obvio que unos seguimientos se pueden comprobar mediante las cámaras que pueda haber en el recorrido; etc. Ni cada suceso uno a uno ni todos en conjunto se pueden tildar sin más de delirio. Lo que sí pueden y deben hacer es interesarse en aclararlos, analizarlos, indagarlos o comprobarlos con la profesionalidad necesaria, lo cual no hacen. Es especialmente obvio que detrás de las actitudes y respuestas de esos supuestos profesionales puede existir una grave corruptela para encubrir a quienes están detrás de todo ello.

¿Saben esos que se dicen profesionales lo que está pasando en este caso?: si no analizan, indagan ni comprueban nada obviamente es imposible que puedan saberlo, con lo cual tampoco pueden tildarlo sin más de delirio a no ser que la situación fuera irreal o imposible a ciencia cierta lo cual no es el caso. Y si se interesaran (como es su deber y cometido laboral) en analizarlo, indagarlo y comprobarlo como es debido, confirmarían la situación que se denuncia; y, obviamente, si hay cuestiones que no se pueden comprobar cuando menos han de tenerlas debidamente en cuenta. Así, ¿por qué se inventan el delirio: son irracionales o son malintencionados quizás captados?. ¿Son incapaces de razonar y entender que eso es así o no quieren entender la lógica y racionalidad que entiende el resto de las personas mínimamente cabales sean o no profesionales en la materia?.

Como legal y psiquiátricamente es imposible que se tilde sin más de delirio una situación como esta (o cualquier otra tanto o más "inverosímil"), es obvio que cabe plantear: ¿por qué se inventan el delirio que se sacan de la manga, máxime sin intentar aclarar, analizar, indagar ni comprobar nada?. Una respuesta o hipótesis válida que puede ser certera es que lo han hecho maliciosa o malintencionadamente para falsearla y encubrirla. Esos supuestos profesionales están para analizar la realidad, que en este caso son las circunstancias que concurren y se denuncian. Aunque alguno de los sucesos pueda ser casual, o errónea la hipótesis al respecto (como puede ocurrir en cualquier investigación), la irregularidad del resto es evidente. ¿Qué son?, ¿por qué no hacen lo que deben como deben?, ¿quién mueve sus hilos?.

Antes (quizás no tanto ahora aunque siguen existiendo casos) cuando en entornos militares alguien se convertía en objetivo de puteo por parte de un mando fascistoide, era vilipendiado, hostigado, saboteado, desacreditado, podía ser degradado, etc, siendo además desatendido y coaccionado ante la denuncia de la situación. Incluso se tildaba de delirio, se allanaba el domicilio de la víctima quizás buscando eliminar posibles pruebas, etc. Este caso no difiere mucho de ese tipo de situaciones o de cualquier otra del mismo estilo.

En este caso, lo mismo que esos individuos realizan esas acciones, esos supuestos profesionales falsean y encubren la situación (incluso se ordena una privación de libertad sin asistencia legal para realizar una falsa valoración consistente en mostrarse malintencionadamente incrédulos en vez de racionalmente analíticos ante las circunstancias, etc). ¿Por qué unos supuestos profesionales pueden tener tal actitud en vez de hacer lo que deben como deben con la profesionalidad debida?; al menos caben dos posibilidades: que sean irracionales o que sean malintencionados.

Cabría plantearles: si un grupo de individuos quisieran vilipendiar, desprestigiar, hostigar mas o menos veladamente, o incluso usar ilícitamente determinada tecnología contra un objetivo, ¿cómo serían los indicios, pistas, señales, rastros o incluso evidencias que podrían denotar la situación?. Por otra parte, ¿tiene un ciudadano que contratar un abogado para que se llegue a analizar la situación detalladamente como es debido cuando es algo que han de hacer de oficio esos profesionales con nómina funcionarial al efecto?.

Es obvio que en un Estado de Derecho ni lógica, ni racional, ni legalmente puede pasar lo que está pasando en este caso en relación a la actitud y respuestas de esos que se dicen profesionales que ocupan esos cargos representando esas funciones. Los hechos son como se describen y lo que deben hacer con la profesionalidad necesaria es consultarlos, aclararlos, analizarlos y en su caso indagarlos y comprobarlos como es debido, no inventarse delirios sin más a su antojo. Así, es evidente que cabe considerar asimismo la irracionalidad o algún tipo de animosidad de esos supuestos profesionales. Etc. Cualquier ciudadano mínimamente cabal y racional sabe sobradamente como se pueden analizar, indagar y comprobar esta u otras situaciones similares. Evidentemente las cuestiones fundamentales que se pueden plantear en este caso son del tipo: ¿por qué esos individuos hacen lo que hacen?, ¿qué les puede pasar o qué pueden pretender?, ¿qué medios pueden utilizarse en algunos de los sucesos?, ¿por qué alguien que se dice profesional puede tildarlo sin más de delirio sin intentar aclarar, analizar, indagar ni comprobar nada?, ... Etc.

El tema es sobradamente evidente. Las circunstancias que concurren son reales, anormales y comprobables en gran parte. Aunque alguna fuera casual (o errónea la hipótesis al respecto), el resto son evidentes e indicios de determinadas actitudes y propósitos. En modo alguno un profesional puede tildarlo sin más de delirio: en todo caso, lo que han de hacer es interesarse en aclarar y analizar como es debido las circunstancias, así como intentar indagarlas y comprobarlas, lo cual éstos no hacen. Evidentemente un profesional no puede tildar nada de delirio "hasta que se demuestre lo contrario", sino que para poder tildar algo de delirio debe demostrar que es tal. En este caso si analizaran, indagaran y comprobaran las circunstancias como hacen para resolver otros casos delictivos, confirmarían la situación que se denuncia. Obviamente las actitudes y respuestas de esos supuestos profesionales son tanto o más anormales que los hechos que concurren y se denuncian: ninguno de los supuestos profesionales por cuyas manos ha pasado esta situación ha intentado analizarla con el detalle necesario lo más mínimo.

Esas acciones similares ocurridas además de hechos son indicios de una probable instigación, lo que implica o supone la existencia de instigadores expandiendo determinados rumores para que los captados hagan lo que hacen: es una situación real, indagable o comprobable, no un delirio-paranoia. Cabe plantear: ante la denuncia de una situación de este tipo y en cuanto a las respuestas de esos supuestos profesionales, ¿lo que está ocurriendo es lo que tiene que ocurrir?; obviamente en ningún caso: lo que debe ocurrir y ocurre cuando son verdaderos profesionales los que intervienen, es que se interesen en consultar, aclarar y analizar detalladamente y como es debido las circunstancias teniendo en cuenta cualquier hipótesis mínimamente racional y coherente que se pueda plantear al respecto.

¿Cómo es que quienes están habilitados y tienen nómina funcionarial para defender la Ley, la Justicia, realizar investigaciones y valoraciones con la necesaria profesionalidad y equidad, etc, en vez de hacer eso que deben como deben (que sería y ha de ser realizar las consultas, aclaraciones, análisis, indagaciones y comprobaciones necesarias) se inventan delirios sin más maliciosamente?. ¿Podrían hacer lo mismo contra cualquiera ante cualquier situación comprometedora en la que estuvieran involucrados?.

Esos que se dicen profesionales, ¿son conscientes de la realidad, de los cargos que ocupan y de las funciones que representan?. Si lo son, es obvio que esta realidad podrían analizarla, indagarla y comprobarla como es debido; ¿se consideran caudillos en su parcela de poder?: actúan como tales.

Todos los casos de hostigamiento o acoso más o menos velados, todos los casos de uso ilícito de determinadas tecnologías, ¿se tildan sin más de delirio-paranoia de los objetivos-víctimas que denuncian la situación?. Si una persona pone en conocimiento de un verdadero profesional una situación de este tipo o cualquier otra más o menos maquiavélica, enrevesada o inverosímil, se interesa en analizar como es debido las circunstancias y situación con el detalle necesario teniendo en cuenta cualquier posibilidad mínimamente racional y coherente que se pueda plantear. ¿Por qué éstos supuestos profesionales cuyo cometido laboral con nómina funcionarial es analizar como es debido la situación, en vez de hacer lo que deben como deben se inventan sin más un delirio?. ¿Son irracionales o son malintencionados captados (como la mayor parte de los involucrados en esas acciones)?.

Todos los días se producen en el mundo innumerables sucesos reales malintencionados de esos que estos que se dicen profesionales tildan sin más de delirio-paranoia. En este caso también es evidente que no asumir el delirio que se inventan o se sacan de la manga no es "falta de conciencia de enfermedad mental": evidentemente tampoco nadie ha de asumir un delito no cometido si un irracional o malintencionado con determinado cargo pretende imponérselo deseando que lo asuma.

En este caso se ven en esos supuestos profesionales muchas ganas de imponer sin más un delirio (sin intentar ni desear aclarar, analizar, indagar ni comprobar nada) y ninguna de hacer lo que deben como deben: ¿por qué?. ¿Son personas racionales, con capacidad de raciocinio?, ¿comprenden el razonamiento?, ¿saben qué es razonar y cómo se razona?. Si son irracionales es evidente que no pueden ocupar esos cargos representando esas funciones. Si saben razonar, es obvio que son malintencionados puesto que en este caso el razonamiento es sencillo, como sencillo es el análisis, indagación y comprobación de las circunstancias. ¿Están usurpando esos cargos para contener o anular a su antojo el derecho básico establecido, lo cual sería especialmente grave?.

¿Tildan sistemáticamente sin más de delirio todas las situaciones que pasan por sus manos de presunto mobbing u hostigamiento mas o menos velado, toda trama maquiavélica "inverosímil" con propósito de causa de perjuicio, todo posible uso ilícito de determinadas tecnologías o sustancias, etc?. Si no es así, como sería lógico pensar, ¿qué ocurre en este caso?, ¿por qué se inventan un delirio (máxime sin intentar analizar nada) ante esta situación real que se puede indagar y comprobar en buena medida?.

Los verdaderos profesionales y cualquier persona mínimamente racional, no dicen de las circunstancias y situación en cuestión que es un delirio-paranoia, sino que son compatibles con un posible hostigamiento orquestado (además de los propósitos que pueda perseguir el mismo) con la habitual captación mediante instigación; y algunos de los sucesos con el aparente uso ilícito de determinada tecnología. Todo lo cual, evidentemente, se podría analizar, indagar y comprobar como es debido de la misma forma que se analizan, indagan y comprueban otros delitos incluso más enrevesados, maquiavélicos o inverosímiles. A todas luces el delirio que se sacan de la manga estos que se dicen profesionales tiene toda la pinta de ser malintencionado con el propósito de falsear y encubrir la situación, con la especial gravedad que supone la aparente corruptela.

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